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Por qué no deberías avalar nunca un préstamo sin antes haber leído esto

Préstamos entre particulares para ahorrar impuestos
RG Studio / Getty Images
  • Si respaldas a otra persona y se produce una falta de pago, asumes el compromiso de abonar la deuda, respondiendo para ello, de ser necesario, con todo tu patrimonio presente y futuro.
  • En caso de impago tanto del titular como del fiador, ambos pueden ser incluidos en listas de morosos: RAI, ASNEF, etc.
  • Avalar a alguien no sólo te implica a ti, también puede afectar a tus allegados, ya que esa obligación financiera se hereda.
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Ocurre en ocasiones que alguien que pretende comprar un determinado bien, desea montar un negocio o tiene una necesidad financiera solicita un préstamo y no se lo conceden. Tras la negativa de la entidad financiera suele haber una apostilla: "Salvo que consiga un aval, así podríamos volver a estudiar su caso".

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Es entonces cuando el interesado recurre a la familia, a los amigos o a quien considere para encontrar un fiador. ¿Y si te piden a ti que lo seas? ¿Sabes los riesgos y las obligaciones que implica ser el avalista de otra persona? Esto es lo qué deberías saber antes de avalar cualquier préstamo propio —que también es posible— o de terceros.

Qué es un aval

Antes de entrar en materia conviene recordar que "el aval es una forma de garantía que consiste en el compromiso de una persona -avalista- de responder de la obligación contraída por otra -avalado- en caso de incumplimiento por parte de ésta", según explican desde el Banco de España.

Por su parte, los expertos de Yvanco Abogados complementan esa definición al señalar "que el aval es un tipo de fianza, es decir, una garantía en el pago, que viene regulado por el artículo 1.822 del Código Civil, que reza «por la fianza se obliga uno a pagar o cumplir por un tercero, en el caso de no hacerlo éste» con todos sus bienes y derechos, presentes y futuros", subrayan.

Quién puede ser avalista

Ese último detalle no es, obviamente, baladí y supone una tremenda responsabilidad si no sale todo como, en principio, esperan tanto fiador como avalado. Por ello, conviene que, si te estás planteando ser avalista, lleves a cabo un análisis profundo y sosegado de tus finanzas para comprobar si puedes permitírtelo. Tu capacidad de pago debe concretarse en los siguientes aspectos que apuntan desde Aide Abogados y Consultores:

  • Presentar unos ingresos fijos y constantes. Es necesario que el avalista cuente con una fuente de dinero estable, ya sea una nómina, una pensión o unos ingresos anuales. De esa manera demostrará que puede hacer frente a los pagos del préstamo en el caso de que el prestatario no sea capaz de hacerlo.
  • Contar con patrimonio suficiente. El prestamista debe igualmente justificar que posee inmuebles libres de carga. Así, de no haber pagador en dinero, serán sus bienes los que sirvan para responder ante la deuda.
  • Carecer de deudas pendientes de pago. Como es lógico, para que la entidad bancaria implicada acepte al fiador, éste no debería contar con ninguna deuda importante que lo incapacite para hacer frente al préstamo de la persona a la que avala.
  • Ser mayor de edad, o sea, tener al menos 18 años.

Asimismo, conviene que estés al corriente de la situación laboral y financiera del posible avalado, así como que consideres la relación que te une a esa persona y la confianza que tienes con ella.

Aval total o parcial

No obstante, es preciso recalcar que el aval puede ser parcial. En otras palabras, que el banco acepte una garantía hasta un cierto montante. Por ejemplo, el 30% del valor de tasación de una vivienda en una hipoteca. A partir de ese porcentaje, ya no cabe reclamación contra el avalista.

Riesgos de avalar un préstamo

Sólo con lo expresado hasta estas líneas ya es previsible y sencillo concluir que respaldar un préstamo es un asunto serio, que, de venir mal dadas, puede afectar a tu economía, a tu patrimonio, a tus negocios y, en definitiva, a tu vida. Pero aún hay más peligros que debes conocer antes de avalar cualquier préstamo:

  • Los avales son solidarios, lo que significa que, siendo el fiador, no puedes exigirle al banco que, antes de reclamarte a ti, vaya a por el titular de la deuda. De hecho, la entidad financiera puede exigir el pago a ambos de forma simultánea.
  • Como avalista, puedes ver reducida tu capacidad crediticia. ¿Por qué? Pues por el hecho de que pasarás a figurar en la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE). Ello supone que, si pides un préstamo por tu cuenta, desde la entidad consultarán esa base de datos y, dependiendo de lo que encuentren, podrán limitar la financiación que solicitas.
  • En caso de fallecimiento del avalista, la deuda pasa a sus herederos, lo cual lleva a pensarse dos veces ser o no fiador.

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  • "También puede ocurrir que, al ser tan grande la deuda contraída, el avalista no disponga de fondos suficientes y no pague. En este caso, es probable que sea incluido en una lista de morosos RAI, ASNEF, etc.-con las consecuencias que éso le conllevaría. Por ejemplo, la imposibilidad de acceder a un préstamo o a cualquier crédito porque las entidades bancarias no considerarán viable el anticipo de dinero a esa persona", avisan desde desde Aide Abogados y Consultores.
  • Si la deuda sigue prolongándose durante mucho tiempo, se abre un proceso judicial contra el avalista. En este caso, la justicia puede embargarte parte de tus bienes para saldar la obligación del prestamista: tus ahorros, la vivienda, el coche y hasta parte del sueldo (aquella que supera el salario mínimo interprofesional). "Aunque cabe destacar que ésto sólo será realizable cuando, al haber embargado los bienes del prestamista, no satisfagan completamente la deuda", concluyen los especialistas del despacho citado.

Finalmente, recuerda que, si aceptas avalar y por la razón que sea te toca acabar abonando la deuda o parte de la misma por impago del titular, tendrás derecho a reclamar al avalado la cantidad satisfecha.

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