La inflación subyacente se desborda un 4,4%, a máximos desde 1995, y enciende alarmas: qué es y por qué es un peligro que se incruste en la economía

Compra en supermercado y ticket con precios

Getty Images

El dato de inflación de abril deja un gusto agridulce: la escalada de precios parece haber tocado techo y podría empezar a encarrilarse en los próximos meses. El problema es que hay un alto riesgo de que la inflación subyacente se incruste en la economía.

La cesta de la compra siguió encareciéndose en abril un 8,3%, pero menos que en marzo, cuando los precios se dispararon un 9,8%, hasta niveles no vistos en casi 40 años

Algunos analistas, como Funcas, habían vaticinado que abril sería el mes en que la inflación tocaría techo, y los últimos datos lo confirman. La inflación se moderó en el último mes gracias al abaratamiento de la electricidad y los carburantes. 

Sin embargo, ahora la alerta está en la inflación subyacente, que en abril aumentó al 4,4% y tocó un máximo al que no se llegaba desde 1995, según los datos publicados hoy por el INE. En enero, la tasa era casi la mitad, y estaba a niveles de 2012.

El propio Ministerio de Economía ha reconocido hoy que "preocupa la evolución ascendente que viene registrando este componente".

"La persistencia de las presiones inflacionistas durante más tiempo del previsto tiene un límite, y parece que ese límite ha llegado. Contener esta inflación (subyacente) es un proceso más complejo", avisa María Romero, socia directora de Economía de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

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"Un punto de subida en un mes es muchísimo. Mes tras mes estamos viendo cómo parece que la inflación subyacente va a camino de llegar al Everest", avisa Gonzalo Bernardos, profesor Titular de Economía de la Universidad de Barcelona.

¿Qué es la inflación subyacente y por qué importa?

Supermercado

La inflación subyacente mide cuánto se han encarecido de media los productos sin tener en cuenta la energía y los alimentos no elaborados. Es como sacar estos 2 elementos de la cesta de la compra para calcular cuánto más nos cuesta consumir cada mes.

La razón por la que se excluyen energía y alimentos no elaborados del cálculo es porque, en comparación con otros bienes y servicios, son enormemente volátiles. Su precio sube y baja constantemente influido por factores tan cambiantes como el propio clima (si hay heladas, mucho viento o sequías, por ejemplo).

La inflación subyacente, por tanto, "es el grueso de la cesta de consumo", resume María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. "Es un térmómetro más fiel del comportamiento de los costes de adquisición de la cesta de la compra", coincide Romero.

La tasa general empezó a subir hace un año, impulsada por el alza de la energía y de las materias primas. Si en abril del año pasado la inflación subía un 2,2%, la tasa subyacente estaba congelada en el 0. 

"La inflación subyacente va retrasada respecto al aumento de los precios de hidrocarburos (y de la tasa general) porque las empresas no aumentan los precios instantáneamente ante esta alza de costes, sino que van haciéndolo paulatinamente", ilustra Antonia Díaz, doctora en Economía por la Universidad de Minessota y profesora Titular en la Universidad Carlos III de Madrid.

3 causas detrás del 'subidón' de abril

Pero la energía y las materias primas siguieron encareciéndose durante el verano, echando más gasolina a una inflación ya inflamada, y poco a poco esas subidas se han ido contagiando al resto de la cesta de consumo. 

"Que la inflación subyacente aumente significa que, desde hace ya varios meses, toda esa tormenta de costes energéticos y de materiales que sufrían las empresas se ha estado trasladando a precios finales de los productos que fabricaban", añade Fernández. 

Esta sería la primera causa. Lo que empezó siendo un encarecimiento de la energía y los materiales, terminó convirtiéndose en una subida de precios generalizada para todos aquellos productos y servicios cuya elaboración requiere de energía o alimentos, es decir, casi todo.

En abril, avisa Fernández, "se ha acelerado ese proceso de transmisión, y ya empieza a afectar de forma significativa a la capacidad adquisitiva de los consumidores". 

Más allá del propio efecto contagio por los costes de las empresas, hay un segundo factor: la reactivación de la demanda y del turismo:

"España es un país donde el consumo por turismo y ocio es muy elevado. Con la pandemia, estos sectores cayeron notablemente, pero al haberse reactivado con fuerza en Semana Santa, ocurre que la inflación subyacente sube más de lo que se esperaba", explica Marta Martínez-Matute, doctora en Economía y profesora del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid.

En tercer lugar, añade Fernández, está el llamado efecto escalón: como durante los primeros meses del año pasado la inflación subyacente estuvo contenida (no fue hasta julio que empezó a subir) a la hora de hacer la comparativa en meses como abril estamos tomando como referencia un nivel de precios relativamente bajo.

Si de las 200 clases de productos que componen el Índice de Precios al Consumo (el índice que mide la inflación), sólo 20 se habían encarecido más de un 4% en septiembre del año pasado; en marzo de 2022 son unas 92, casi la mitad de la cesta de consumo creciendo por encima del 4%. El ejemplo de cómo el impacto de la energía y los alimentos se ha extendido como una mancha de aceite.

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Una vez se incrusta en la economía, es más difícil que baje

Parece que la inflación general ha tocado techo, al fin, después de venir escalando desde marzo de 2021 (en febrero de 2021 estaba en el 0, en marzo de 2022 en el 9,8%). Pero ahora todos los ojos se han puesto en una nueva preocupación: la subyacente.

Lo preocupante es que, mientras la inflación general toca techo, la subyacente sigue subiendo, como si se hubiera desacoplado.

"La tasa subyacente es la estructural. Una vez que sube, es difícil hacerla bajar", avisa Bernardos.

Lo que ocurrirá en los próximos meses, vaticina Díaz, es que "la inflación subyacente caerá con mucha más lentitud". Por 3 razones: 1. Que las empresas esperarán a ver señales de estabilización de la energía antes de dejar de subir precios. 2. También esperarán a ver cuál es la respuesta salarial (si tienen que subir salarios, terminarían repercutiendo ese aumento en el precio final de sus productos), y 3. La respuesta será desigual dependiendo del grado de competencia en los mercados.

No obstante, según las previsiones, añade Martínez-Matute, la inflación subyacente se irá moderando a lo largo del año.

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