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Esta empresa española tiene una fuente de energía alternativa al carbón que no emite CO2

Marisa Hernández Ingelia
Marisa Hernández, cofundadora de Ingelia, durante la preparación de pitching para el congreso anual del Instituto Europeo de Innovación EIT
  • La empresa valenciana Ingelia ha desarrollado un proceso industrial que produce un biocarbón que podría convertirse en una fuente de energía alternativa al carbón tradicional. 
  • Ingelia transforma los residuos orgánicos en un biocarbón que no emite COni otros elementos contaminantes. 
  • Su cofundadora, Marisa Hernández, estuvo nominada al premio Woman que concedía el Instituto Europeo de Innovación en su conferencia anual en Budapest, la semana pasada.

Europa se ha comprometido a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% respecto a los niveles de 1990. Para conseguirlo es necesario que contribuyan todos los sectores y, de momento, las perspectivas no son muy favorables: la ONU asegura que son necesarios "cambios sin precedentes" a nivel social y global para limitar la subida de la temperatura del planeta a 1,5 grados. Para ayudar a salvar el planeta una empresa española ha desarrollado un proceso industrial que produce un biocarbón llamado a convertirse en una fuente de energía alternativa (y mucho más limpia) al carbón tradicional.

Fue hace diez años cuando Marisa Hernández, junto con dos socios, se pusieron manos a la obra y desarrollaron un proyecto industrial capaz de transformar el residuo orgánico en un biocarbón que se presenta como candidato a sustituir al carbón pero sin sus perjuicios. Este biomaterial muestra ventajas, a todos los efectos, sobre el combustible fósil pues con el mismo poder calorífico, presenta una tasa de emisiones de COnula y una producción de azufre y nitrógeno considerablemente más baja.

Y es que Hernández pone de relieve cómo Europa importa el grueso del carbón que utiliza para producir energía. “Con nuestro proceso, en 2022 seríamos capaces de sustituir 220.000 toneladas de carbón al año y evitaríamos la emisión de medio millón de toneladas de CO2 a la atmósfera. Todo ello con un plan de negocio modesto”, matiza la cofudadora, “en el que nos planteamos captar el 3% del mercado de la gestión de residuos europeo”.  

Su determinación le valió a la cofundadora y CEO de Ingelia, Marisa Hernández, una nominación en la categoría de Mujer a los premios que el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT por sus siglas en inglés) concedía la pasada semana en su conferencia anual en Budapest. De hecho, la compañía valenciana trabaja con Kic InnoEnergy Iberia, una de las comunidades de innnovación del EIT que fomenta el emprendimiento en torno a la energía. 

Con hasta catorce patentes, Ingelia aplica un proceso termoquímico llamado carbonización hidrotermal (HTC, por sus siglas en inglés). “En condiciones de presión y temperatura, 20 bares y 200 ºC, deshidratamos la materia orgánica y separamos la humedad en forma líquida”, explica la ejecutiva. “Es decir, concentramos el 95% del carbono del residuo”

El resultado, tras un proceso de ocho horas, es un material sólido, seco y con forma cilíndrica que podría sustituir al carbón fósil a todos los efectos: “presenta el mismo poder calorífico y la estructura de combustión es la misma”, señala la cofundadora. Pero no sólo eso, “frente al compostaje normal o una planta de biogás, cuyo proceso dura unos treinta días, nuestro método se reduce a ocho horas”, expone Hernández. A la vez, los deshechos nocivos como el nitrógeno, el azufre y el cloro quedan en su mayor parte retenidos en el líquido residual que se genera. 

De Valencia a Reino Unido, Italia y Bélgica

La empresa ya trasladó este proceso a la práctica en 2010, concretamente a la planta de residuos de las localidades valencianas de Náquera y Bétera. Más allá de las fronteras españolas, Ingelia está trabajando en Birmingham con la británica CPL Industries, que compra y utiliza el biocarbón. 

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No menos importante es Acea Ambiente, el mayor gestor de lodos de Italia. Con ellos han implementado el proceso en su planta de la Toscana donde tratan 80.000 toneladas de lodo al año. La última en ser autorizada está ubicada en la localidad belga de Oostende. Se trata de una planta que trata 20.000 toneladas de residuos de materia orgánica y contará con cuatro reactores. 

En este sentido, la cofundadora hace hincapié en que este proceso evita además los malos olores que se producen en el proceso de compostaje. Su tratamiento tiene lugar en un depósito cerrado y permite acercar la planta a los núcleos de población. Mirando al futuro, Hernández asegura que su compañía se encuentra en negociaciones con la  mayoría de gestoras de residuos de España. 

La empresa valenciana ha cerrado, hasta la fecha, tres ampliaciones de capital que le han valido un balance de 11 millones de euros y la entrada al capital a “un grupo de business angels de Valencia vinculados a empresas del sector agroalimentario, un grupo de inversores estadounidenses del sector financiero y, por último, CPL Industries”, enumera Hernández que puntualiza, “Son todos minoritarios, el 60% del capital está en manos de los fundadores y un primer inversor”. 

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La compañía cerró el 2017 con una facturación de dos millones de euros que pretende elevar hasta los tres millones a cierre del presente ejercicio. El salto se produce el próximo año, y es que en 2019, Ingelia prevé alcanzar los 25 millones de euros de facturación y hasta 93 millones de euros para 2022. “En este tipo de proyectos inviertes durante los primeros años. Ahora acabamos de entrar en la primera fase de venta moderada y, a partir del año que viene, es cuando se ve el salto”, analiza los números la ejecutiva.

Energía, baterías y biopolímeros

Más allá de las cifras, la solución que plantea esta empresa valenciana es una forma de almacenar energía renovable en cierta forma parecida a la biomasa pero este biocarbón tiene aplicaciones para fabricar baterías, o bien para producir materiales específicos como biopolímeros que darán lugar a plásticos o como sustituto de la turba para el enriquecimiento del suelo.

Al final, se trata de dar una nueva vida a los desechos, la materia prima, y una nueva manera de tratar los residuos que casan con los objetivos de economía circular que la Comisión Europea se planteó en 2015. “Utilizamos residuos orgánicos de recogida selectiva, la fracción orgánica de residuos municipales, lodos de depuradoras, restos de jardinería o el biocompostaje que se obtiene de las plantas de residuos y en muchos casos tiene una difícil aplicación”, aclara la cofundadora de la empresa valenciana. 

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