Netflix le ha cogido gusto a lo de cancelar series en la primera temporada, una práctica tan mala para la marca como frustrante para el cliente

Un fotograma de 'The Irregulars'.
Un fotograma de 'The Irregulars'.

Netflix / Matt Squire

  • Netflix no tiene misericordia cuando se trata de cancelar series que no han terminado de cuajar, aunque ello suponga hacerlo en su primera temporada.
  • La demanda económica de la producción y el aumento de la competencia ha reducido la paciencia de quien decide sobre la continuidad.
  • La cancelación de series en su primera temporada tiene consecuencias que van más allá de la mala prensa que llevan aparejadas: los principales damnificados son los clientes.
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The Crew, Country Comfort, The Irregulars, Jupiter's Legacy, Grand Amy… parece que Netflix no tiene misericordia cuando se trata de cancelar series que no han terminado de cuajar, aunque ello suponga hacerlo en su primera temporada. Se trata de una práctica cada vez más frecuente en el entorno de plataformas, pero es en Netflix en donde llama poderosamente la atención. Cerca de 40 series han sido canceladas en su primera temporada desde el debut de la compañía en la producción original. Una tendencia al alza que está en las antípodas de lo que hacían con sus primeros Netflix Originals: House of Cards tuvo 6 temporadas, Orange is the new black, 7. 

Cuando las series televisivas eran más longevas y la pelea entre programas por arañar audiencia era menos encarnizada (porque había menos oferta) era habitual encontrarse con sleepers, series que no conseguían unos resultados espectaculares en sus inicios pero que, con el tiempo, iban encontrando su hueco en el corazón de los espectadores. Hoy la demanda económica de la producción y el aumento de la competencia ha reducido la paciencia de quien decide sobre la continuidad del programa.

 Ante resultados discretos ¿qué sentido tiene alargar la agonía pudiendo emplear ese dinero en explorar otras historias? El resultado de este razonamiento son finales abruptos y despedidas inesperadas que ocurren incluso antes de que el público haya tenido la posibilidad de encariñarse con los personajes e, incluso, de saber que esa serie existe. 

¿De verdad cancela Netflix más series que las demás plataformas? 

Esta percepción tiene mucho que ver con su elevado nivel de producción. Al estrenar mucho contenido aumentan las posibilidades de que dichos estrenos no alcancen el umbral mínimo de audiencia que justifique una renovación. Por eso la cifra es proporcionalmente mayor al de la competencia. 

Desde la compañía aseguran que no se toman las decisiones de cancelación a la ligera. Bela Bajaria, Global Head of TV, aseguraba en una entrevista a Deadline que su ratio de renovación de programas en sus segundas o más temporadas es del 67%, un porcentaje muy alineado con los estándares de la industria. 

¿Te desespera que tu plataforma de streaming no recuerde el capítulo por el que vas, se cuelgue o fallen los subtítulos? La experiencia de usuario ya es tan importante para estos servicios como el contenido

Ted Sarandos, jefe de contenidos y Co-CEO de Netflix aseguraba en el mismo medio que esa percepción también es el resultado de que en la mente del espectador todavía esté instaurado el modelo televisivo clásico (el de programas muy longevos con muchas temporadas). Un modelo que, en su opinión, cada vez tiene menos sentido en la era de internet, en el que la aceleración del consumo está reajustando los estándares en la duración de las series. 

Que las cancelaciones en el ámbito del streaming parezcan más abruptas también es consecuencia del modelo de producción en bloque (mediante el encargo de temporada entera) frente al modelo de pilotos, en los que la acogida de la serie se podía evaluar antes de tener una temporada completa. 

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En realidad, Netflix no hace las cosas de manera muy distinta a como se ha hecho durante décadas en la televisión tradicional. La clave de la continuidad se basa en una premisa simple: que la audiencia que genere justifique el coste de renovarla. En un entorno en el que la retención de clientes depende de las horas de visionado, no parece que tenga sentido darle continuidad a un programa (con la inversión que lleva aparejada) si ya ha demostrado que no es eficiente concentrando visionados en una horquilla temporal determinada (esos 21 días en los que Netflix decide si sigue o no adelante). 

El streaming se ha convertido en un negocio impaciente. La amenaza del churn, es decir, que el cliente se vaya cuando topa con programas que no le interesan, es lo que afianza la convicción de que no tiene sentido invertir más en alargar la agonía. Resulta mucho más eficiente invertir el coste de una nueva temporada en un programa que sí consiga conectar con el público.  

El coste no económico de la cancelación: la frustración del cliente

La cancelación de series en su primera temporada tiene consecuencias que van más allá de la mala prensa que llevan aparejadas. Los principales damnificados son los clientes. Esta política exprés de cancelaciones genera frustración tanto en los que ya la han visto (que no ven recompensado el tiempo y esfuerzo que han invertido en verla) como pereza en los que todavía no lo han hecho (la percepción de que es mala o la expectativa de un giro sin resolver o de encariñarse con la historia desincentiva el visionado). 

Estas primeras temporadas quedan, además, en una posición de debilidad con respecto al resto de contenido de catálogo. Las malas valoraciones y la indiferencia las acaba condenando a las zonas abisales del algoritmo. Muchos consideran que Netflix debería plantearse seriamente producir menos y mejor, dando más recorrido a sus series. El contenido, después de todo, es su gran activo, imprime el valor a la marca. Y la marca no puede sostenerse sobre programas de vida efímera que terminan condenados al olvido. 

Seguro que existe un término medio entre la serie estirada innecesariamente y la fulminada en fase de gateo.  

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