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El desconocido negocio millonario de las habitaciones secretas en los hoteles más lujosos del mundo

Habitación de lujo en Blue Lagoon
Blue Lagoon Hotel

Hay habitaciones de hotel que no figuran en ningún portal de reservas ni en la misma web del establecimiento. Algunas tienen incluso un acceso oculto a la vista, una garantía de privacidad que es ideal para famosos que quieren disfrutar, aunque sea de unos días, de un total anonimato.

Un ejemplo es el exclusivo The Retreat at the Blue Lagoon, un elegante hotel en Rejkiavik de 62 habitaciones que aprovecha la cercanía con las aguas termales para ofrecer una combinación de lujo y relax en la naturaleza de Islandia.

Pero oculto a la vista cuentan con una habitación de 200 metros cuadrados, el triple que las demás suites, con salón y cocina, y con un balcón que contempla las formaciones de lava de los alrededores.

A diferencia de las otras estancias, cuenta con un pequeño spa con sauna, y hasta una zona de baño privada en una laguna azul (la que bautiza al lugar). Si se quiere más privacidad, hay un acceso oculto desde la pista del helipuerto hasta la habitación.

Su coste es de 9.000 euros por noche, casi diez veces más que sus habitaciones más básicas. Y no hay ni una fotografía, ni reseña ni pistas en su web que informe de su existencia. La única forma de reservarla es haber recibido una invitación previa, informa Bloomberg.

La habitación del gerente que es una tapadera (y un negocio)

Hay hoteles que informan de sus habitaciones más exclusivas de forma sumamente discreta. Se refieren a ellas como “la suite del gerente”, simulando que se reserva para un uso privado. Es una tapadera, como la que usa el hotel Bennett en Charleston (Carolina del Sur), para ocultar al público en general su estancia de 185 metros cuadrados, que se ofrece a huéspedes que la solicitan especialmente, y tras un breve proceso de selección.

Otras habitaciones sólo son accesibles como parte de programas de fidelidad, o de clubes de vacaciones sumamente elitistas. Este es el caso del Paradise Beach, en la isla caribeña de Nevis, donde dos de sus resorts en primera línea de la playa sólo pueden reservarse si se pertenece al Exclusive Resorts LLC, cuya membresía cuesta 107.000 euros.

Podría parecer que mantener oculta una habitación tan cara es un contrasentido en el negocio hotelero. Pero no es tan así. “Supongamos que tienes una suite que cuesta 2.000 euros. Ningún gerente quiere que cinco jóvenes ricos paguen 400 euros cada uno para hacer una fiesta”, describe para Bloomberg Stephen Brandman, gerente de Journal Hotels.

Leer más: 12 cosas que los hoteles de lujo no quieren que sepas

Este es un problema que suele suceder a los propietarios de pisos turísticos lujosos: el alto precio no desanima a grupos de amigos que realizan una colecta para pasar un fin de semana en un sitio exclusivo, pero que pone en riesgo el patrimonio de la estancia –y por no hablar de los problemas de convivencia-.

Las habitaciones que pueden presentar obras de arte, o estar decoradas con un piano Steinway, quieren evitar cualquier tipo de riesgo, explica a Bloomberg Bjorn Hanson, profesor de hostelería en la Universidad de Nueva York.

Estas habitaciones tienen precios más elevados que el resto de las estancias. Su rígido anonimato y el lujo que despliegan lo justifican. Pero aunque económicamente no tenga el mismo rendimiento que el resto de las habitaciones, los hoteles gana en la fidelidad que conquistan a los clientes, que aprecian el valor añadido de la privacidad de este tipo de opción.

La lupa puesta sobre el cliente

Para evitar que haya cancelaciones de último momento, que podrían causar perjuicios económicos, hoteles como el JW Marriott Essex House de Nueva York o el St Regis de San Francisco sólo reservan sus penthouses por correo electrónico, lo que les permite a los gerentes analizar si aceptan o no al cliente.

Pero varios hoteles ofrecen esta opción para clientes que privilegian el anonimato por sobre el lujo. Muchos hoteles centenarios cuentan con habitaciones más pequeñas, antiguamente reservadas para el personal de servicio, que tampoco se ofrecen al público.

Es el caso del Moxy Hotel de Nueva York, que tiene habitaciones de 12 metros cuadrados y que cuestan menos de cien euros por noche. Y no es para cualquiera: se deja reservada para las personas que acuden a su terraza, y que creen que han bebido demasiado en el bar como para regresar a su hogar.

 

 Artículo original de Cerodosbé.

 

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