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Adicción a la tecnología: confesiones de un adicto al teléfono

Ilustración sobre la adicción a la tecnología.
La tecnología puede llegar a convertirse en una adicción. Shayanne Gal/Business Insider
  • Soy un usuario nocturno de mi smartphone.
  • Sé que no estoy solo. La industria de la tecnología ha sido acusada de "hackear el cerebro" deliberadamente para fomentar la llamada "adicción a las aplicaciones".
  • ¿Son esas acusaciones resultado del miedo y la exageración o existe un verdadero peligro en cómo utilizamos nuestros dispositivos?
  • Business Insider lanza una nueva serie de artículos para investigar el fenómeno.

Durante un tiempo pensé que era una locura mantener el teléfono al lado de la cama.

El cargador de mi teléfono estaba en un estante junto a la puerta principal. Todas las noches, me aseguraba de enchufar el aparato y lo "acostaba" antes de ir a mi habitación.

Recuerdo este detalle porque un día mi esposa comenzó a llevar su teléfono a la cama y me molestó. El dispositivo resplandeciente parecía un intruso innecesario; no era bienvenido en nuestro santuario, donde competía por la atención y alteraba el orden natural de las cosas. ¿Por qué usar el teléfono cuando se puede ver la televisión o leer un libro? ¿Es sano tener un dispositivo inalámbrico tan cerca?

Pero eso ocurrió hará unos tres años. En algún punto abandoné mis objeciones y llevé el cable blanco para cargar mi iPhone a la mesita de noche. Tenía todo el sentido. El teléfono se cargaría durante la noche y podría estar al alcance de la mano en caso de que recibiera algún mensaje en mitad de la noche; por la mañana, podría empezar a revisar el correo electrónico del trabajo. La función despertador del iPhone llegó a sustituir la radio despertador de Sony en nuestra habitación.

"Ya sea en la mesa del comedor o en el asiento del conductor, todos mis conocidos luchan por deshacerse de un dispositivo que ni siquiera existía hace 11 años."

Entonces, una noche me desperté a las tantas de la madrugada y ya no pude volverme a dormir. Sin pensarlo mucho, empecé a utilizar el teléfono, a ojear titulares de noticias y actualizaciones de redes sociales. Esos "picoteos" digitales de medianoche se volvieron cada vez más frecuentes; tanto que incluso empecé a preguntarme si me estaba despertando intencionadamente a la 1 o 2 de la mañana solo para conocer las últimas novedades sobre alguna polémica de Trump, un desastre natural, o simplemente comprobar si un amigo que vive en otra zona horaria había publicado algo nuevo.

¿Esto es algo malo? Si el teléfono no estuviera allí, ¿habría seguido acostado, despierto durante una hora hasta volverme a dormir?  ¿Este nuevo hábito estaba causando algún daño desconocido a mi tiempo de sueño y, tal vez, a mi mente?

No tengo ninguna respuesta. Pero soy consciente de que la atracción que provoca el teléfono en mi vida diaria —y en la vida de los demás— es increíblemente poderosa. Ya sea en la mesa o en el asiento del conductor, todos los que conozco luchan por desprenderse de un dispositivo que ni siquiera existía hace 11 años.

Esto es fascinante. Y un poco aterrador.

Hay que mantener la calma, pero no dejarse llevar

Es fácil asustarse ante una nueva tecnología. La gente preocupada por la pérdida de la capacidad de atención desde el día que se estrenó MTV, puede que desde incluso antes. Cuando la radio se extendió en la década de 1920, muchas personas temieron también que las capacidades cognitivas de los más pequeños mermaran.

Incluso antes de la popularización de la televisión y la radio, la gente ya estaba preocupada por el impacto de las nuevas tecnologías sobre la salud, a menudo vaticinando efectos verdaderamente extraños. En la época en la que se comenzaron a construir las grandes líneas de ferrocarril, algunas personas estaban preocupadas porque las mujeres viajaran en tren, convencidos de que las velocidades de más de 80 kilómetros por hora podían provocar que el útero saliese disparado del cuerpo. 

Ilustración sobre el abuso de las redes sociales.
Udemy

Hace unos años, la profesora del National University College of Engineering and Computer Science de Australia Genevieve Bell aseguró al Wall Street Journal que cada vez que surge una nueva tecnología que transforma de algún modo nuestras relaciones —el modo en que pasamos nuestro tiempo libre, nuestra percepción sobre el espacio o la forma en que interactuamos con otras personas— suele producirse un ataque de ansiedad social.

Claramente, los smartpohone o teléfonos inteligentes han modificado todos y cada uno de esos campos.

Sin embargo, antes de desechar sin más nuestras dudas y preocupaciones sobre el uso del teléfono, deberíamos examinar nuestra relación con los dispositivos más de cerca.

Porque, a diferencia de otras nuevas tecnologías, cada vez está más claro que al menos una parte de nuestro uso obsesivo del teléfono no ha sido fortuito.

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Los fabricantes de nuestros queridos gadgets y apps actúan según modelos de negocio que, directa e indirectamente, se basan en el uso constante de la tecnología. Los productos, por tanto, se diseñan en consecuencia.

Por ejemplo, a todos nos encanta conseguir un "Me gusta" en las publicaciones de nuestras redes sociales por la misma razón que a un jugador le produce placer ver tres sandías alineadas en una máquina tragaperras: se trata de una recompensa variable, uno de los conceptos más poderosos en el campo de la psicología conductual.

Nir Eyal, autor de 'Hooked: How to Build Habit-forming Products'.
Nir Eyal

El autor de Hooked: How to Build Habit-forming Products —la biblia de los directores de producto de Silicon Valley—, Nir Eyal, se opone rotundamente a la idea de que los teléfonos inteligentes sean "adictivos" (solo se trata de una adicción si es superior a la voluntad por dejar de usarlos) y defiende la idea de diseñar productos capaces de generar hábitos y que sean "éticos".

Pero la realidad es que los dispositivos que han colonizado nuestra atención están producidos por empresas con ánimo de lucro, y la ética únicamente se valora mientras no entre en conflicto con el deber fiduciario.

Los directores ejecutivos de Facebook, Google y Apple —la tríada del poder en la era de los teléfonos inteligentes— están obligados a generar un informe para Wall Street sobre la actividad del negocio cada 90 días, sobre sus avance. No importa, sin embargo, si el avance del negocio se mide por la cantidad de tiempo que los usuarios utilizan una aplicación o por las ventas de dispositivos para usar esas apps. Wall Street solo quiere una cosa: más.

Las consecuencias de los nuevos hábitos tecnológicos

Aún nos faltan años para comprender el impacto absoluto de nuestro hábito colectivo en el uso de las pantallas. Las nuevas generaciones nunca sabrán cómo era la vida antes de que aparecieran los teléfonos inteligentes, del mismo modo que la mayoría de los adultos no pueden imaginar ya un mundo sin televisión, aviones y automóviles.

Los niños también se pueden convertir en adictos a la tecnología.
istock

Por ello, Business Insider aprovecha el momento para analizar cómo están transformando nuestras vidas los teléfonos móviles y las aplicaciones, cómo los niños y los padres se están adaptando a esta nueva realidad y el modo en que la industria tecnológica está asumiendo su nuevo rol.

El proyecto Your Brain on Apps, de Business Insider, intentará ayudarnos a comprender el nuevo mundo al que nos estamos adentrando y aquel que dejamos atrás a través de una serie de historias que se irán publicando en las próximas semanas y meses.

¿Es el uso excesivo de teléfonos inteligentes un motivo de alarma? ¿O es simplemente el resultado natural de una tecnología positiva que impulsa el progreso? ¿Somos conscientes de lo podríamos estar sacrificando en nombre de ese progreso?

Leer más: George Soros llama a Facebook y Google una "amenaza" para la sociedad y un obstáculo para la innovación

Es un debate que se está volviendo más importante cada día. El ritmo vertiginoso de innovación significa que nuestros dispositivos y aplicaciones todavía podrían volverse más atractivos e irresistibles para nuestros ojos. Ahora es un buen momento para leer y reflexionar al respecto, aunque sean las 2 de la mañana y se haga desde un smartphone.

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