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Este experto ha viajado por todo el mundo para contarte las claves de la gente feliz: así puedes cambiar tu vida

Un niño pequeño jugando con un aspersor de agua
Unplash / Mi Pham
  • Meik Wiking se hizo famoso al difundir la felicidad en las pequeñas cosas que disfrutar sus compatriotas daneses.
  • En un nuevo libro, Wiking recopila historias de personas que han encontrado la felicidad compartiendo su tiempo con sus vecinos o dando importancia a la hora de la comida.
  • De Colombia a Australia pasando por Europa, sus protagonistas cuentan las ventajas de pasear o de tener una lista de contactos con las habilidades de los vecinos.
  • Wiking también propone que seamos como la protagonista de Amélie y dediquemos tiempo a hacer felices a los demás.

El nombre del danés Meik Wiking seguramente no te sonará. Quizá sí el título de un libro que se convirtió en un superventas en varios países: Hygge. Con esta palabra danesa, Wiking dio a conocer el concepto de felicidad en las pequeñas cosas que triunfaba entre sus compatriotas y se convirtió en un best seller mundial.  

Tiempo después, Wiking ha seguido explotando la felicidad. El CEO del denominado Instituto de Investigación sobre la Felicidad de Copenhague viajó por todo el planeta para encontrar personas felices y obtener lecciones de ellas. De ahí surgió su segundo libro publicado en España: Lykke: En busca de la gente más feliz del mundo (Libros Cúpula). De Francia a Países Bajos, de Australia a su país natal, Wiking nos da las claves por las que, parece ser, ellos son más felices. Lykke, por cierto, significa ‘felicidad’.  

Nos montamos en el avión con Wiking y recorremos el mundo con él para saber cómo son felices los demás y si tenemos alguna posibilidad de conseguir lo mismo que ellos.

La felicidad de los franceses puede residir en los encuentros para comer

Uno de los viajes de Wiking lo llevó a Francia, donde aprendió la importancia que la comida tiene para los galos: “Las servilletas de tela y los cubiertos de metal revelan que el ritual de la comida es casi tan importante como la comida misma”, escribe, para luego añadir que allí recomiendan comer con otras personas.  

Un grupo de jóvenes comiendo en un restaurante
Unsplash / Priscilla Du Preez

Viendo esto, el danés anima a recuperar la hora de la comida y compartirla con “amigos, familiares y colegas”. “Disfruta de su compañía y de una comida lenta”, aconseja. Y hablando de compartir…  

Los holandeses que comparten con sus vecinos

“Haz el esfuerzo de hablar con tus vecinos. Queda con ellos para tomar café, échales una mano en el jardín comunitario o párate a hablar con ellos la próxima vez que los veas”. Es el consejo que da Wiking después de conocer en Países Bajos el Burendag o Día del Vecino, un evento en el que estos se encuentran para comer y pasar un rato divertido, además de ayudarse entre sí.  

Burendag
Burendag

“Las actividades varían desde celebrar una fiesta en la calle, hasta tomar un café con vecinos con los que normalmente no se socializa”, explica Wiking. Países Bajos no es el único lugar en el que la convivencia entre vecinos es tan importante en Australia y Dinamarca también lo es.

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Bofællesskab, el lugar donde las familias danesas quieren ser felices

El danés también dedica tiempo a explicar el bofællesskab o covivienda, un concepto de comunidad nacido en su país los años 60. En ellas, las familias tienen una vida privada pero también en comunidad con otras familias, pues las viviendas se extienden alrededor de un espacio común, con jardín, cocina y comedor. “Si lo desean, de lunes a jueves las familias comen juntas”, escribe Wiking. Sus miembros cocinan por turnos una semana cada seis meses, lo que les da mucho tiempo libre para pasar tiempo con sus hijos.  

Hablando de niños. Si los padres quieren salir fuera una noche, se los dejan al vecino de al lado y no contratan una niñera. Los pequeños, además, tiene parque infantil, campo de juego o un estudio de taller. O sea, que no saben lo que es el aburrimiento.  

Covivienda
Wikimedia / Leif Jørgensen

No solo las familias se aprovechan de estas coviviendas donde buscan una felicidad que no tienen en las comunidades tradicionales: también se mudan a ellas personas mayores que temen la soledad.

Este modelo se ha extendido a otros países, como Estados Unidos, Países Bajos o Alemania. Según explica Wiking, “un sentimiento de comunidad más fuerte, una mayor sensación de seguridad y de protección y tener amigos cercanos tienen un impacto positivo en la felicidad de las personas”.

Construye una comunidad con tus vecinos: una famosa calle australiana

No hace falta mudarse a Dinamarca o construir un conjunto de coviviendas: con salir a la calle basta para ser feliz con los vecinos. En la ciudad australiana de Perth, Shani Graham y su marido preguntaron a sus vecinos qué les gustaría que pasara en su calle. Los mayores querían tomar el té; los pequeños, una rampa de skateboard. Para esto último, uno de los vecinos encontró los materiales y la construyó.  

Con el tiempo, crearon una lista de contactos con sus direcciones y números de teléfono y las habilidades que poseían. Incluso, una vez al mes, hacían cinefórum en la calle. De esta forma, reforzaron la comunidad. Graham le contaba a Wiking que, para emular su éxito, hay que estudiar cada vecindario. “Entérate de qué le interesa a la gente, de qué los puede mantener unidos y, a partir de ahí, construye”.

 

No comprar nada en 365 días

En otras ocasiones, la felicidad no va asociada a una nación, sino que son las vivencias de una persona anónima las que nos dan lecciones para ser felices. En el libro, Wiking cuenta la historia de Michelle McGagh, una periodista londinense que en 2015 se vio “atascada en el círculo vicioso del consumismo: ganar dinero para comprar cosas que no necesitaba”. Decidió comprar solo lo que era absolutamente necesario en 365 dias. Esto incluía facturas y alimentos básicos.  

Para cumplir su reto, buscó eventos gratuitos en Eventbrite y fue a muchas exposiciones por toda la ciudad. Además, sus vacaciones consistieron en pedalear por la costa del país y acampar en la playa. Con ello, McGagh también aprendió a ser más aventurera: “Tuve que aprender nuevas formas de encontrar la felicidad, o sea que terminé por decir que sí a cosas a las que definitivamente no hubiera dicho que sí antes”.  

 

Por qué es bueno caminar: el ejemplo de Bogotá

Wiking también recoge la experiencia de Guillermo Peñalosa, exresponsable de Parques, Deportes y Recreación de Bogotá. Él es uno de los responsables de Ciclovía, más de 100 kilómetros de calles cortadas los domingos para convertirse en zonas de paseo y ocio.  

Peñalosa opina que espacios como los parques, las calles peatonalizadas o los carriles bici igualan a las sociedades. Wiking recoge esta cita en su libro: “Un país desarrollado no es un lugar en el que los pobres tienen coche, sino en el que los ricos usan transporte público, caminan y andan en bicicleta”.  

Tras contar esta experiencia, Wiking recomienda caminar más. Así no solo se hace más ejercicio, sino que también conocemos a más gente de nuestra comunidad. Para dar más pasos, recomienda encontrar un amigo con el que practicar (“especialmente cuando el cielo está gris o encuentras cualquier otra excusa para no hacerlo”), unirse a un club de senderismo o quedar para dar un paseo en vez de para tomar un café (“o tomad el café mientras paseáis”).

Cómo encontrar la felicidad: más allá de los países

Wiking intercala las experiencias viajeras con consejos que traspasan las fronteras y que no se aprenden necesariamente en una nación cualquiera. Uno de ellos es comprar “experiencias y recuerdos, no cosas”. Al parecer, estos aumentan la felicidad “si traen consigo otras personas vinculadas a lo que tú sientes que eres como individuo”.

Además, estas adquisiciones han de verse “como una inversión en recuerdos felices y en tu historia y tu desarrollo personales”.  

Crear un archivo de sonrisas

Dice Wiking que “las personas recuerdan mucho mejor las críticas que las alabanzas”. Para revertir esta situación, recomienda escribir cada semana “entre tres y cinco cosas por las que estés agradecido”. Y recoge el ejemplo de la empresa estadounidense de “recepcionista virtuales” Ruby Receptionist, cuyos trabajadores reciben el llamado ‘Archivo de sonrisa’ para anotar los comentarios agradables que reciban de compañeros, superiores y clientes.  

 Y para terminar este particular viaje por el planeta, un consejo no para que seamos felices, sino también para conseguir que los demás lo sean. Para ello, Wiking se fija en la pelicula Amélie, en la que el personaje de Audrey Tatou decide hacer feliz a las personas que la rodean. “¿Y si todos nos convirtiéramos en superhéroes secretos de bondad?”.

El danés dice que estamos faltos de más personas como Amélie, e invita a que la emulemos.  

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