La producción audiovisual de las plataformas de 'streaming' en España sigue creciendo, pero no está blindada: estos factores podrían hacer mella en sus cifras a medio plazo

Itziar Ituño como Malen en 'Intimidad', una de las series más populares del momento en Netflix.
Itziar Ituño como Malen en 'Intimidad', una de las series más populares del momento en Netflix.

Netflix/David Herranz

La producción de contenido original de las OTT en España continúa registrando cifras récord.  Según los datos de la consultora GECA, los primeros seis meses del año se han cerrado con un balance de 48 títulos estrenados (la mitad de ellos de contenidos de ficción), con Movistar, Prime Video y Netflix liderando el ranking

España parece que se ha convertido en una isla protegida de las inclemencias que en la actualidad azotan a gran parte del sector del streaming. Pero los aires arrecian cada vez más fuerte. La presión de factores como la situación económica o la “uberización” del modelo de producción plantean una severa amenaza. 

España, territorio clave del streaming

El desembarco de las plataformas de streaming en España fue un auténtico catalizador para el desarrollo de más proyectos. Según el informe Oportunidades de los Contenidos Audiovisuales en España en 2015 se produjeron 28 series, cifra que se triplicó en los cinco años siguientes. 

Los datos de GECA correspondientes al primer semestre de 2022 siguen la tendencia alcista de estos últimos años, a excepción del parón pandémico. Ya somos el segundo país europeo con mayor producción de horas de ficción, además de territorio clave dentro de la hoja de ruta de las over the top. Este fenómeno no ha pasado desapercibido a nivel institucional. 

El alcance global de las producciones made in Spain y su capacidad para generar empleo es lo que ha impulsado, en gran medida, el plan 'España, Hub Audiovisual de Europa', un proyecto que recibirá más de 1.600 millones de euros de inversión pública hasta 2025. ¿El objetivo? Atraer inversores, talento internacional y, en general, hacer la industria todavía más competitiva y exportable. 

Que se produzca más es la consecuencia de la acción combinada de dos factores fundamentales: el aumento de la inversión y el incremento de la demanda de ficción española. Los numerosos ejemplos de éxito la han validado, dentro y fuera del país, reforzando no solo la percepción de valor del equipo artístico sino también de las productoras responsables de dichos proyectos.

Las plataformas se han topado con un escenario ideal para levantar proyectos: producir es más barato que en otros territorios, existen beneficios e incentivos fiscales y la industria local está tremendamente profesionalizada, tiene una larga experiencia y un conocimiento profundo de la audiencia. 

El problema es que el mercado ha empezado a enviar señales bastante menos optimistas. 

"Simplemente hay demasiada televisión", John Landgraf

Esta situación de bonanza en España está discurriendo en paralelo a la delicada situación en la que se encuentra el negocio del streaming. El trimestre horribilis de Netflix, que declaró por primera vez en su historia una fuerte caída de suscriptores, hizo saltar las señales de alarma. Wall Street ha empezado a poner en tela de juicio la sostenibilidad de un negocio que históricamente se ha dedicado a gastar más de lo que gana (principalmente para financiar contenido original). 

El apalancamiento del crecimiento de las plataformas, acentuado después del artificial subidón de la pandemia, ha sido la puntilla. La famosa profecía que John Landgraf, presidente de FX, hizo en agosto de 2015 parece estar haciéndose realidad: sencillamente hay demasiada televisión  y no es sostenible.  

La crisis sociopolítica y la inflación desbocada están haciendo que se tambalee el bien más preciado de las plataformas: la base de suscriptores. Las compañías ahora tienen menos posibilidades de hacer cabriolas financieras en sus balances ya que Wall Street las mira con lupa, de ahí que están optando por apretarse el cinturón y no invertir en gastos que luego no sean capaces de amortizar. 

Esto, en opinión de muchos analistas, evidencia que estamos entrando en una nueva etapa marcada por la reducción de riesgos y una mayor austeridad en el gasto.

El último movimiento en este sentido lo ha servido en bandeja HBO Max. Esta semana anunciaba que suspenderá gran parte de su producción original en Europa. La fusión de Warner Media y Discovery (la nueva empresa matriz) ha disparado su deuda, de ahí la decisión de adoptar una política más conservadora, cancelando gran parte de sus planes de producción original en distintos territorios. España y Francia son los únicos países que no se verán afectados por esta medida. 

Pero la decisión con respecto al mercado español no tiene tanto que ver con una mayor fortaleza como por su función estratégica: el gancho de sus contenidos es clave en Latinoamérica y EEUU, en donde una cuota importante de clientes es de origen hispano. 

Existe otro factor latente a tener en cuenta a medio plazo, relacionado con la sostenibilidad del modelo de producción que las plataformas han establecido en España. La elevadísima demanda de este tipo de contenidos ha trasladado a las productoras locales un coste invisible que muchos parecen no tener en cuenta. 

Como explican Fabia Buenaventura y Cristina Perpiñá-Robert en el Informe sobre el estado de la cultura en España 2022, publicado por la Fundación Alternativas, esto se está traduciendo en "condiciones de contratación muy duras en temas de propiedad intelectual para autores y productoras independientes, saturación de títulos similares, exceso de oferta de contenidos, precarización de las condiciones de trabajo, dificultades —por el exceso de demanda— para contratar equipos profesionales de primer nivel, canibalismo y presiones de adquisiciones y fusiones entre las mismas plataformas" entre muchas otras. 

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El aumento de la inversión y del nivel apuesta por la producción hecha aquí ha supuesto un espaldarazo tremendo para el sector. Eso es indudable. Pero como explica María Trinidad García Leiva en el mismo informe, "la contracara del aumento del número de títulos así producidos, especialmente en ficción seriada, es la pérdida de control sobre los mismos (porque se llega incluso a renunciar para siempre a toda clase de derechos de explotación), y, con ello, de sus posibilidades de proyectarse al exterior más allá de las estrategias de mercado de las plataformas (así como obviamente de computar como una venta internacional propiamente dicha)". 

Los riesgos parecen evidentes. "Crear con/para una plataforma global, a cambio de recibir un tentador pago por adelantado, es sinónimo de renunciar a backends por reemisiones en segundas ventanas y royalties por reproducción, además de correr el muy probable peligro de acabar en un “cementerio de obras invisibles” o ser cancelado sin posibilidad de obtener continuidad ni siquiera en otros servicios", concluye Leiva. 

Las guerras del streaming parecen estar abriendo un nuevo capítulo, uno en el que la producción descontrolada de los últimos años deberá enfrentarse a una nueva realidad: el retorno de la sostenibilidad. 

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