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Así se forman los atascos de tráfico fantasma en los que pierdes horas cada año

Atascos en las carreteras
Getty Images
  • Alrededor del 20% de los atascos son causados exclusivamente por la ansiedad de los conductores. 
  • Solo manteniendo una distancia adecuada entre vehículos podrían evitarse estos embotellamientos.

Si estos días de verano, te encuentras con embotellamientos de coches en lugares donde no te los esperas, debes saber que la ciencia tiene un nombre para ellos, se llaman atascos fantasma y hace más de 30 años que la Física dio con las claves de cómo se forman.

Sin embargo, como todos los que nos ponemos detrás del volante tenemos una parte de culpa y el número de vehículos en el planeta va en aumento de la misma manera que crece el tamaño de la mayoría de las grandes ciudades, este fenómeno no ha dejado de crecer a lo largo de todo este tiempo. Ante este grave problema, algunas de las grandes urbes han empezado a pensar en prohibir la entrada de coches.

Para esta Semana Santa, por ejemplo, la DGT prevé 15,5 millones de desplazamientos en España, un 2% más que el año pasado por lo que, si vamos a coger el coche durante estas fechas, es muy probable que nos encontremos más de un embotellamiento. 

La causa de la mayoría de los atascos es que, simplemente, la vía ha rebasado su máximo nivel de capacidad. Aunque en el carril de una autovía caben unos 2.200 coches por hora, se estima que en el momento en que un carril la ocupación supera los 1.700 vehículos/hora cualquier mínimo frenazo o cambio de carril generará una bajada brusca de la velocidad de los vehículos con el consiguiente atasco.

Por ejemplo, un atasco en una vía en la que circulan 2.000 vehículos ocuparía una extensión de 16 km. Dentro de ese embotellamiento cualquier maniobra impredecible como un cambio de carril, una incorporación de un vehículo o la llegada a una curva peligrosa causará una reducción de la velocidad de entre 15 y 30km/h. El vehículo que realiza una de estas maniobras genera detrás un efecto acordeón que obliga reducir la velocidad al conductor situado inmediatamente detrás suya, frenando a su vez a los que marchan por detrás hasta el punto de que esa ralentización obliga a uno de los vehículos a parar por completo.

Una vez se genera este parón, desde el momento en el que el primer vehículo vuelve a arrancar la marcha pasarán 33 minutos y 20 segundos hasta que el último vehículo pueda arrancar ya que cada vehículo arranca, de media, un segundo más tarde que el que le precede. Eso si nadie se despista con un móvil o de alguna otra forma y tarda algo más en arrancar. 



Los embotellamientos fantasma crecen en todo el mundo al mismo ritmo que lo hacen el número de vehículos en circulación y la movilidad de las personas, pero somos los propios conductores los que muchas veces somos los culpables de crear los atascos; y cuando no, siempre conseguimos empeorar sus consecuencias.

Los gobiernos locales y nacionales toman medidas y hasta crean infraestructuras para evitar los atascos, pero por muchas carreteras que se construyan, estas no pueden diseñarse para absorber en todo momento un flujo de tráfico que solo deben de soportar una hora al día o cinco días al año. Y el factor humano no hace sino empeorar este fenómeno. 

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Solo en determinados casos, como en las operaciones salida, los puentes, en la hora punta de toda ciudad que se precie o cuando se están acometiendo reformas —por ejemplo Madrid durante la construcción de la M-30 o Sao Paulo poco antes del último Mundial de Fútbol— los atascos son inevitables. Eso sí, el que conoce de antemano qué va a pasar, siempre tomar un antídoto para los atascos: elegir salir de casa en otro momento, fuera de las horas puntas, siempre que sea posible.

Uno de cada cinco atascos se puede evitar

En los años 70, el mítico experimento de la Universidad de Nagoya que puedes ver abajo demostró que los atascos causados por los conductores se propagan como una onda de choque hacia atrás. En este experimento se colocaron 22 vehículos diferentes en una carretera circular de 230 metros de diámetro a distancias iguales bajo una velocidad constante de 30 km/h.

A los pocos segundos, en el momento que un conductor aminoró la velocidad para guardar una mayor distancia de seguridad con el coche que le predecía, se produjo la onda expansiva y el posterior embotellamiento.

Aunque en este caso, el origen es humano, este factor también hace empeorar cualquier tipo de embotellamiento generado por otra causa. Esta experiencia, conocida en inglés como phantom traffic jams, ha sido repetida hasta la saciedad desde entonces por múltiples organismos y universidades. 

Entre ellas está la de Duisburg-Essen, en Alemania, donde el físico Michael Schreckenberg ha evaluado que la velocidad de propagación de estas ondas de choque en los atascos es de 54 km/h. Este es el motivo por el que se denominan a estos embotellamientos "atascos fantasma", ya que cuando llegas con tu coche, quizá hasta bastantes kilómetros por detrás de donde ha empezado a producirse, te encuentras con los vehículos detenidos.

Y lo peor es lo que tarda en salirse de estos atascos fantasma: si hay 150 vehículos parados en fila, pasarán unos dos minutos hasta que arranque el último de ellos y, cuando el accidente acumula 16 km de embotellamiento y se libera por delante, el último coche detenido puede tardar hasta media hora en notarlo.

Una vez logras arrancar y recorres algunos metros lo más probable es que, en no mucho tiempo, tengas que volverte a parar. Todo sin causa aparente, ni un accidente, ni un tramo en obras; el motivo por el que se forman estos atascos tiene exclusivamente dos factores: la impaciencia de los conductores y que no se mantiene la adecuada distancia entre un coche y otro para atenuar o evitar que se generen las mencionadas ondas de choque. 

Michael Schreckenberg
Michael Schreckenberg explica algunas de sus teorías sobre los atascos. vicente cano

"En nuestro modelo, demostramos que el azar juega un papel en cada embotellamiento. Existen numerosos factores perturbadores, la mayoría de los cuales son el resultado de un error humano. Una y otra vez, las personas individuales desencadenan los atascos. Este es a menudo el caso cuando los conductores con mucho tráfico frenan más bruscamente que el automóvil que tienen delante porque no mantuvieron la distancia suficiente", explica el profesor de la Universidad de Duisburg-Essen. 

Así, cuando te encuentres con uno de estos inexplicables embotellamientos, ya sabes a quién culpar: a mí y vale, al conductor que te precede si quieres también, pero sobre todo mírate a ti porque cuando se libere el tráfico que llevas por delante y aceleres solo un poco más de la cuenta, para después tener que volver a frenar, estarás causando un nuevo embotellamiento por detrás. 

¿Qué se puede hacer para evitar los atascos?

Lo primero para evitar los atascos, según Michael Schreckenberg es evitar conducir con tanta ansiedad: "Otro motivo por el que se producen los atascos son los continuos cambios de carril en un embotellamiento que ya se ha formado. Esto también desencadena nuevas olas de congestión que los conductores que las causan ni siquiera notan. Muchas personas piensan que están en el carril equivocado, pero en realidad, cambiarse no ahorra tiempo. La velocidad promedio en un embotellamiento es de 10 km/h, independientemente del carril".

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Este físico alemán con el que Business Insider habló recientemente advierte: "Cuando el tráfico por delante se despeja es cuando el conductor puede ponerse realmente en peligro, ya que muchos sienten que han sido liberados y pierden la concentración. Y a menudo conducen directamente al final de la siguiente onda de congestión. Para evitar los atascos, debemos ser cooperativos y dejar pasar a los demás". 

Puede que no estés de acuerdo con él, pero la teoría matemática de grupos —que aparece en la película Una mente maravillosa dedicada a la matemático John Nash— respalda esta misma afirmación. Para la Física, mientras no haya coches autónomos para eliminar los atascos, lo más importante es que haya espacio suficiente entre los vehículos en la carretera. "También es importante dejar carriles o espacios para los vehículos de emergencia, vigilar que hay espacio suficiente por detrás de uno cuando se va a incorporar y tomar descansos de vez en cuando para no conducir con agresividad", asegura Michael Schreckenberg. 

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