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No toda España come uvas en Nochevieja: el origen de la tradición

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¿Por qué tomamos uvas en Nochevieja? ¿Quién se las salta? PIXABAY

Dicen los cuñaos las malas lenguas que el motivo de tomar las doce uvas clásicas de cada Nochevieja viene de un excedente de fruta de principios del siglo XX. Los más listillos dirán que sí, que todo se debe a una cosecha extraordinaria del Levante español en el invierno 1909, en el que las huertas de Alicante y Murcia dieron mucho de sí y los agricultores vieron en establecer esta tradición una pícara salida a sus frutos. 

Pero no. Para desmentir a esos repelentes, apréndanse esta historia: la tradición había comenzado casi 20 años antes y en Madrid. Tradicionalmente, en la capital el día de juerga era el 5 de enero, pero en 1882 el Ayuntamiento decidió cobrar nada menos que cinco pesetas (una barbaridad para la época) a todo aquel que quisiera festejar la noche de Reyes.

Por tanto, los más avispados decidieron mover la fiesta a la última noche del año, y se plantaron en la Gobernación, en plena Puerta del Sol y debajo del reloj, allí instalado en 1866, para comerse 12 uvas al ritmo del gong. La fiesta (como todo lo bueno) se extendió rápidamente por toda España y cada vez más gente se animó a tomar las uvas campanada a campanada. ¿Y el excedente de 1909? Una perfecta estrategia de marketing para ponerle la guinda al pastel y cimentar la tradición.

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El reloj de la Puerta del Sol el 25 de diciembre de 2017. Mariscal/EFE

Desde entonces, y más de 130 años después, las uvas son ya parte de la idiosincrasia española… aunque no para todos. Cada comunidad autónoma tiene sus propias tradiciones, siendo sin lugar a dudas la más específica Canarias, que entra en el nuevo año una hora después que el resto del país, a causa de su huso horario.

Sin embargo, no todos los españoles comen uvas, por extraño que parezca. La superstición, la edad, los gustos y hasta las alergias condicionan lo que cada cual utiliza para dar cada campanada. Pasas, aceitunas (deshuesadas, por favor), cacahuetes y kikos, lacasitos, conguitos, uvas de gominola y chucherías cualesquiera… son algunas de las opciones de los españoles que no toman las clásicas uvas.

Lo curioso es que cada vez son más: aunque de media el 86,9% de los españoles toma las uvas, cada vez más se desprenden de esta tradición, como demuestra un estudio realizado por la web Groupon a más de 5.000 personas. La comunidad autónoma que más se salta la norma de las uvas es Cantabria, donde sólo las toman el 57% de sus habitantes. Los más tradicionales son los extremeños y los murcianos: cumplen con las uvas el 98% y el 96% de ellos, respectivamente.

Y si no hay uvas, ¿qué toman? El 35% de los cántabros las cambian por gominolas, aceitunas…, siendo los más independientes en este aspecto, seguidos de vascos (32%) y navarros (27%).

Puedes ver todos los datos comunidad a comunidad pasando sobre estos dos mapas.

 

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