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La crisis del coronavirus puede afectar al 70% de las empresas: se teme la falta de componentes y materias primas

Fábrica de rover
Fábrica de Rover.

Reuters

  • La huella del coronavirus en la cadena de suministro mundial puede provocar efectos mucho peores de los previstos, avisan los expertos.
  • Hasta el 70% de las fábricas a nivel global podrían quedarse durante meses sin los componentes y materias primas necesarios para hacer frente a su producción.
  • Los expertos recomiendan a los empresarios que se preparen para al menos un semestre de interrupciones en la cadena de suministro.
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La hendidura del coronavirus en la cadena de suministro mundial provocará efectos peores de los previstos, avisan los expertos. Hasta el 70% de las fábricas a nivel global podrían quedarse durante semanas –o incluso meses– sin los componentes y materias primas necesarias para hacer frente a las cuotas de producción, lo que a su vez podría tener consecuencias desgarradoras en la economía, aunadas a las que el Covid-19 ya está causando o se prevé que va a causar.

"Ninguna cadena de suministro quedará ilesa", ha advertido la fundadora de la consultora Supply Chain Insights, Lora Cecere, en declaraciones recogidas por Financial Times. Suya es la predicción de que hasta siete de cada diez fábricas se verán afectadas, en virtud de que –a su entender– dos tercios de las empresas ni siquiera están enteradas de la ubicación de sus proveedores de segundo y tercer nivel, y solo hacen negocios de forma directa con sus proveedores de primer nivel.

Un ejemplo de esta realidad lo brindó la crisis de inundaciones en Tailandia en 2011, que disparó el desabastecimiento de componentes asequibles como tornillos. En aquel entonces, a muchos fabricantes automotrices, ignaros de la procedencia de estos componentes en apariencia triviales, la situación les tomó por sorpresa y les obligó a cerrar fábricas. "Se necesitan 2.500 componentes para fabricar un coche, pero solo uno para no fabricarlo", explicó el experto en suministros Peter Hasenkamp.

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La industria de la moda ya ha acusado recibo de los problemas de suministro derivados por el coronavirus. Las compañías del sector dependen de China para comprar sus telas, recortes, cordones y decoraciones textiles, entre otros materiales, y los fabricantes que confeccionan las prendas en otros países están sujetos a sus propios contextos y cadenas de suministros. Es decir, Zara no solo depende de sus fábricas en Camboya –por ejemplo–, sino también de los proveedores de esas fábricas.

"Si la interrupción (del suministro) continúa, es posible que veamos a muchos fabricantes, y tal vez incluso minoristas, suspender sus operaciones a medida que se agotan las materias clave que necesitan", ha explicado Goker Aydin, experto en administración operativa y análisis de negocios de la Johns Hopkins University Carey Business School.

Sorpresa empresarial

Las compañías no se percatan de sus interdependencias hasta que una situación como una pandemia o un desastre natural las pone en evidencia. "Te garantizo que la mayoría de las organizaciones tienen un nivel de exposición del que no están enteradas", ha afirmado el jefe de marketing de la gestora Ivalua, Alex Saric. Y es que las empresas siguen de cerca a sus proveedores directos (lo que se llama nivel uno), pero saben poco sobre las fábricas de sus proveedores del nivel dos en adelante.

Desde la consultora Bain & Co, el director de cadena de suministro global, Peter Guarraia, ha secundado esta percepción: "La realidad es que la mayoría de las grandes empresas se están dando cuenta de esto ahora. Realmente no hubo datos procedentes de China durante dos o tres semanas, y eso asustó a muchas empresas". Los expertos ya recomiendan a los empresarios que se preparen para al menos un semestre de interrupciones en la cadena de suministro.

El rastreador de componentes Resilinc ha añadido que "lo más aterrador es que el mayor número de piezas fabricadas en Hubei, China, son tapas y resistencias". Aterrador porque son "pequeñas cosas que a nadie le importan", pero que pueden tener efectos lamentables en los ciclos de producción y, por ende, en la oferta.

Artículo original de Economía Digital

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