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Los valores que impulsaron la publicación de denuncias por acoso sexual en EE.UU.

Jodi Kantor, Kim Masters, Irin Carmon y Alyson Shontell en IGNITION
Jodi Kantor, Kim Masters, Irin Carmon y Alyson Shontell en IGNITION Roy Rochin / Getty Images

Kim Masters (The Hollywood Reporter), Irin Carmon (The Washington Post) y Jodi Kantor (The New York Times), entrevistadas por Alison Shontell, protagonizaron una de las mesas redondas más memorables de IGNITION, el evento anual organizado por Business Insider sobre el futuro de los medios. Las tres periodistas son figuras clave de la publicación, en los últimos meses, de varios de los casos más importantes de denuncias por acoso sexual en la industria del entretenimiento: los de Harvey Weinstein, Charlie Rose, John Lasseter o Roy Price.

"Necesitamos reiniciar y aprender la verdad sobre lo que realmente está pasando. Después, podremos seguir adelante". Jodi Kantor cerraba la conferencia ampliando el foco sobre una lista que, lejos de limitarse a cuatro nombres, parece susceptible de aumentar. La valentía de los denunciantes y el trabajo de los investigadores se unen en una relación que, como explicaron Masters, Kantor y Carmon, no sería posible sin compartir ciertos valores.

Transparencia: de la confianza al 'on the record'

Irin Carmon explicó cómo los consejos de los periodistas que investigaron y publicaron las denuncias por acoso sobre Roy Moore le sirvieron para asegurarse de que su relación con las denunciantes debía ser lo más transparente posible desde el principio. Una historia que, según Carmon, gana fuerza con nombres y apellidos, por lo que el periodista debe dejar claro al denunciante que su objetivo es publicarlos. Masters, en cambio, no ve clara la necesidad de publicar nombres de víctimas: "Creo que deberíamos encontrar otra forma. No creo que debamos pedirles a las personas que se suiciden profesionalmente".

En lo que sí parece haber consenso es que en este tipo de investigaciones deben desarrollarse en un clima de confianza y calma en los tiempos de publicación. "No habrá sorpresas, no abrirás mañana mi medio y verás tu historia publicada. Esto es algo a largo plazo": así describe Carmon sus conversaciones con las denunciantes.

La empatía

"Sois jóvenes y queremos apoyaros". Esa frase recoge el espíritu que fluía entre entrevistadoras y entrevistadas en tan delicada situación. Entre los motivos para denunciar, algunas de las víctimas se valieron, incluso, de la empatía con Irin Carmon y su compañera de investigación en The Washington Post para armarse de valor. La empatía también está detrás del permiso que dieron varias de las denunciantes para que las dos periodistas compartieran sus historias con otras fuentes.

Además, hubo víctimas que dieron permiso para publicar sus nombres y apellidos aunque considerasen que sus casos no fueran especialmente graves. "Si publicar mi nombre ayuda a otras mujeres a sentirse menos solas, publicadlo", explica Carmon que le confiaban las víctimas.

El atrevimiento para tirar del hilo

- ¿Por qué has escrito eso? ¿Qué has oído sobre mí?

- Que has violado a mujeres

Kim Masters (The Hollywood Reporter) recuerda esta anécdota en una comida en la que coincidió con Harvey Weinstein a finales de los ochenta en la que el productor, gritando, le pidió explicaciones sobre un artículo y ella le espetó los rumores sobre acoso. La reacción de Weinstein fue extraña: "Supe que periódicamente volveríamos a intentarlo".

Oportunidades que no se le presentan a mucha gente. "Como periodista, tienes una especie de superpoder por el cual puedes plantarte ante alguien en una fiesta y preguntarle por algo. Nosotros nos dijimos: 'Tratemos de armar las piezas del rompecabezas. Probemos a ver si hay un patrón aquí'. Así comenzamos a investigar la historia de Weinstein", explica Kantor (The New York Times).

La responsabilidad y el compromiso con la ley

Uno de los principales reparos de Isa Hackett, —productora de The Man in the High Castle, una serie de televisión de Amazon y víctima de Roy Price, ya expresidente de Amazon Studios— por compartir su caso, según explicó Kim Masters, era el sentido de la responsabilidad hacia su equipo: "No quiero que el show, el equipo y el reparto tengan ese mal sentimiento trabajando en Amazon", le decía Hackett a la periodista. "Creo que la clave fue que Isa sintió que él iba a seguir haciéndole daño a la gente y no podía soportarlo".

Carmon apunta a una responsabilidad mayor: la del respeto a la ley y el error de considerar el acoso sexual sólo un problema de comportamiento en el entorno laboral: "El acoso sexual no es un problema laboral. Es una violación de los derechos civiles".

La espiral del silencio y los secretos a voces: ¿quién da el primer paso?

¿Por qué han tardado tanto en publicarse estos casos? Ese era el título de la mesa redonda de IGNITION, y es que uno de los aspectos más tristes de estos casos es cuánto se alargaron en el tiempo: décadas.

"La primera vez que supe de esta historia [el caso de Charlie Rose] fue en 2010. En ese momento fueron dos mujeres, una candidata a un puesto de trabajo y una asistente, quienes habían sido acosadas, supuestamente, por Rose. Había un secreto a voces sobre Charlie Rose: le gustaba coquetear, pero no se decía que fuese un depredador, del mismo modo que Harvey Weinstein", explica la periodista de The Washington Post.

Otro asunto que está sobre la mesa es en qué momento exacto un tema es considerado suficientemente importante. "Creo que tuvo que haber un punto de inflexión para que dedicásemos suficientes recursos a investigarlo. Tras las publicaciones de The New York Times y The New Yorker, tras y el caso Roy Price, pensé: 'Tengo que volver a esto", rememora Carmon.

El miedo como combustible

Las presiones para no publicar una investigación no parecieron ser los temores más grandes de Jodi Kantor para publicar el caso Weinstein en The New York Times. Para ella y para Megan Twohey, su compañera de investigación, la presión era autoimpuesta. Por un lado, por no dejar escapar esa historia. Por otro, por "el sentido de la obligación que sentimos, como periodistas y como personas". "Han pasado muchas cosas desde entonces, pero cuando estábamos elaborando esta historia durante el verano, muy pocas personas lo sabían y me aterrorizaba la idea de fracasar", confiesa Kantor.

Cuenta Irin Carmon que una de las denunciantes del caso Charlie Rose con la que habló le aseguró: "Quiero apoyarte porque en tu medio investigáis cosas que me importan". Hacer lo correcto no solo provoca un efecto contagio: consigue que hallemos las soluciones. Y esas soluciones suponen un revolucionario giro de los acontecimientos. Un cambio social que ha hecho que muchas víctimas de acoso sean capaces de levantar la voz con más firmeza y menos miedo.

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