He sido uno de los pasajeros del vuelo comercial más largo de la historia, un viaje de 20 horas sin escalas entre Nueva York y Sídney: esta ha sido mi experiencia

I flew on Qantas' 'Project Sunrise,' a nonstop flight from New York to Sydney, Australia, which took almost 20 hours and covered nearly 10,000 miles — here's what it was like
David Slotnick/Business Insider

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  • La aerolínea australiana Qantas acaba de completar el primer vuelo sin escalas entre Nueva York y Sídney, un ensayo denominado "Project Sunrise", y Business Insider ha estado a bordo.
  • El viaje, que ha durado 19 horas y 16 minutos y ha recorrido alrededor de 16.000 kilómetros, ha sido un vuelo de prueba en el que el personal y los científicos de la aerolínea han estudiado cómo ayudar a los pasajeros y la tripulación a mantenerse cómodos en un recorrido tan largo.
  • Los investigadores siguieron de cerca a los pilotos y las azafatas e implementaron un nuevo servicio de cabina para tratar de paliar el desfase horario.
  • Ha sido una experiencia fascinante y evocadora que me ha hecho experimentar grandes emociones. Sigue leyendo para conocer cómo ha sido el viaje.
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Acabo de pasar un día entero de viaje.

No, no estoy sumando las horas en el aeropuerto, en las estaciones de autobús y el tiempo invertido en hacer escalas. Ha sido un día al completo dentro de un avión a 34.000 pies de altura, la mayor parte del recorrido sobre el Oceano Pacífico.

La aerolínea australiana Qantas puso en marcha un vuelo de prueba entre Nueva York y Sídney para su iniciativa "Project Sunrise", un programa en el que pretende lanzar una ruta comercial que cubra este recorrido, y también otro entre Londres y Sídney.

Se trata del vuelo sin escalas más lejano, una distancia de aproximadamente 16.000 kilómetros, y también el más largo en cuanto a tiempo. Hace 30 años se realizó un viaje sin escalas entre Londres y Sídney, pero con un boeing 747 vacío y sin asientos. La ruta Nueva York-Sídney nunca se ha hecho sin escala en Los Ángeles.

Una vez ha aterrizado, el vuelo (denominado como QF7879), se ha convertido en el más largo de la historia, superando el servicio regular de la aerolínea Singapur Airlines que cubre la ruta Singapur-Nueva York. Sin embargo el próximo viaje de prueba, que será entre Londres y Sídney, superará este.

Los aviones están tecnológicamente más avanzados que nunca, las distancias son más largas pero el combustible funciona de modo más eficiente. La única duda es si, al alargar las rutas, los pasajeros y la tripulación pueden aguantar tantas horas seguidas en el aire.

Qantas ha usado este vuelo para investigar y tratar de buscar soluciones a dicho problema. Los datos recopilados se utilizarán para ayudar a la aerolínea a decidir si es seguro que la tripulación trabaje en turnos de más de 20 horas.

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La compañía también ha probado un nuevo y moderno diseño de cabina, pensado para que los pasajeros no sufran un gran desfase horario y paliar los síntomas del jetlag.

La iluminación de la cabina y el servicio de comida se ha preparado de tal modo que los pasajeros se sienten más despiertos durante el día y más adormecidos en la noche.

Sólo hemos participado 40 pasajeros y 10 tripulantes, incluido 4 pilotos. Entre los pasajeros se han encontrado viajeros habituales de Qantas que han querido participar en la investigación, empleados de la aerolínea, científicos y medios de comunicación; entre ellos Business Insider.

El vuelo no se puede realizar con una carga completa de pasajeros y de equipaje, si se llegase al límite el combustible se agotaría antes de aterrizar.

Sin embargo dos aviones de airbus y boeing que se encuentran actualmente en desarrollo sí que podrán completar esta ruta. Qantas ha afirmado que a finales de 2019 decidirá qué modelo va a usar y que espera comenzar el servicio comercial en 2023. Son palabras de Alan Joyce, CEO de la aerolínea.

Debido a la reducida carga del avión, a cada pasajero se le asignó un asiento en primera clase que podía convertirse en cama. También se alentó a los viajeros a situarse en diferentes partes de la nave para repartir el peso.

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Aunque el viaje hubiera sido distinto con un avión repleto de personas, el CEO de Qantas, Alan Joyce, ha pensado varias opciones para hacer que esta posibilidad sea mucho más cómoda.

De todos modos, disfrutar el recorrido en clase business con el nuevo diseño de cabina ha supuesto una experiencia completamente distinta en comparación con otros vuelos de larga distancia.

Además, no en todos los vuelos puedes ver cómo el CEO de la aerolínea hace calistenia en pijama.

Business Insider mantiene la política de no aceptar viajes gratis, pero debido a la normativa del departamento de transporte de Estados Unidos no fue posible pagar billete para este recorrido, al considerarse de prueba. Sin embargo, este medio pagó el billete de vuelta con la misma aerolínea.

Continúa leyendo para descubrir cómo fue este vuelo de 19 horas y 16 minutos.

El vuelo más largo de la historia empezó en un lugar como otro cualquiera: un autobús que llevó a los pasajeros y a la tripulación desde un hotel de Times Square hasta el aeropuerto JFK.

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Los vuelos de Qantas salen de la terminal 8 del aeropuerto JFK, que normalmente acoge los aviones de American Airlines. Para este viaje había un mostrador de facturación en exclusiva para los pasajeros.

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La tarjeta de embarque también era ligeramente distinta.

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Después del control de seguridad nos dirigimos a un área acordonada en el salón de American Airlines, haciendo tiempo para embarcar.

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Bajamos a la puerta 12 y por primera vez nos cruzamos con la que iba a ser nuestra casa durante un día entero: un Boeing 787-9 entregado a la aerolínea sólo unos días antes.

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¡Allá vamos!

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La primera clase se dividía en dos secciones: una cabina más grande a la izquierda y una más pequeña, con sólo 3 filas, a la derecha. Yo estaba en la más pequeña.

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Este fue mi asiento, el 11-E.

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Cada uno de los asientos de primera clase tenía una mesa auxiliar y estaban escalonados, lo que significa que algunas butacas tenían la mesa en pleno pasillo, y otras, como la mía, se situaban frente del mismo y con la mesa en el interior. Aunque pueda parecer un problema, no lo fue.

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Cada asiento venía equipado con unos cascos...

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... que se conectaba a un enchufe de 3 clavijas y que funcionaba con el propio sistema de entretenimiento en vuelo de la aerolínea. Cada asiento tenía también un puerto USB y una toma de corriente...

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... y por último un pequeño espacio de aclimatamiento cerca del suelo.

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También había un cubículo debajo del asiento. Cuando este se convierte en cama, el cubículo es el extremo del colchón. Hay mucho espacio para los pies.

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Las azafatas nos entregaron un pijama corporativo de Qantas...

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... la ropa tenía el diseño corporativo de los vuelos de Project Sunrise.

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También repartieron kits de entretenimiento...

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... en el que regalaron objetos de gran importancia en un vuelo.

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Una vez acomodados, el responsable de cabina hizo un solo anuncio de comprobación.

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No ha sido un vuelo normal, pero se han aplicado muchas de las mismas reglas, incluidas las explicaciones de seguridad a bordo.

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Además de estas formalidades, y como te comentaba, no fue un trayecto corriente. Por ejemplo, fuimos testigos de algunos aspectos que muchos viajeros desconocen, como el descanso de la tripulación.

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El objetivo de este vuelo era conocer cómo la tripulación y los pasajeros podían permanecer descansados y cómodos en un viaje tan largo. Los 4 pilotos elaboraron un horario de trabajo personalizado.

Los pilotos trabajaron en 2 turnos, según explicó Sean Golding, capitán del vuelo:

"Todo el equipo estará preparado durante la primera hora y media. Después descansaré durante dos horas y media. Trabajaré las siguientes cinco horas y media, descansaré, trabajaré las siguientes dos y media y todos estaremos preparados para el aterrizaje"

"A veces duermo mejor en los vuelos de larga distancia que en casa", añadió.

Para medir el estado de los pilotos, cada uno de ellos estaba equipado con unos auriculares especiales que servían para calcular la actividad cerebral...

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... un monitor de pulsera...

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... y otro lumínico.

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Los pilotos también hacían exámenes de orina cada 4 horas, también antes y después del vuelo, para así calcular sus niveles de melatonina.

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Los pasajeros que participaron en el estudio utilizaron monitores diferentes, y mantuvieron un registro diario de su actividad, horas de sueño y comida en las horas previas al vuelo; estos exámenes continuarán en los días posteriores

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Los pasajeros y la tripulación completaron una serie de pruebas para medir el tiempo de reacción a ciertos estímulos.

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También pude visitar el área de descanso de la tripulación. Las azafatas tenían 6 literas, una para cada miembro de cabina.

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Después de un recorrido sorprendentemente corto en pista, despegamos a las 21:27

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Otra de las particularidades de este vuelo fue que tras el despegue adoptamos el huso horario del lugar de destino, en vez de utilizar el de la ciudad de origen.

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Esta decisión formó parte del estudio anti jetlag que se realizó a varios pasajeros. Eran las 12:30 del mediodía en Sidney, así que tuvimos que permanecer despiertos algunas horas más. Se encendieron las luces y aproveché para explorar el resto del avión.

Justo detrás de la primera clase se encontraban algunos asientos de la clase premium. Quedé muy impresionado por la comodidad de los mismos.

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Los productos premium de algunas aerolíneas son básicamente iguales que los de clase turista, sólo que con asientos un poco más grandes y comida algo mejor. Pero estos eran muy diferentes. Un empleado de Qantas los describió como "un nivel por debajo de la clase business en lugar de uno por encima de la clase turista". Después de probar su comodidad, la descripción parece justa.

Una diferencia crucial es el reposapiés, ofrecido en pocos servicios premium.

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El asiento es muy cómodo cuando se reclina. Tras el reposapiés hay una red que resulta también muy agradable.

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Hay espacio más que suficiente para las piernas. Incluso cuando el asiento que tienes delante se reclina, pues lo hace en un ángulo que sigue siendo cómodo para tus rodillas.

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La clase turista es muy parecida a lo que todos conocemos. Aunque tiene algunas mejoras que hacen del vuelo más cómodo, quizás no durante 20 horas...

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El CEO de Qantas, Alan Joyce, que estaba a bordo, explicó que la aerolínea está buscando cómo hacer más cómoda la clase turista para este tipo de vuelos.

Algunas de las opciones son las de hacer más espaciosos los asientos o quitar algunos para crear un área común de descanso en la que los pasajeros puedan estar de pie, conversando y charlando mientras el vuelo sigue su curso.

Carl Petch, uno de los pasajeros que pariciparon en el estudio, señaló que esta última idea es esencial para hacer el vuelo más cómodo.

"Necesitas una zona común para caminar, trabajar o cualquier otra cosa", explicó. "No puedes estar 20 horas sentado."

Tener menos asientos podría suponer un coste elevado, pero no deja de ser una prioridad. También es posible que se tenga que aumentar el rango de combustible para poder llegar a destino sin parar a repostar.

Joyce también comentó las valoraciones positivas de los pasajeros que subieron al vuelo entre Perth (Australia) y Londres de la misma aerolínea, que con 17 horas de viaje es sólo un poco más corto que los recorridos de Project Sunrise.

Los asientos de clase turista tienen 32 pulgadas de inclinación, es un rango muy alto comparado con los aviones normales de larga distancia

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También tienen una versión adaptada del reposapiés de clase premium

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La guía de vuelo ofrece una descripción completa de los servicios a bordo

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El plan completo.

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Y aquí la comida...

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... junto con una descripción detallada de cada plato.

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Para el primer plato (un almuerzo, según la hora de Sídney), comencé con la sopa picante de tomate y azafrán. No fue demasiado picante pero sí lo suficientemente sabrosa como para ayudarme a despertar.

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De segundo escogí la pechuga de pollo con arroz español, col rizada y salsa de tomate y pepita. Me sorprendió lo buena que estaba.

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Es impresionante que el chef pueda preparar una comida tan elaborada en una cocina tan pequeña y estrecha. Aunque gran parte del menú estaba preparado antes del vuelo.

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Estos son los hornos individuales con los que se preparó cada plato.

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Y la hoja de pedidos que utilizó la tripulación para registrar cada plato.

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Es una cocina completamente funcional, a pesar de encontrarse a gran altura.

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Poco después de la comida, la Doctora Marie Carroll, una de las investigadoras a bordo, llevó a todos los pasajeros a la parte trasera del avión para un ejercicio grupal de estiramientos y sentadillas.

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La doctora Carroll explicó que hacer ejercicio durante el vuelo es esencial para mitigar los efectos del desfase horario. La tripulación también decidió participar.

Alan Joyce, CEO de Qantas, se unió a las actividades, que acabaron convertidas en una especie de fiesta. La doctora Carroll cantó "la Macarena" y dirigió un baile. Fue una experiencia única.

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Es imposible vivir algo así en un vuelo normal, aunque Joyce explicó que en los futuros vuelos de larga distancia se podrán hacer ejercicios de estiramientos.

Después de los ejercicios eran las 2 de la mañana en Nueva York. Estaba cansado, pero siguiendo los consejos de la doctora Carroll decidí continuar despierto y pasé las fotos que había hecho durante el vuelo a mi portátil.

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A las 3:30 hora de Nueva York, las 18:30 en Sídney, las azafatas repartieron la cena y acomodaron los colchones de nuestros asientos. "Así podrás irte a dormir en cuanto acabes de cenar", explicaron.

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Empecé con un cuenco de sopa de patata con crema de nuez moscada. Fue fantástico y sabroso, como el almuerzo, aunque en esta ocasión la comida me produjo sueño.

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El sándwich de pollo, queso suizo, lechuga, tomate y mayonesa de hierbas también fue digno de elogio.

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Pero lo mejor fue el postre: pannacotta con frambuesas y alemandras tostadas. Lo devoré.

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Y después, por fin, el momento de irse a dormir. Pulsando un botón en el panel del asiento, la butaca se convierte en una cama en menos de 30 segundos.

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Había mucho espacio para girar los pies cómodamente, la almohada del colchón hizo que el descanso fuese aún mejor.

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Dormí ocho horas y media, el mejor descanso que he tenido jamás en un avión, incluso en primera clase. Sólo me desperté un par de veces por culpa de las turbulencias o del uso del cuarto de baño, pero todavía me sorprende lo reparador que fue el descanso.

Para los que tienen la suerte de estar en clase business, este me parece el aspecto más importante para un vuelo de larga distancia sin escalas. Hay más tiempo para acomodarse y dormir mejor.

Nick Mole, uno de los pasajeros que participó en el estudio, expresó las mismas opiniones al terminar el vuelo.

Mole suele viajar en primera clase, pero afirma que se nota más descansado después de un vuelo de larga distancia sin escalas que tras uno con conexión.

"Me siento más descansado de lo normal", contó a Business Insider. "La calidad del servicio fue también de gran ayuda, conseguí descansar ininterrumpidamente".

Daniel Brescia, otro de los pasajeros, se mostró de acuerdo:

"Aunque tengo curiosidad por comprobar cómo se siente el desfase horario después de uno o dos días", añadió.

Pocos minutos antes de despertar, una luz cálida invadió la cabina. Era casi la hora del amanecer.

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Poco a poco los pasajeros nos fuimos desperezando y la tripulación comenzó a servir el desayuno. Nos tomaron nota antes de irnos a dormir para que al despertar tuviésemos la comida preparada.

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Empecé con la granola de bayas silvestres, un zumo verde servido en frío; y lo más importante: bebí un café.

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Después comí tarta de huevo con tocino y hierbas, servida con salsa de cebolla caramelizada. Como el resto de aperitivos, estaba delicioso.

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Cuando terminamos el desayuno, el sol había salido por completo. Era momento de prepararnos para el final de nuestro viaje.

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Entramos en el espacio áreo de Australia a las 5 de la madrugada hora local.

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La capitana Lisa Norman nos contó que los controladores aéreos australianos mandaron un mensaje al avión: "Buenos días. Deseamos que todos los pasajeros se sientan cómodos y descansados."

Los pilotos respondieron: "Acaba de amanecer en el avión. Nos sentimos cómodos y descansados. Gracias".

Fue increíble comprobar que un viaje tan largo llegaba a su fin.

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Cuando nos aproximamos a la costa australiana, Golding, el piloto que se encontraba en cabina, señaló un pequeño punto a nuestra derecha. Se trataba del vuelo QF12 de Qantas, que viajaba también de Nueva York a Sídney.

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QF12 aterrizó en Sídney 3 minutos después de nuestro vuelo, y despegó de Nueva York 3 horas antes.

El Capitán Golding también advirtió de las excelentes vistas que teníamos del puerto de Sídney durante el aterrizaje. Gracias a que el vuelo estaba casi vacío todos los pasajeros nos pudimos agolpar en el lado derecho del avión para observar las vistas.

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¡Estaba en lo cierto! Durante la aproximación tuvimos unas vistas inmejorables de la ópera de Sídney y del puerto.

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... y más vistas mientras nos alineamos con el aeropuerto para aterrizar.

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Aterrizamos a las 7:43 de la mañana hora local, es decir, 19 horas y 16 minutos después de haber despegado en Nueva York.

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Fue el aterrizaje más feliz que he vivido. En la imagen se puede ver a toda la tripulación junto a los pasajeros.

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Después de más de 19 horas volando, llegué a las siguientes conclusiones:

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Ha sido mi mejor vuelo de larga distancia, incluyendo aquellos en los que he viajado en primera clase. En vuelos de 15 horas a Seúl o Tokio he terminado sintiéndome muy cansado y desorientado. Y en vuelos de 7 u 8 horas con destino a Europa no tenía tiempo para relajarme y dormir plácidamente.

Por razones obvias no voy a comparar este viaje con los recorridos de larga distancia que he hecho en carretera. Mi viaje más largo en coche ha sido de 18 horas, parando para repostar y estirar las piernas. Además, en aquel entonces era un niño.

Creo que Qantas acierta con la decisión de cambiar el huso horario nada más empezar el vuelo, adaptar la iluminación y la comida y promover actividades saludables como estiramientos o permanecer despierto hasta la noche, además de la sugerencia de limitar el consumo de alcohol antes de tomar la segunda comida.

También es mucho más cómodo no tener que hacer la escala, sobre todo si terminas ahorrando 3 horas de viaje.

Sin embargo, no puedo imaginar un vuelo tan largo en clase turista y con la cabina llena de pasajeros. La idea de Joyce de eliminar asientos y habilitar una zona común me hace ser optimista. Qantas tendrá que tenerlo en cuenta si de verdad piensa hacer una ruta comercial sin escalas entre Nueva York y Sídney.

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