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Así se conectan la cirugía plástica, la depresión y la cultura selfie

Chica haciéndose un selfie
Pixabay

Nuestra cultura pasara a la historia por ser la que más se miró a la cara. Al menos a través de la pantalla de sus smartphones. La cultura del selfie está aquí y aunque no sabemos cuándo cesará lo que está dejando claro por el momento es que tantas horas mirándonos desde ángulos tan poco naturales puede conllevar consecuencias.

En una publicación de The Big Think, el portal exploraba la conexión entre la cultura de internet, los selfies, la autoestima y el creciente número de cirugías estéticos.

El artículo se basa en los resultados del informe de estadísticas de la cirugía de la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos, que reveló que entre 2000 y 2016, el número total de procedimientos estéticos aumentó un 132%. Algo que no es ajeno en nuestro país. Según los datos facilitados en el Curso de Residentes de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), la demanda de técnicas de rejuvenecimiento facial no quirúrgicas se ha incrementado un 10% entre 2015 y 2016.

En este punto, la reacción ante cualquier tendencia nueva y potencialmente inquietante es culpar a las redes sociales. Y el surgimiento de nuevos procedimientos estéticos relativamente rápidos no es una excepción. "La cultura selfie es una gran impulsora de este tipo de procedimientos poco invasivos para hacerse retoques",  revela Adam Lokeh,  cirujano plástico al diario Star Tribune. Pero es algo que no debe extrañar.

El pasado año la celebrity Khloé Kardashian revelaba a la revista Glamour que desearía que "los inyectables fueran tratados más como maquillaje", y añadía: "Me permiten contornear mi cara, redibujando los labios, y nadie dice que eso es una locura". Kardashian cuenta cuenta con más de 300.000 seguidores y que además cuenta con su propio reality junto al resto de la familia, que se han erigido como modelos a seguir por un amplio público femenino.

Cada día alrededor de 80.000 fotos son subidas tan solo a Instagram y según algunos datos, cerca de un millón de selfies son compartidos diariamente en redes sociales, de entre los cuales al rededor del 36% admite haber retocado antes las imágenes.

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La fiebre de los selfies ha calado en todo el mundo y en todos los estratos. Desde el cantante Justin Bieber hasta el Papa: todos hemos sucumbido alguna vez al poder de las redes. Y es que tomarse una foto a uno mismo no es algo que hayamos inventado ahora, pero hacerlo de manera masiva, y sobre todo compartirlo en redes para que cualquier persona en el mundo pueda verlo sí.

De esta forma, nuestro hábito constante por enfrentarnos a la cámara produce que de manera inconsciente potenciemos nuestra atención hacia nuestro físico. El predominio de la imagen hace que nuestro aspecto de repente cobre mucha mayor importancia.

Aplicaciones de retoque facial

Esto también hace que pasemos gran parte de nuestro tiempo intentando salir bien en una foto. En relación con esto, la cultura del selfie no solo ha acercado la cirugía estética al gran público. El primer paso pasa por hacernos con una de las numerosas aplicaciones de retoque facial que se han lanzado al mercado en estos años.

La aplicación de edición de fotos Meitu fue lanzada en China en en 2008 y su función es proporcionar un método para mejorar los selfies. El éxito ha sido tal que la compañía ahora tiene una batería de aplicaciones, con nombres como BeautyPlus, BeautyCam y SelfieCity que suavizan la piel, exageran las características y aclaran los ojos. Actualmente sus aplicaciones están instaladas ya en más de mil millones de teléfonos.

Pero la importancia de todo esto no es solo que los usuarios  de esta aplicación pasen un promedio de 40 minutos editando sus selfies antes de ponerlos en Internet para que el mundo los vea. El principal problema es que como muchos expertos comienzan a alertar, también estamos observando que la cultura de la imagen y del selfie está promoviendo un aumento de la ansiedad y la depresión en nuestros días. 

Depresión, ansiedad y selfies

Según una investigación de la revista EPJ Data Science, el análisis de más de 43.000 fotografías de Instagram detectó a personas con depresión en el 70% de los casos. El estudio también reflejó que cuando se está deprimido se es más activo en esta red y que las imágenes que se postean suelen ser selfies, mientras que las personas sanas suben más fotografías rodeados de gente.

El fenómeno de perseguir la ilusión de la perfección no es del todo sorprendente en nuestra era digital. Pero hay un cuerpo creciente de ciencia que muestra los vínculos entre las redes sociales, la depresión y la ansiedad.

El problema es que, como marcan estos estudios, a través de estas redes nos sometemos a una constante comparación entre la supuesta vida trepidante y divertida de nuestros contactos o los cuerpos esculturales y la belleza de los ídolos a los que seguimos. Para ello los expertos recomiendanintentar ser más conscientes de la realidad en todo momento y evitar las comparaciones que las redes sociales promueven. Desde ellas solo seguir gente que realmente pueda inspirarnos.

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