"Si reconocemos que un robot puede inventar, el sistema cambia totalmente": el director de la Oficina Española de Patentes, ante los dilemas de las IA inventoras

  • Si un producto lo inventa una IA, ¿quién es su autor, la propia inteligencia artificial o su responsable? El dilema que mantienen las oficinas de patentes de todo el mundo.
  • José Antonio Gil Celedonio, director de la Oficina Española de Patentes y Marcas, avanza que estos desarrollos podrían cambiar el paradigma por completo.
  • Pide prudencia y cautela, ya que la labor de las oficinas de patentes es garantizar certezas y certidumbre para que la innovación continúe.
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Una botella capaz de cambiar de forma y una lámpara que puede lazar fogonazos imitando la actividad de un cerebro. Estos son los dos diseños industriales que presentó una inventora llamada Dabus para que las oficinas de patentes de Reino Unido y de la Unión Europea se la licenciaran.

Sin embargo, Dabus obtuvo un no por respuesta.

La razón que esgrimieron las autoridades de marcas y patentes británicas y comunitarias fue contundente. Dabus no puede ser inventora ni titular de ninguna patente porque Dabus no es un ser humano. Dabus es un sistema de inteligencia artificial.

En realidad Dabus es el sobrenombre que recibe una IA diseñada por el doctor Stephen Taler, y que presentó a mediados de 2019 estas dos solicitudes de patentes que a principios del año pasado fueron desestimadas. El director de la Oficina Española de Patentes y Marcas, un órgano dependiente del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, reconoce que este debate ya se ha abierto de pleno tanto en su entidad como en todo el mundo.

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José Antonio Gil Celedonio, que atendió hace unos días a Business Insider España, destaca que este debate "va más allá de lo jurídico". Lo que la OEPM conoce como "invenciones implementadas por ordenador" son una realidad y el responsable de la oficina se hace una pregunta: qué ocurrirá cuando los autores de las invenciones sean ya robots.

"Se difumina el concepto de inventor y puede que se difumine incluso el propio concepto de propiedad industrial o propiedad intelectual", avanza. "Si se entiende que la patente es un sistema por el que el estado concede un monopolio temporal a un inventor para que pueda explotar su invención sin competencia durante un tiempo limitado, antes de que pase al dominio público, ¿qué ocurre si el inventor es una máquina?".

Lo primero que hay que tener en cuenta es que una máquina por sí misma "no tiene incentivos para proteger su inversión". A una máquina no le tiene por qué preocupar disfrutar del retorno económico de un hallazgo o una invención.

Pero aunque estas invenciones implementadas por ordenador ya sean una realidad, José Antonio Gil Celedonio pide prudencia y cautela. No cree que haya que acelerar este debate, por mucho que ya esté a las puertas de la propia Oficina de Patentes y Marcas. "Como poderes públicos debemos ofrecer certezas a sectores que son muy innovadores, sin olvidarnos de que no todo puede ni debe ser patentable".

"Tenemos que tener mucho cuidado", incide. "Lo que se necesita en un sistema de patentes es que haya mucha seguridad jurídica. Las patentes son una pieza esencial para el desarrollo tecnológico y el crecimiento de la investigación científica de un país". "Es una barrera temporal a la libre competencia que se justifica con la recompensa o el incentivo que debe tener la creatividad o la inventiva".

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En el sistema de patentes se suele hablar del monopolio que le conceden los poderes públicos a los inventores. "Pero se habla poco del compromiso del inventor". "Cuando un inventor pide una patente, se compromete a que toda la documentación técnica de su hallazgo se incluya en una base de datos y pase al cabo del tiempo al dominio público. Esto es esencial".

Un ejemplo son las vacunas contra el coronavirus. El hecho de que la ciencia haya encontrado en tiempo récord un suero para combatir la pandemia que asola al mundo desde el año pasado responde a que la técnica ya estaba avanzada y documentada con otras enfermedades desde hacía años. "Estas vacunas no serían posibles si hace 15 o 30 años no se hubiese investigado de forma previa en esta materia".

"Estos debates se están manteniendo en el ámbito internacional", reconoce Gil Celedonio. "La oficina europea de patentes dejó claro que una máquina no puede ser inventora. Se considera que para una invención es imprescindible contar con la creatividad humana. Según cómo evolucione todo, quizá nos tengamos que cuestionar incluso la autoría de las invenciones", reconoce.

"Es como si generásemos un motor que nos escribiese guiones de cine", abunda. "El guion sería raro, veríamos muchas cosas que no nos gustarían, pero, ¿a quién se le atribuiría su autoría?". "Estos debates se están teniendo ahora mismo en todo el mundo y es importante que participemos en ellos y los limitemos de una forma muy clara".

Y es que estos debates también introducen "complicaciones". Pero una cosa sí tiene clara el director de la Oficina Española de Patentes y Marcas. "Las patentes son fundamentales". "Necesitamos que haya más porque estas patentes están ligadas a la soberanía industrial y a la capacidad exportadora de tecnología española". "España cuenta con la capacidad científica y humana para ser ya exportadora de tecnología".

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