Los 8 pueblos más bonitos de Extremadura para ir de escapada rural este verano

Trujillo, Cáceres
Trujillo, Cáceres
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  • Si eres de los que está pensando en viajar este verano por España, recorrer Extremadura puede resultar más interesante de lo que piensas.
  • Entre sus pueblos se esconde un patrimonio arquitectónico remarcable que han dejado a su paso las múltiples culturas que poblaron estas tierras.
  • O conocer sus entornos naturales, de los que destaca el Valle del Jerte, el Parque Nacional de Monfragüe o la sierra de Gata.
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Si estás pensando ya en tu destino para estas vacaciones, Extremadura puede hacerte descubrir algunos rincones únicos de nuestro país.

Como escapada rural no subestimes el poder de recorrer el Parque Nacional de Monfragüe, la región de las Hurdes o la menos conocida Sierra de Gata, donde perderte entre montañas, valles y bosques de un paisaje tan agreste que se mantiene casi virgen.

O pararte a mirar el cielo y las estrellas como nunca antes lo habías visto.Puede que no sepas, pero Extremadura cuenta con varios miradores celestes de reconocimiento internacional, donde poder disfrutar de uno de los cielos más oscuros de Europa.

Esta región atesora además un remarcable legado histórico con asentamientos desde la prehistoria. Por sus ciudades y pueblos han pasado romanos, árabes y judíos y hasta el mismísimo emperador Carlos V. El patrimonio que todo esto ha dejado es sin duda inigualable. Prueba de ello, varias escenas de Juego de Tronos han sido rodadas en enclaves extremeños.

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Para mostrarte con más detalle todo esto, aquí están algunos de los pueblos más bonitos de Extremadura a los que ir de escapada este verano.

Trujillo (Cáceres)

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Esta ciudad monumental guarda parte del patrimonio arquitectónico e histórico más importante de Extremadura, resultado de las múltiples culturas que han vivido en ella.

Desde poblado romano y alcazaba árabe a ciudad medieval amurallada, sin duda el mayor esplendor de Trujillo llega bajo los influjos del renacimiento, cuando en el XVI comenzaron a aflorar en su arquitectura las grandes casonas palaciegas de los españoles que regresaban tras haber hecho fortuna en las Américas.

Y es que la historias de Trujillo está estrechamente ligada a la época de la América colonial. Aquí nacieron Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas, y el propio Francisco Pizarro. Una estatua en su honor se ubica en la plaza mayor, uno de los lugares emblemáticos de la villa. En ella se pueden contemplar hoy el palacio de los Duques de San Carlos, la Casa de las Cadenas, el palacio de los Chaves-Orellana y el de Marqués de la Conquista, promovido por Hernando Pizarro, hermano del conquistador.

Su pasado medieval también queda patente en la ciudad a través de sus callejuelas estrechas y empedradas y en monumentos como la iglesia de Santa María la Mayor  o el castillo de Trujillo, el cual sirvió para rodar el capítulo final de la séptima temporada de Juego de Tronos. Desde sus almenas Jaime Lannister y Bronn del Aguasnegras otean el horizonte viendo cómo el ejército de los Inmaculados y los dothrakis se aproxima a sus tierras.

 

Hervás (Cáceres)

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Flanqueado por el Valle del Jerte, Las Hurdes y la Sierra de Béjar, a orillas del Río Ambroz, se ubica este pequeño pueblo. Un entorno único para conocer algunos de los parajes naturales más impresionantes de Extremadura.

Hervás es además reconocido por la importancia de su judería, fruto de la comunidad judía que habitó esta localidad desde el siglo XIII hasta su expulsión promovida por los Reyes Católicos. Aún se conserva buena parte del entramado urbano original, con casas de adobe y entramado de madera donde sobresalen llamativas balconadas. Todas ellas repartidas por callejuelas angostas, como la Travesía del Moral, de apenas 50 centímetros de ancho.

Otro de los monumentos que pueden contemplarse es la iglesia castillo de Santa María de Aguas Vivas. Construida sobre un antiguo castillo templario, ofrece unas vistas únicas  al Valle del Ambroz.

Plasencia (Cáceres)

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Ubicada a los pies del bello Valle del Jerte, esta localidad está rodeada por la Sierra de Santa Bárbara y los montes Traslasierra, convirtiéndola en un enclave único para los amantes de la naturaleza y el senderismo.

Tampoco quedarán defraudados los que se deleitan con seguir las huellas del pasado a través del legado histórico, pues el patrimonio monumental de esta localidad es envidiable. Abundante sus monumentos religiososo, con hasta 13 iglesias y dos catedrales, la Vieja y la Nueva, ambas de impresionante arquitectura.

Las antiguas murallas, el Palacio del Marqués de Mirabel, la Casa de las Argollas o el acueducto medieval son otros ejemplos de los muchos monumentos destacados que esconde Plasencia.

Cuacos de Yuste (Cáceres)

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Cuacos de Yuste ofrece al visitante un reflejo perfecto de la arquitectura tradicional serrana de la zona y un destacado patrimonio histórico que tiene su máximo exponente en el Monasterio de Yuste. Este fue reconstruido en el siglo XVI sobre los restos de un convento anterior del XV, por el emperador Carlos V, quien se alojó en él tras su abdicación.

La presencia del monarca se deja ver en otros rincones de la localidad como la plaza de Juan de Austria donde se puede contemplar la casa del infante, hijo de Carlos V. En el antiguo barrio judío, a las afueras del pueblo se encuentra  la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en cuyo interior destaca su órgano del siglo XVI, realizado en Ambéres y traído desde el Monasterio de Yuste.  

Dejando a un lado los recorridos culturales, el pueblo se asienta en un entorno privilegiado, al sur de la Sierra de Tormantos, desde donde es posible visitar la garganta de Cuacos, el paraje de las Ollas y el de Valfrío.

Guadalupe (Cáceres)

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Guadalupe es sin duda uno de los lugares más visitados de Extremadura. Parte de esto se debe sin duda a que en este pueblo se ubica el Real Monasterio de Guadalupe. Declarado Patrimonio de la Humanidad, ha sido testigo de momentos únicos de la historia como la audiencia en la que los Reyes Católicos ofrecieron las naves a Cristobal Colón.

La monumental construcción acoge una variedad de estilos que comprenden gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico y es sin duda atractivo claro de la localidad, pero no el único. Relevante también el antiguo Hospital de San Juan Bautista y  el colegio de infantes o de Gramática, convertidos hoy en Parador Nacional de Turismo. Los  edificios de entre el siglo XIV y XV destacan por su blanco inmaculado, sus tejados árabes y sus azulejos y su patio interior poblado de naranjos y limoneros.

El casco histórico del pueblo, generado entre los siglos XIV y XVI, se define por una arquitectura serrana con llamativos balcones y soportales donde descubrir rincones únicos y otros ejemplos del patrimonio de Guadalupe como son la Iglesia barroca de la Santa Trinidad, y los cinco arcos medievales que recorren la antigua muralla.

Zafra (Badajoz)

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Conocida como la pequeña Sevilla o Sevilla la chica, Zafra tiene la mirada puesta al sur, dada su cercanía con Andalucía. Antiguo asentamiento romano, después de dominio árabe  entre los reinos taifas de Sevilla y Badajoz, por ella discurría la antigua ruta de la Plata. Reconquistada en 1241, su rico pasado se refleja en su destacado casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Calles angostas de pasado medieval dibujan su casco antiguo encerrado por la antigua muralla, reconstruida en el siglo XV sobre orígenes árabes. 

La Plaza Grande y la Chica que vienen a sustituir la ausencia de Plaza Mayor en Zafra,  son sin duda dos enclaves esenciales de la localidad. Zafra se define por la importancia de su actividad comercial, impulsada ya desde las comunidades judía y morisca que acudían a este espacio a comercializar sus mercancías. 

Esenciales también Alcázar de los Duques de Feria, del siglo XV y actual Parador de Turismo y la Iglesia de La Candelaria, del siglo XVI que acoge en su interior retablos de Zurbarán y Churriguera.

Robledillo de Gata (Cáceres)

Tomás Guardia Bencomo/ Getty

Escaparse a Robledillo de Gata es llegar a uno de esos pueblos por los que parece que no ha transcurrido el tiempo. Entre bancales y bosques, casi oculto en el Valle del Árrago, este complejo acceso quizá ha contribuido a que este pueblo siga casi intacto, siendo un ejemplo perfecto de arquitectura tradicional extremeña.

Declarado Bien de Interés Cultural, su conjunto histórico se caracteriza por mantener parte del entramado medieval, con casas rurales de adobe y pizarra, dispuestas en diferentes alturas amoldándose con ello al valle. Sus calles, angostas y sinuosas, a veces avanzan bajo pasadizos o casas voladas, dando lugar a pequeños túneles.

Entre sus monumentos, destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción que data del siglo XVI.

Olivenza (Badajoz)

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Olivenza con sus casas blancas rezuma aire portugués. Y es que este pueblo extremeño pasó al Reino de Portugal en 1297 y no volvió a ser español hasta, nada más y nada menos, que 1801, tras el fin de la Guerra de las Naranjas. Esto hace que a día de hoy, recorrer sus calles permita impregnarse del encanto y la saudade que caracterizan al país vecino.

Ciudad amurallada de origen templario, entre sus callejuelas se guardan algunos destacados ejemplos de su pasado medieval. Por su ubicación fronteriza Olivenza llegó a tener hasta 4 murallas. Hoy en día quedan restos principalmente de la última de ellas y de la primera. Conocida como la ciudadela arropa el Alcazar, construido en el XIV.

Dado su pasado lusitano, el pueblo ofrece también relevantes ejemplos de arte manuelino portugués en algunas de sus edificaciones. Su máximo exponente se encuentra en la iglesia de Santa María de la Magdalena, cuyo impresionante interior de este estilo gótico portugués es imposible que te deje indiferente.

No puedes irte tampoco sin degustar en alguna pastelería o café la Técula Mécula, dulce típico y exclusivo del pueblo.

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