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10 sesgos cognitivos que condicionan cómo gestionas tus finanzas

Una mujer mirando sus cuentas bancarias en el móvil.
Getty Images
  • Los sesgos cognitivos son atajos que nuestro cerebro utiliza para procesar la información que recibimos y actuar en consecuencia. 
  • Somos conservadores por naturaleza: perder nos duele 2,5 veces que una ganancia proporcional
  • Buscamos y encontramos confirmaciones de lo que pensamos
  • El valor que das al dinero depende de su procedencia

¿Por qué nos cuesta tanto ahorrar? ¿Por qué tomamos malas decisiones de inversión (empezando por no invertir)? ¿Qué hace que una persona a la que le ha tocado la lotería termine arruinada? La respuesta a todas estas preguntas está en tu cabeza y puede que no te guste.

¿Y si tu mente te estuviese haciendo trampas para que tomases malas decisiones de forma sistemática? Eso es precisamente lo que postula la última corriente económica que de moda y que ya le ha valido a Richard Thaler el Novel de Economía 2018. Se trata de la economía conductual y su principal premisa es que no somos ni tan listos ni tan racionales como pensamos respecto a nuestro dinero.

La culpa de este comportamiento la tienen los sesgos cognitivos, un término acuñado por Daniel Khaneman y Amos Tversky en 1972.

Estos sesgos son atajos que nuestro cerebro utiliza para procesar la información que recibimos y actuar en consecuencia.

En pocos segundos la mente es capaz de analizar y decidir qué hacer, aunque esa decisión puede no ser siempre la mejor para ti. Ahí está una de las diferencias de pensar rápido y pensar despacio que Khaneman aborda en un libro titulado precisamente así.

Estos sesgos cognitivos son los culpables de que te cueste ahorrar y todavía más empezar a invertir o de que compres un reloj por que lo anuncia un futbolista, por ejemplo.

Estos son los 10 sesgos que condicionan lo que haces con tu dinero según las finanzas conductuales:

1. El sesgo del presente: buscar la recompensa inmediata

¿Te has preguntado por qué te cuesta tanto ponerte a dieta, comer bien o empezar a hacer ejercicio? La culpa la tiene el sesgo del presente. Gracias a él tendemos a buscar automáticamente la recompensa inmediata en lugar de pensar a largo plazo.

Para que lo entiendas mejor, quieres ahorrar pero acaban de sacar el nuevo Red Redemtion, o es el cumpleaños de tu madre o has visto una camiseta que necesitas. El motivo da igual, el resultado normalmente será que no ahorrarás porque eso implica un sacrificio hoy para obtener un beneficio mañana.

Este sesgo es el que está detrás de que siempre prefieras posponer la dieta para la próxima semana y pedir hoy una pizza. Tenemos la capacidad de planificar y pensar a largo plazo, pero para eso tenemos que impedir que el cerebro actúe de forma sistemática pensando en el presente.

2. El sesgo de la aversión a la pérdida: perder nos duele más del doble que ganar

La mayoría de españoles mantiene su dinero en cuentas de ahorro y productos garantizados, que son seguros pero quizás no la mejor opción para invertir a largo plazo. La principal razón es el miedo a perder y detrás está el sesgo de la aversión a la pérdidas.

Perder nos duele 2,5 veces que una ganancia equivalente. Así se desprende de los estudios de Khaneman y Tversky. Si no lo tienes claro, sólo tienes que pensar en la reacción de un niño pequeño cuando gana y cuando pierde o pararte a pensar en el efecto de la palabra oferta en tu cerebro, especialmente en rebajas. ¿O es que quieres perder la posibilidad de comprar esos pantalones que no necesitas con un descuentazo?

3. El sesgo de la contabilidad mental: el valor del dinero depende del origen

En teoría 10 euros tienen el mismo valor independiente de dónde vengan. No para tu cerebro. El sesgo de la contabilidad mental descubierto por Thaler hace que otorgues al dinero un valor diferente según su procedencia.

Este truco mental es el que hace que sea más fácil gastar los 100 euros que te han tocado en la lotería de Navidad que 100 euros de tu nómina o que la paga extra se vaya más rápido que el salario.

El motivo es que tendemos a ver ese dinero como algo inesperado, caído del cielo. Algo parecido ocurre en los casinos con las ganancias acumuladas. Es como el dinero de la banca, un capital que no es tuyo, según tu cabeza.

4. El sesgo de la confirmación: buscamos lo que queremos encontrar

Cuando buscamos información lo hacemos muchas veces atendiendo sólo a la que confirma nuestras sospechas. De hecho, podemos incluso distorsionar los nuevos datos para adaptarlos a nuestras opiniones.

Este sesgo puede ser muy peligroso al invertir o tomar decisiones como comprar casa porque nos impide analizar adecuadamente la información que recibimos. Además, suele juntarse con los dos siguientes sesgos para multiplicar su efecto.

5. El sesgo de la conservación: damos más importancia al primer análisis

Este atajo nos empuja a desestimar nueva información y darle más importancia al primer análisis. Este sesgo suele ser más acusado cuanto más difícil sea procesar la nueva información.

Se activaría ante decisiones como comprar o no una casa. Si el primer análisis ha sido positivo, adaptaremos los datos que no encajen con la teoría gracias al sesgo de la conformación y desestimaremos directamente los análisis negativos que hagamos por el de la conservación.

6. El sesgo del optimismo: piensas que necesitarás menos 

Para completar la jugada anterior también puede entrar en liza el sesgo del optimismo omnipresente. ¿Hay muchas cosas que pueden salir mal al comprar una casa? A fin de cuentas supone una enorme inversión y un gran riesgo. El sesgo del optimismo se encargará de mitigarlo.

Este es uno de los sesgos más peligrosos para tu dinero y tu futuro financiero. De hecho, es el causante de que creas que vas a necesitar menos de lo que piensas para tu jubilación, que tendrás una gran pensión pública y ayuda a que pienses que no pasa nada por esperar un poco para empezar a ahorrar.

Además, también te perseguirá en tu día a día haciendo que llegues tarde porque no habrá tráfico o que te cargues con más trabajo del que de verdad puedes completar. Por lo menos tiene una ventaja: las personas optimistas viven más tiempo y gozan de mejor salud.

7. El sesgo de la ilusión de control: creemos influir en cosas aleatorias

Los seres humanos ansiamos tener el control o por lo menos pensar que lo tenemos. Este sesgo hace que creamos que podemos influir en fenómenos aleatorios.

Gracias a este sesgo soplarás en los datos para tener suerte pese a que las tiradas son aleatorias o pulsarás varias veces el botón del ascensor para que llegue antes aunque sepas que no existe relación.

En finanzas, este sesgo puede hacerte pensar que tienes cierto control sobre lo que pasa en los mercados cuando en realidad no es así. La traducción suele ser asumir un riesgo mayor de que deberías (el sesgo del optimismo ayuda), sobre operar o no diversificar tu dinero de forma adecuada.

8. El sesgo del status quo: nos empuja a mantener las cosas como están

El sesgo del status quo nos empuja a mantener las cosas tal y como están pese a que no haya un claro beneficio en hacerlo. 

Este status quo es lo que hace que cambiar de trabajo cueste tanto o el que ayuda a que tu dinero se quede en una cuenta corriente en lugar de invertirlo en fondos, acciones, Etfs... Es lo que llevas haciendo toda la vida desde pequeñito. Este sesgo también te invitará a buscar los planes de pensiones para ahorrar para la jubilación.

9. El sesgo de la experiencia reciente: más importancia a lo último ocurrid

Otra forma de deformar la información es el sesgo de la experiencia reciente. En otras palabras, dar más importancia a los últimos datos que hemos recibido o a lo último que ha pasado frente a lo que pasó hace más tiempo.

A esto se suma la ley de los números pequeños, que hace que nuestra experiencia personal se imponga a la estadística. Es decir, que obviamos los grandes números para centrarnos en lo nuestro.

Este sesgo puede llevarte a tomar malas decisiones de inversión por centrarte sólo en los últimos datos de la compañía o en la rentabilidad positiva de un fondo en el último año, obviando los cuatro anteriores de pérdidas.

10. El sesgo del efecto encuadre: depende de cómo venga la información

La forma en la que recibimos la información afecta a las decisiones que tomamos. ¿Prefieres una rebaja del 30% un euro en un producto que cuesta 3 y que pasaría a costar 2 o una oferta de tres por 6 euros? El precio del lote es el mismo pero la forma en la que asimilas la oferta no. Así funciona el efecto encuadre, algo que se usa mucho en los medios de comunicación para incluir en cómo procesas la información.

Este es uno de los muchos trucos que usan las tiendas para vender más. Hay otros como el efecto primado, por el que consiguen que si vas a comprar un móvil por la cámara, te fijes en los megapixeles cuando la lente es más importante, o el efecto Halo, que hará que un reloj sea creíble porque lo anuncia un futbolista o que el póquer sea más atractivo porque Cristiano Ronaldo y Nadal 'juegan' en sus anuncios.

El efecto encuadre puede llevarte a malinterpretar la información que recibes y correr más riesgos de los que deberías. En realidad, estos 10 sesgos conductuales son peligrosos para ti y tus finanzas si no los conoces y sabes como enfrentarte a ellos.

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