Vivir como un náufrago en una isla desierta desde 80 euros al día: el negocio que este emprendedor español descubrió con una cámara y un portátil

Álvaro Cerezo, fundador de Docastaway, en una de las islas desiertas que gestiona.
Álvaro Cerezo, fundador de Docastaway, en una de las islas desiertas que gestiona.
Reuters
  • Desde pequeño, siempre quiso vivir como un náufrago y, tras pasar 6 años viajando por las islas más recónditas del planeta, decidió montar Docastaway en 2008.
  • Es la única empresa en el mundo que ofrece la posibilidad de aislarse de la sociedad moderna y disfrutar de una aventura en una isla desierta.
  • Actualmente, no genera ingresos por el impacto de la pandemia, pero se muestra positivo ante el futuro y tiene claro que su proyecto es su pasión: "Moriré con esta empresa aunque gane tres duros".
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Álvaro Cerezo (Málaga, 1980) es náufrago, aventurero y emprendedor a partes iguales. Desde joven le fascinó la idea de vivir en una isla desierta apartado de la población. Mientras se licenciaba en Economía, aprovechaba todos los veranos para viajar a lugares recónditos del planeta donde poder vivir como un verdadero náufrago. Una vez que terminó la carrera y llegaba la hora de buscar un empleo tradicional, decidió que él no quería acabar en un banco y apostó por convertir su pasión en su trabajo fundando Docastaway.

Desde entonces han pasado 10 años y Cerezo sigue igual de ilusionado que el primer día: "Yo me moriré con esta empresa, aunque gane tres duros. Lo hago por pasión, no por hacerme multimillonario. Es una forma de vida", afirma en una entrevista con Business Insider España.

Hasta el momento no le ha ido nada mal, más de 800 clientes se han puesto en manos de Docastaway, con una media de gasto por persona de 2.000 euros por 15 días de estancia. Actualmente, tiene un porfolio de alrededor de 10 islas (principalmente en Indonesia y Filipinas) y da trabajo a cerca de 20 personas —todos son personal local—.

isla
Docastaway

Antes del coronavirus, gestionaba unos 5 viajes al mes, pero ahora el negocio se ha parado en seco y está a la espera de que reabran las fronteras. "No creo que nos afecte mucho porque la gente querrá aislarse", anticipa. Aunque no es el primer obstáculo que atraviesa: en los primeros tres años del proyecto no obtuvo beneficios. "Empecé a desanimarme un poco porque veía que no funcionaba", declara.

Gastó todo su dinero para comenzar el proyecto

Álvaro Cerezo durante una de sus primeras estancias en una isla desierta
Álvaro Cerezo durante una de sus primeras estancias en una isla desierta
Álvaro Cerezo

Cerezo decidió lanzarse a emprender tras regresar a España al acabar unas prácticas remuneradas de un año en la sede de Catai Tours en Nueva Delhi. Todo el dinero que había generado lo invirtió en comprar "una cámara buena" y un portátil con el objetivo de recorrer las islas que podrían encajar en el proyecto y fotografiarlas para su posterior página web.

El riesgo que asumió era elevado, pero estaba seguro de que acabaría triunfando: "Cuando me fui por primera vez a una isla con 18 años buscaba por internet y no encontraba nada. No había ninguna empresa que lo ofreciera […].Después de 7 años viajando, la gente me preguntaba cómo lo hacía y yo les explicaba que me pegaba unas vacaciones de un mes sin apenas gastar dinero. Entonces, vi que a todo el mundo le entusiasmaba la idea y pensé que había interés. Al terminar la carrera, me volví a meter en la red: ya era 2008, y seguía sin aparecer ninguna compañía. Por un momento pensé, ¿será una utopía? Si no lo ha hecho nadie será porque no es viable. Pero soy muy cabezón, me dije: '¡Lo voy a intentar! Yo no quiero acabar en un banco'".

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Álvaro estaba concienciado de que solo tenía un intento y debía aportar todos sus recursos y tiempo en arrancar la empresa. Entonces, se lanzó a fotografiar los destinos y establecer la red de guías que trabajaría para su compañía. Una vez rematado el trabajo, registró la marca, creó la web y Docastaway empezó a funcionar.

La soledad debía ser absoluta

El primer cliente que pagó por sus servicios fue un canadiense que estuvo 30 días en una isla desierta
El primer cliente que pagó por sus servicios fue un canadiense que estuvo 30 días en una isla desierta
Álvaro Cerezo

En ese momento comenzó un nuevo desafío: conseguir los primeros clientes. "Era muy difícil. Tenía que encontrar gente dispuesta a ser mis conejillos de indias", recuerda. Por suerte, en esa época sus amigos empezaron a casarse y convenció a unos cuantos para que se fueran de luna de miel a sus destinos.

Las primeras experiencias fueron clave para detectar los fallos, perfeccionar el sistema y potenciar las virtudes. Tras sus amigos, llegaron los primeros clientes gracias al posicionamiento en Google a través de palabras clave.Tampoco les cobró nada. "Quería que probaran la experiencia que había diseñado", comenta.

"Al principio me equivoqué, algunos clientes me decían que querían estar solos, pero recibían visitas de muchos pescadores. Hasta que decidí buscar islas que solo tuvieran una entrada para cubrirla con un guarda. Fue una de las claves, a partir de ahí ya funcionó y fue un éxito", asegura. Otras de las técnicas que utiliza es intentar que declaren el lugar como un bien natural protegido debido a su biodiversidad: "Así los pescadores no se acercan, pero requiere mucho tiempo y esfuerzo".

Competición entre islas y trabajadores locales

cliente playa docastaway
Docastaway

Actualmente, este nómada digital puede llevar la vida de aventurero que anhelaba de joven al mismo tiempo que gestiona su empresa. Su método de trabajo consiste en fomentar la competición entre destinos y delegar las tareas a la gente local. "¡Soy como un bróker de islas!", exclama con alegría. Cerezo tiene en cuenta dos variables para clasificar las ofertas: las propiedades naturales que ofrecen los lugares y la calidad del servicio.

Cuanto mejor sea la experiencia del cliente, más posibilidades tienen los trabajadores de que Cerezo promocione ese destino y lleguen más turistas. Por el contrario, cuanto peor sea el trato al cliente menor será la promoción y el número de visitas al año. "A las islas que peor lo hacen les mandamos uno o dos clientes al año por el mero hecho de mantenerlas", comenta.

Todos los trabajadores de Docastaway son freelance y trabajan de forma fija y continuada con un gestor local que es el que recibe el dinero para contratar los servicios y gestionar los sueldos."La gente local es la que tiene que regatear para conseguir bajar el precio de la isla y hacerla más competitiva", explica. En cuanto a la retribución que perciben, el emprendedor no ha querido revelar la cantidad a Business Insider España, pero asegura que "les paga muy bien".

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Los destinos más accesibles son los más demandados

Imagen tomada durante el trayecto hacia una de las isla de Docastaway
Imagen tomada durante el trayecto hacia una de las isla de Docastaway
Docastaway

En los inicios, Cerezo buscaba lugares muy recónditos, sin embargo, los largos recorridos para llegar provocaban que la cantidad de clientes potenciales fuera menor. "Como mucho conseguía un cliente o dos al año para esas islas. Ahora me he vuelto mucho más práctico y me he centrado en las islas de Indonesia, que son las que la gente de verdad quiere". El tiempo medio para llegar a estos destinos es de dos días. Por el contrario, para las zonas más lejanas hacen falta de media cinco días de viaje. "Al final es mucho tiempo y, ¿quién tiene un mes de vacaciones?".

Otra de las características singulares de Docastaway es que el cliente no conoce la localización exacta hasta que realiza el depósito. En la web solo informa de que deben viajar a la capital del país y allí le recogerán los guías. "Esto no lo ofrece nadie, es un concepto raro. Al principio tuve miedo de que a la gente no le gustase pero al final vi que al cliente lo prefiere porque ve que realmente va a ir a una isla sin gente", apunta.

Aventura o comodidad

casa docastaway
Docastaway

La oferta de Docastaway se divide en dos formatosconfort y aventura. La primera está destinada a los que amen las islas desiertas pero quieran mantener un cierto nivel de comodidad y lujo, con una villa privada. La segunda es para los clientes que quieran vivir como un auténtico náufrago en una playa virgen.

En el modo aventura el destino más barato son 80 euros al día y el más caro 380 euros. Mientras que en el modo confort, la horquilla va desde los 85 a los 188 euros. En estas tarifas se incluyen los vuelos locales, los traslados por tierra y mar, la comida, el alojamiento, y en algunas islas también lleva aparejado la disponibilidad de un barco las 24 horas y la presencia de un guarda y/o guía. Otra opción más barata aún es ofrecerse como conejillo de indias para ser el primero en probar una nueva ubicación.

El cliente quiere vivir como un náufrago

El empresario francés Gauthier Toulemonde estuvo 40 días gestionando sus empresas desde una isla de Docastaway usando energía solar
El empresario francés Gauthier Toulemonde estuvo 40 días gestionando sus empresas desde una isla de Docastaway usando energía solar
Docastaway

"Los primeros cinco años la gente buscaba el confort, en parte porque casi nadie había probado el modo aventura y no querían ser el conejillo de indias", afirma. Al ver las publicaciones en redes sociales de los que se habían atrevido, los clientes de Docastaway empezaron a decantarse por esa opción: "Hemos pasado de un 70% confort y un 30% aventura a un 30% confort y un 70% aventura. Al final, esto es una empresa de supervivencia, que te ayuda a escapar de la civilización y estar en una isla desierta como un auténtico náufrago".

Los clientes de Docastaway son de diversas nacionalidades, aunque la mayoría proviene de CanadáHolanda y Reino Unido. "Los que tienen un clima frío", resume Cerezo. En los últimos años, también se han animado los españoles, que ya representan el 30% del total.

Además de gestionar su empresa, Cerezo aprovecha que casi todo el tiempo está viajando por islas desérticas para vender a los medios una vez al año una historia de un náufrago con el objetivo de lograr presencia en los medios de comunicación. Su estrategia no le ha funcionado nada mal, incluso el The New York Times llegó a acompañarle a una isla para conocer cómo funciona el negocio.

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