El sol está entrando en "ebullición", lo que podría provocar fatales consecuencias para la humanidad

Marianne Guenot
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La luz brillante de una erupción solar en el lado izquierdo del sol en una imagen tomada en junio de 2013.
La luz brillante de una erupción solar en el lado izquierdo del sol en una imagen tomada en junio de 2013.

NASA/SDO

  • Según un experto, el Sol está entrando en un periodo de máxima actividad que durará varios años.
  • Esto significa que el astro producirá más erupciones solares, o potentes estallidos de energía.
  • Las erupciones solares pueden interrumpir las comunicaciones por radio y las redes eléctricas en la Tierra.

El Sol podría estar despertando tras casi una década de relativa calma, según los científicos, y eso podría causar problemas en la Tierra.

Las tormentas solares que azotan a nuestra estrella durante su periodo activo crean ráfagas de energía electromagnética que pueden afectar a todo, desde la red eléctrica hasta las señales GPS.

Estos llamados máximos solares se producen aproximadamente cada 11 años, pero no han supuesto ningún gran problema en el pasado.

Sin embargo, los científicos temen que nuestra dependencia de la electricidad y la interconectividad nos haga mucho más vulnerables a sus efectos en esta ocasión.

Los polos del Sol se dan la vuelta

Imagen de una tormenta solar capturada el 31 de agosto de 2012, en comparación con la Tierra.
Imagen de una tormenta solar capturada el 31 de agosto de 2012, en comparación con la Tierra.

Reuters

El Sol es una gran bola de plasma que se calienta en su centro. El plasma, formado por partículas cargadas, hierve hacia la superficie, se enfría y se hunde de nuevo hacia el núcleo.

Ese movimiento, llamado convección, es el que crea fuertes campos magnéticos en los polos y campos magnéticos locales más pequeños en la superficie del Sol.

Cada 11 años aproximadamente, el Sol se vuelve "convectivamente inestable", es decir, sus campos magnéticos se vuelven tan inestables que los polos norte y sur cambian bruscamente, alterando la polaridad de nuestra estrella, explica Mathew Owens, catedrático de Física Espacial de la Universidad de Reading.

Esa inestabilidad causa estragos en los campos magnéticos de la superficie del Sol, que se vuelven mucho más activos. Es entonces cuando se produce el máximo solar.

Las tormentas solares podrían dejar en tierra a los aviones

El sol es mucho más propenso a lanzar energía hacia nosotros durante sus máximos.

Cuando los campos magnéticos locales del Sol se enredan y chocan entre sí, pueden explotar. La energía y las partículas cargadas del Sol son expulsadas al espacio.

Esa energía puede afectar a las comunicaciones al alterar la ionosfera, una capa de partículas cargadas en la atmósfera superior. La principal consecuencia son los problemas en el transporte aéreo.

"La meteorología espacial puede dejar en tierra los vuelos", destaca Owens, añadiendo que la Administración Federal de Aviación "no permitirá vuelos si no tienen comunicaciones tanto por radio como por satélite".

 

Un estudio de 2023 que analizó los registros de vuelos durante 22 años descubrió que los aviones tenían un 21% más de probabilidades de sufrir retrasos de al menos 30 minutos cuando el sol estaba muy activo.

Los rayos pueden cambiar los campos magnéticos de la ionosfera, lo que puede afectar a las señales GPS que tienen que atravesar esa capa para llegar a la Tierra.

Las señales de radio enviadas desde la Tierra también tienen que rebotar en la ionosfera para llegar de un punto a otro, lo que resulta menos eficaz en condiciones meteorológicas espaciales adversas.

En la actualidad, las señales de radio son mucho menos importantes para las comunicaciones básicas. Pero varias industrias utilizan las señales de radio para respaldar sus otros sistemas de comunicaciones en caso de fallo.

Puede haber cortes de electricidad

La tormenta geomagnética altera la carga magnética de la ionosfera y crea corrientes en ella. Esas corrientes en la alta atmósfera interactúan con las partículas del suelo. La interacción entre estas partículas crea fuertes corrientes eléctricas que pueden inundar las infraestructuras de la Tierra.

Esto puede desencadenar algunos fenómenos extraños. Por ejemplo, en 1972, los pilotos militares estadounidenses que volaban al sur del puerto de Haiphong en Vietnam del Norte vieron explotar dos docenas de minas marinas en el agua sin ninguna causa aparente. Un estudio de 2018 que analiza la meteorología espacial de la época concluyó que la causa fue una enorme tormenta solar.

Si las corrientes inundan la red eléctrica, pueden hacer estallar los transformadores.

Un transformador dañado no causará mucho problema. Pero una gran tormenta geomagnética en dirección a la Tierra —una tormenta tan grande que "probablemente brindaría auroras hasta los ecuadores"— podría hacer que varios transformadores se estropearan a la vez, o sobrecargar otros transformadores que podrían entonces estallar, dejando fuera de servicio toda la red, según Owens.

En ese caso, según Owens, reiniciar la red "podría ser cuestión de semanas o incluso meses".

"En tal caso se perdería la refrigeración, se perdería la electricidad de los hospitales... las cosas se pondrían muy serias con bastante rapidez", indica el experto. 

Hasta ahora hemos tenido suerte. La peor tormenta solar que hemos visto ocurrió en 1859. Pero la dependencia de la electricidad por entonces era mucho menor: lo único que dejó fuera de servicio fueron las líneas telegráficas.

Sin embargo, un fenómeno meteorológico espacial ocurrido en 1989 demuestra lo vulnerables que nos hemos vuelto: el 13 de marzo, una enorme tormenta geomagnética dejó sin electricidad a seis millones de habitantes de Quebec durante nueve horas.

Las auroras pueden hacerse más grandes y brillantes

Hombre debajo de una aurora boreal

Getty Images

Cuando estas tormentas geomagnéticas chocan contra la ionosfera, pueden hacer que las auroras brillen a lo grande.

"El óvalo de auroras que se sitúa sobre los polos norte y sur es el resultado de las corrientes que fluyen en la atmósfera terrestre", explica Owens. "Y casi siempre están ahí, pero se vuelven mucho más fuertes cuando hay una tormenta geomagnética".

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Ya comienzan a verse algunos de los efectos de estas erupciones solares. La BBC informó de que el domingo por la noche se vieron auroras en el sur del Reino Unido y que se esperaban más en los próximos días.

El propio sol podría estar erupcionando en formaciones más bellas. La NASA también observó este mes un raro vórtice polar.

Los astronautas serán más vulnerables a la radiación espacial letal

El sol también emite material radiactivo, llamado partículas energéticas solares, que puede resultar peligroso para los astronautas.

Los seres humanos en la Tierra están protegidos de esa radiación, ya que la mayor parte rebota en la ionosfera y el resto es absorbido por la atmósfera. Incluso la Estación Espacial Internacional está protegida por la ionosfera.

Pero si la radiación alcanza a un astronauta en el espacio exterior, puede ser muy peligrosa, anota Owens.

"Si se pretende enviar una tripulación a la Luna o a Marte, hay que preocuparse de verdad por estas cosas, porque se trata de una dosis de radiación grave y potencialmente mortal", destaca. 

Hasta ahora, los astronautas han tenido suerte. 2 misiones tripuladas Apolo escaparon por los pelos de una enorme tormenta solar en agosto de 1972: Apolo 16 había aterrizado en la Tierra en abril, mientras que Apolo 17 despegó en diciembre.

"Se la perdieron por pura casualidad, y podría haber sido fatal para los tripulantes". 

Sin embargo, SpaceX y la NASA pretenden aumentar sus misiones en los próximos años, por lo que tendrán que prepararse para las tormentas solares; el problema es que no hay una buena manera de proteger a los astronautas en el espacio.

En definitiva, no estamos preparados para el mal tiempo espacial

Owens dijo que si la tormenta solar de 1859 ocurriera hoy, seríamos "mucho más vulnerables".

Con cada década, nos volvemos más dependientes de la infraestructura eléctrica. Y el último ciclo solar, que alcanzó su punto álgido en torno a 2010, fue especialmente tranquilo y puede habernos adormecido con una falsa sensación de seguridad.

"Fue el más pequeño que habíamos tenido en unos 100 años", detalla Owens. "El peligro de pasar de un ciclo pequeño a uno ligeramente mayor es que entonces te das cuenta de dónde están todas las vulnerabilidades", añade. 

Aun así, no corremos un peligro inmediato. Los físicos predicen que este ciclo no será el mayor que hayamos visto nunca, y la tecnología de detección de tormentas está mejorando para poder prepararse mejor ante ellas.

Además, los científicos también están aprendiendo cada vez más sobre el Sol. La sonda Parker Solar Probe de la NASA, por ejemplo, se dirige hacia el Sol y es probable que proporcione imágenes sin precedentes y nuevos datos apasionantes en diciembre.

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