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Warhol, el arte mecánico en los tiempos de la sociedad de consumo

Este autorretrato de Andy Warhol en 1986 muestra una imagen igual de icónica que su arte.
Este autorretrato de Andy Warhol en 1986 muestra una imagen igual de icónica que su arte. CaixaForum
  • Andy Warhol reivindicó el arte mecánico en los tiempos de la sociedad de consumo y creó un lenguaje propio a través de su estilo pop.
  • CaixaForum Madrid pone a disposición de sus visitantes una retrospectiva del artista titulada Warhol. El arte mecánico, que finalizará el próximo 3 de mayo.
  • La muestra pone el foco en el carácter mecánico, repetitivo, serializado pero también original de una obra que hace eco de la sociedad de consumo en la que se gestó.

El arte sigue percibiéndose como algo sublime, elevado, divino. Y lo es, del mismo modo en que tiene la posibilidad de ser abyecto, estúpido, terrenal.

Andy Warhol (1928-1987) tuvo la genialidad de combinar ambos polos y conquistar con ello a todo tipo de paladares, tanto a la masa como a los críticos de arte más refinados. El artista estadounidense puso el foco en el universo consumista de los años 60 y lo puso en un altar por medio del arte.

La obra de Warhol está de visita en Madrid hasta el próximo 3 de mayo, ya que más adelante hará otra parada en el Museo Picasso de Málaga. La sede de CaixaForum en la capital ofrece a sus visitantes Warhol. El arte mecánico, un recorrido a través de 350 piezas de todo tipo –entre pinturas, esculturas, dibujos, serigrafías, instalaciones, libros de artista, películas, portadas de discos, pósteres, revistas, objetos y material fotográfico– que inmortalizan el legado del padre del arte pop.

Tras estudiar arte comercial en su ciudad natal de Pittsburg, se trasladó a Nueva York en los años 50. En la capital inició su carrera en el mundo del diseño gráfico comercial ilustrando las páginas de Glamour, Vogue y Harper's Bazaar. En sus primera etapa, Warhol realizó una serie de obras en las que se basó de imágenes impresas de las secciones de anuncios de periódicos. En ellas pintó imágenes de aspiradoras, de calentadores, televisores, neveras y otros electrodomésticos, objetos cuya posesión formaban parte del sueño americano. 

De la Capilla Sixtina a la Silver Factory

Aquellos inicios configuraron un aspecto clave para entender el arte pop de Warhol que definió durante la década de los 60: su carácter nihilista frente a una tradición que defiende el sentido espiritual del arte. La manera de entender el arte como algo sagrado de artistas como Miguel Ángel Buonarotti, quien aseguró que "vi al ángel en el mármol y tallé hasta que lo dejé en libertad", era cosa del pasado. Con lo que ambos artistas podían coincidir, aunque con matices distintos, es con aquello que afirmó el escultor renacentista: "se pinta con el cerebro, no con las manos".

Ilustración de Warhol para la portada del disco conjunto de The Velvet Underground & Nico, 1967.
Ilustración de Warhol para la portada del disco conjunto de The Velvet Underground & Nico, 1967. Flickr/Daniel Hartwig

La Silver Factory se erigió como el nuevo templo del arte contemporáneo, un laboratorio cultural experimental que era, a la vez, sede de un nuevo tipo de empresa cultural. En ella, desarrolló todo tipo de proyectos –tanto plásticos como cinematográficos y multimedia– que otros ejecutaban por él.

La fábrica del arte estaba situada en Manhattan y estuvo en funcionamiento entre 1963 y 1968. En ella no había límites, todo tipo de actividad era susceptible de acabar formando parte de una nueva obra. En muchas ocasiones se dedicaban únicamente a vivir una vida bohemia rodeados de fama, drogas, sexo y el rock and roll de músicos como Dylan, The Velvet Underground o Mick Jagger. Este fue el escenario en el que Warhol desarrolló sus proyectos cinematográficos más radicales y sus trabajos multimedia como productor musical.

Culto a la mercancía

El culto a la mercancía surgido de las invenciones industriales del siglo XIX se hizo patente con sus ready mades, un tipo de arte realizado mediante el uso de objetos que normalmente no se consideran artísticos, cuyo valor estético reside en el concepto. Este formato artístico, que fue establecido por el dadaísta de Marcel Duchamp, también fue desarrollado por Andy Warhol en su famosa serie de sopas Campbell's y en su Brillo Soap Pads Box (Caja de estropajos de la marca Brillo).

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Desprovista de verdaderos estropajos Brillo y convertida en arte, esta obra de Warhol evoca conceptos relacionados con el carácter omnipresente del cartón, en sus palabras, "desechable y parte del modo de vida itinerante de los estadounidenses." Era el envase preferido para almacenar y enviar todo tipo de objetos. Al igual que su precursor, buscó cuestionar el significado de "arte", pero en su caso la obra no fue realizada por él, dejó que se encargasen los asistentes de The Factory, con patrones productivos similares a los de una cadena de montaje. 

Veneró la "reproductibilidad técnica" 

Brillo Soap Pads Box, 1964-1968.
Brillo Soap Pads Box, 1964-1968. CaixaForum

En la obra de Warhol destacan las cualidades de la reproducción mecánica, la repetición y la serialización, y se plantean interrogantes sobre la autoría, la originalidad artística y el concepto de "reproducibilidad" infinita. Dicha "reproductibilidad técnica de la obra de arte la viene a emancipar por vez primera en el curso de la historia universal de su existir parasitario en el seno de lo ritual", según escribió el teórico y filósofo Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, en 1936.

Su arte mecánico, serializado, reproducido hasta la saciedad e impersonal configuró, sin embargo, un lenguaje único. Del mismo modo en que transformó objetos de consumo en arte a través de sus ready mades y serigrafías, hizo lo propio con los grandes iconos de su tiempo. Realizó numerosos retratos coloridos de actores, políticos y cantantes que encarnaban sus temas favoritos: la fama, el dinero, la muerte y la belleza. 

Andy Warhol es su última obra

Warhol seleccionó una única imagen del líder comunista chino Mao Zedong, aprovechando la polémica mediática que rodeó la visita a China del presidente Richard Nixon en febrero de 1972.
Warhol seleccionó una única imagen del líder comunista chino Mao Zedong, aprovechando la polémica mediática que rodeó la visita a China del presidente Richard Nixon en febrero de 1972. CaixaForum

Marilyn Monroe, Jackie Kennedy y Liz Taylor fueron algunas de las celebridades fetiche de un arte pop con el poder de transformar todo lo que pasa por su filtro en un objeto de consumo. Su pincel alcanzó también las altas esferas de la política internacional. Warhol pintó a Mao en numerosas ocasiones, desafiando por medio de la libertad de expresión la censura de su régimen comunista. A través de la pintura rindió homenaje a la libertad artística, el capitalismo, la autonomía política y el espíritu de los valores estadounidenses.

El arte tiene el poder de transformar la historia reescribiendo el pasado. Al final de la película no importa quiénes fueran Marilyn Monroe, Jackie Kennedy, Liz Taylor y Mao sino el modo en que los recordamos. Lo mismo ocurre con Andy Warhol, ya que una exposición es, ante todo un relato. En esta muestra que se exhibe 30 años después de su muerte se cuenta un relato redondo en el que el artista pop que huyó del arte áureo y elevó los elementos clave de la sociedad de consumo a la categoría de arte, ha acabado haciendo realidad su última voluntad: “en mi lápida no me gustaría que hubiera nada puesto. Ni nombre ni epitafio. Bueno, sí, una cosa: la palabra 'producto'.” Warhol se ha consagrado a sí mismo erigiéndose como una obra de arte: cubierta de fama, envuelta de muerte.

 

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