El verdadero desafío del PERTE Chip no es "traer fábricas de última generación", es "impulsar un ecosistema", advierte el secretario de Estado de Telecomunicaciones

Roberto Sánchez, secretario de Estado de Telecomunicaciones.
Roberto Sánchez, secretario de Estado de Telecomunicaciones.

Pablo Moreno

Tras el estallido de la pandemia, la palabra digitalización cobró un nuevo sentido. La adopción de muchas tecnologías acabaron acelerándose varios años, y el mundo no tuvo otra que normalizar conceptos como teletrabajo o videollamada. 2 años y medio después de que comenzara la crisis, la dinámica es la misma, pero ahora bajo nuevas y desafiantes amenazas.

La guerra, la inflación, los problemas en la cadena de suministros son algunos de esos obstáculos, pero quizá uno de los más severos sea el que ha propiciado la escasez de semiconductores en todo el globo. Intel y Nvidia advirtieron hace unas semanas que se avecinan meses difíciles, y la consultora IDC ha avanzado que precisamente el conflicto en Ucrania ha agravado el problema.

A nivel comunitario, Bruselas adoptó el año pasado una Brújula Digital, una suerte de agenda u horizonte de objetivos para 2030 entre los que incluyó el impulso de la soberanía tecnológica. Esa soberanía tecnológica pasaba porque el Viejo Continente acabe fabricando el 20% de la producción mundial de chips. Ese es el anhelo de la Comisión.

Precisamente los problemas por la escasez de semiconductores han puesto de relieve la necesidad de impulsar esa soberanía industrial, como desde hace años ha reivindicado el director de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). En esta entrevista, el secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, comparte su opinión.

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Roberto Sánchez, que ya esbozó el futuro de las conexiones 5G y 6G en esta entrevista, cree que los efectos del PERTE Chip que el Gobierno anunció a finales de mayo se verán "casi con efecto inmediato", aunque reconoce ser siempre "prudente". A finales de mayo el Consejo de Ministros aprobó el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) para este sector.

Pero el secretario de Estado introduce matices. "El valor de este PERTE no es su capacidad para atraer una fábrica de ultimísima generación, sino por su capacidad para impulsar todo un ecosistema", lanza. "Hablamos de algo muy ambicioso, grande y complicado, con algunas incertidumbres. Si no, no sería un reto. Como reto, tiene sus dificultades".

Algunos de los efectos de sus medidas más concretas se verán ya en 2023. "Ahora entendemos que el proceso debe ser primero de escucha, de aproximación a los distintos proyectos. Seguro que este otoño también veremos algunas actuaciones inmediatas o con cierto grado de inmediatez".

Sánchez entiende que lo más mediático son algunas cifras, como los 12.000 millones de euros que presupuesta este PERTE para semiconductores. "Pero creo que el PERTE tiene valor no solo por traer una fábrica de ultimísima generación, sino por su capacidad de impulsar un ecosistema que trabaje en el ámbito de los semiconductores en sus distintas etapas", enfatiza.

Esas etapas son cuatro, y Roberto Sánchez entiende necesario reforzar cada una de ellas. Desde la fase de innovación y desarrollo (I+D) al despliegue de nuevas tecnologías asociadas a estos semiconductores, como sus arquitecturas. "Hay que tener en cuenta que en la cadena de producción de semiconductores hay que completar un conjunto de pasos para ser globalmente competitivos".

"Esto va de tener capacidades en el ámbito de la I+D, pero también en el ámbito del desarrollo de pilotos y del diseño, o en el de la fabricación y en el de los clientes". Roberto Sánchez ejemplifica lo que quiere decir con una analogía: una fábrica de zapatos.

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"Yo puedo levantar una fábrica de zapatos. Pero si nadie me da el diseño del zapato que quiere.... Puedo tener la fábrica, pero necesito la industria al lado. La fábrica corta y pone las suelas, pero necesito la industria que diseñe esos zapatos. Y que esa industria diseñe cada mes o cada semana un nuevo tipo de zapato. Con los semiconductores ocurre similar".

Esa es la cadena y el ecosistema que quiere cimentar este pERTE. "Pero además, necesitaremos de una industria que diga: quiero 10.000 zapatos de ese modelo. Si diseño un microprocesador y tengo la fábrica que lo puede hacer, necesitaré también los clientes. Puedo fabricar un millón de componentes diarios, pero, ¿tengo los clientes?", plantea.

El PERTE "hablará de todo esto". "En el origen de esa cadena hay mucha actividad de innovación y desarrollo sobre arquitecturas y componentes, pero también necesitaremos esa innovación y desarrollo para ver cómo se van a cerrar los zapatos, porque a lo mejor los cordones ya no valen, y el velcro tampoco".

Este PERTE se presentó en mayo con cuatro líneas estratégicas —refuerzo de la capacidad científica, estrategia de diseño, construcción de plantas de fabricación y dinamización de la industria de fabricación TIC— y un presupuesto multimillonario hasta 2027.

Pero si Europa quiere contar con un ecosistema propio y autónomo, como el que esboza el propio secretario de Estado, no podrá confiar solo en la creación de empresas fabless (aquellas cuyos diseños pueden fabricar otros, como Qualcomm o Nvidia): será necesaria la aparición de pure fabs como TSMC (se limitan a fabricar para terceros) o incluso empresas de ciclo completo.

Para que esto suceda será necesario un gigantesco esfuerzo —estas plantas no se abren en meses— y solo España y Europa saben si pueden esperar hasta 2027, como contempla el PERTE. La crisis de los chips todavía irá para largo. Para Sánchez, "es un reto posible", ya que "partimos de varias fortalezas: universidades, industria y centros tecnológicos que ya llevan tiempo en esto".

"Esas fortalezas no tienen escala global, pero a partir de ellas queremos ir creciendo".

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