He pasado de estar quemada en el trabajo a ganar 130.000 euros como asistente virtual sin horario fijo

Ashley Couto,
Vintage image of a woman using office equipment.

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  • Rebecca Morassutti pasó del agotamiento en su puesto de trabajo tradicional a convertirse en una asistente virtual de éxito.
  • El año pasado ganó seis cifras y está utilizando los conocimientos adquiridos de sus clientes para su propia empresa.

Este artículo se basa en una conversación con Rebecca Morassutti, una asistente virtual. Los ingresos de Morassutti han sido verificados por Business Insider. El siguiente texto sido editado por razones de claridad y longitud.

Ascendí por la escalera empresarial de una gran multinacional, desde becaria a directora asociada, en apenas unos años. En 2011, mis amigos y mi familia pensaban que estaba viviendo un sueño: tenía un buen coche, un buen sueldo y una cuenta de ahorros creciente. 

Pero por dentro, estaba estresada y agotada, haciendo el trabajo de tres personas diferentes. No podía vivir así los próximos 50 años. Quería trabajar a distancia y tener un horario flexible, así que empecé a pensar en montar un negocio online.

Al principio no me convencía la asistencia virtual

Buscar en Google negocios online para nómadas digitales me llevó al trabajo de asistente virtual. Al principio, lo rechacé. Sentía que tenía demasiada experiencia para ser la asistente de alguien, y me preocupaba que la gente dijera que había dado un paso atrás. Me llevó hasta 2014 superar mi miedo a la impresión que dejaría.

El punto de ruptura fue que me negaran un aumento del 2%. En cuanto volví a mi mesa, empecé a buscar cualquier trabajo de asistente virtual que pudiera hacer. En 24 horas, conseguí mi primer cliente en Upwork enviando una propuesta para un proyecto. Sigo trabajando con ella casi 10 años después. 

Realizaba operaciones comerciales y gestión de clientes para esta clienta. Me levantaba temprano para hacer su trabajo, y trabajaba en tareas de asistente virtual durante mi pausa para comer. Todo lo que no hacía durante el día, lo hacía cuando llegaba a casa. 

Un mes después de trabajar con ella, di mi preaviso de tres meses. Contaba con una cifra de ingresos mínimos para cubrir mis gastos. Tardé cuatro meses como asistente virtual en llegar a esa cifra. Por suerte, mi largo periodo de preaviso me permitió encontrar más clientes a través de Upwork y las redes de LinkedIn, al tiempo que seguía recibiendo algo de dinero de respaldo.

Al final de mi primer año, gané unos 65.000 dólares (unos 60.000 euros) como asistente virtual.

Accidentalmente, cambié mi propio modelo de trabajo

Durante los primeros años en mi negocio de asistente virtual, estaba encantada de aceptar a cualquier cliente. Rápidamente, me di cuenta de que algunos clientes no entendían el papel de un asistente virtual. Esperaban de mí un horario concreto y una disponibilidad fija. Todavía me sentía como una empleada cuando se suponía que era autónoma.

En 2016, estaba otra vez quemada. Sentía que me habían mentido. Cada post en internet discutía cómo ser una asistente virtual era el camino hacia la buena vida y un horario flexible.

Pasar de una remuneración por hora a un contrato fijo aumentó mis ingresos como asistente virtual

En 2017, me planteé volver a mi trabajo de 9 a 5. Quería abandonar el emprendimiento por completo. Me quedé porque sabía que estaba agregando valor a los negocios de mis clientes e incluso asumiendo responsabilidades de liderazgo para otros. No me pagaban por asumir esa responsabilidad, y sabía que tenía que cambiar mi modelo de compensación.

Después de investigar más en internet, me di cuenta de que tenía que dejar de cambiar mi tiempo por dinero. 

Antes, si me volvía más eficiente haciendo una tarea, me penalizaban. Por ejemplo, programar un correo electrónico podía llevarme 30 minutos la primera vez que lo hacía, pero al cabo de un mes, ese tiempo se reducía a 15 minutos. En caso de cobrar por hora, tenía que encontrar otra cosa que hacer para ocupar mi tiempo para ganar más dinero. 

Con mi nuevo modelo de precios, me remuneraban por adelantado en lugar de por horas. De este modo, me aparté del intercambio de tiempo por dinero. Analicé el valor que añadía a los negocios de mis clientes y les presenté una estructura de precios basada en esa investigación. Para ello me basé en comprobantes de ventas de correos electrónicos y campañas que había realizado. Cuanto mayor era mi impacto en los ingresos, mayor era lo que pedía. 

Perdí algunos clientes, pero los que se quedaron, estaban dispuestos a pagar más. Con esta nueva estructura, ya no llevaba la cuenta de mis horas porque tenía un contrato, así que podía tomarme días libres sin que me pagaran menos. Ahora trabajo con menos clientes y con contratos mucho más largos.

Y solo trabajo para tres o cuatro clientes a la vez. De media, trabajo con un cliente durante cinco años. Cuando empecé a trabajar con mi primer cliente hace casi una década, me pagaban 1.500 dólares al mes, y ahora me pagan más de 6.000 dólares al mes. Cada año aumento mi tarifa. Gané 144.000 dólares el año pasado (unos 130.000 euros al cambio) con mi trabajo de asistente virtual. 

Incluso he tenido clientes que me han ofrecido aumentar mi remuneración sin que yo se lo pidiera. En todas estas ocasiones, fue después de trabajar juntos durante aproximadamente un año. Querían asegurarse de que yo recibía una buena compensación y de que me quedaría mucho tiempo con ellos.

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Mis clientes me regalan todo tipo de experiencias

Dado que trabajo con la mayoría de mis clientes desde hace mucho tiempo, nuestras relaciones han pasado de realizar tareas a convertirnos en socios estratégicos de sus negocios. Esto me permite analizar el negocio de un cliente de forma holística, y ver en qué puedo ayudarle. 

Un cliente me ha hecho viajar en avión por todo el país para ayudarle a organizar retiros. Otro cliente me inscribió en un programa magistral de ventas y marketing. Esta clienta no conseguía mucha tracción con sus newsletters, y le dije que quería mejorar su redacción. Encontré un curso que me interesaba mucho y estaba dispuesta a pagarlo, pero ella dijo: "¡No! Yo pagaré si esto va a ayudarme".

Todo lo que aprendo para los clientes también me ayuda a construir mi propio negocio. Que me paguen por aprender es mi parte favorita de ser asistente virtual.

Estoy haciendo la transición de mi negocio para ayudar a otros aspirantes a asistentes virtuales a encontrar el mismo tipo de éxito que yo encontré. Las habilidades que he adquirido de los clientes han sido inestimables en este proceso. Gracias a ellos, he aprendido a crear cursos eficaces, dirigir sesiones de coaching potentes, y hacer crecer una audiencia en internet.

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