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Prejuicios y superficialidad, los dos pilares de la gestión política de Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a los periodistas el pasado mes de diciembre. AP Photo/Susan Walsh
  • Trump dijo que un "mexicano" no podría juzgarlo justamente, en teoría rechazó un candidato a secretario de Estado por ser demasiado bajo, y exigió inmigrantes de Noruega y no de "países de mierda". En realidad, todos estos hechos están relacionados entre sí.
  • Trump se guía por los prejuicios, la superficialidad y la frivolidad.
  • Sus prejuicios provocan que evalúe a las personas por sus características exteriores; su superficialidad, que sea incapaz de ver más allá de sus prejuicios.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho en alguna ocasión que le gusta elegir su equipo entre los candidatos al "casting principal", que tengan una apariencia física que sugiera que pueden llevar a cabo su trabajo. Trump está orgulloso, por ejemplo, de que Mike Pence sea un vicepresidente de "casting principal".

Por eso, rechaza a otros candidatos tan solo por su aspecto físico. Por ejemplo, y según publicó The New York Times, le dijo al senador republicano Bob Corker, que mide un metro y medio de altura, que era demasiado bajo como para ser secretario de Estado.

Trump también piensa que un juez no puede ofrecerle un juicio justo si es "mexicano"; en realidad descendiente de mexicanos pero nacido en Indiana (EE. UU.).

El presidente estadounidense contratará a un abogado o médico judío, incluso si esa persona es manifiestamente incompetente, solo porque los judíos son buenos en esas cosas.

Ah. Y Trump tampoco quiere inmigrantes de "países de mierda"

Todas estas cosas están relacionadas entre sí. Todas son el resultado de que el presidente de Estados Unidos es un hombre cargado de prejuicios y extremadamente superficial.

Algunos conservadores han tratado de enfocar durante los últimos día el debate sobre la inmigración en EE. UU. sobre las habilidades, insistiendo en que el presidente quiere cambiar las leyes sobre inmigración para priorizar las personas con formación y que hablen inglés. Sin embargo, eso no es lo que propio presidente dijo después que quería.

Trump dijo que no quiere inmigrantes de "países de mierda" como Haití y países de África. "¿Por qué queremos la personas de todos esos países de mierda aquí?", preguntó.

La objeción de Trump a la inmigración africana no está más relacionada con la calificación obtenida en los exámenes TOEFL (utilizada para medir el nivel de inglés) que su decisión de no apoyar a Corker para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.

Los prejuicios del presidente se traducen en juicios precipitados e infundados sobre las personas; su superficialidad, le impide procesar y valorar cualquier información que pueda ir en contra de sus prejuicios. Corker es demasiado bajo y, como se deduce de los supuestos comentarios de Trump del jueves, los africanos son demasiado negros.

Erick Erickson hizo esta pregunta de forma retórica, pero creo que merece la pena reflexionar sobre ella:

No es así cómo el presidente piensa; no lo ve así.

El presidente Trump no puede pararse en pensar en la mera idea de que ese hipotético inmigrante de Ghana busca el llamado sueño americano y que, por el contrario, el noruego blanco y rubio no comparte algunos de sus valores esenciales.

Trump ve a la persona noruega y ve el "casting principal", un inmigrante americanizado, apto. Pero el ghanés no viene del reparto estrella. Es más, desde el punto de vista del presidente, viene de "un país de mierda", de una pocilga.

Puedes pensar que esto no se trata de raza, que solo es una cuestión de países ricos y países pobres. Entonces, es cuando te das cuenta que el presidente estadounidense no aboga por más inmigrantes japoneses.

Creo que el presidente está un tanto equivocado sobre hasta qué punto los proyectos de ley sobre inmigración que respalda cumplirían los objetivos racistas que él mismo tiene. En parte, porque Trump es tan superficial y tiene tantos prejuicios que es incapaz de darse cuenta de cuántas personas de países africanos tienen la cualificación necesaria para superar las pruebas que pudiera establecer una ley como la llamada RAISE.

Por supuesto, la disminución general de la inmigración una vez entrara en vigor RAISE ralentizaría el ritmo y el alcance de la diversidad, lo que a su vez empujaría el objetivo del presidente de un país más blanco. Pero las intenciones del presidente, y también sus palabras, importan mucho.

Que el presidente quiera una política de inmigración pensada para conseguir un país más blanco, para que la mayoría de los estadounidenses parezca del casting principal, es horrible, independientemente de cuáles sean los verdaderos efectos de sus políticas.

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