"Pensar que abandonando este mundo real para refugiarnos en un mundo sin restricciones podemos alcanzar la felicidad es engañoso", según Carlos Blanco, uno de los filósofos españoles más reconocidos

Carlos Blanco, filósofo, escritor y profesor.
Carlos Blanco, filósofo, escritor y profesor.

Carlos Blanco

Hace ya algún tiempo, Elon Musk, CEO y fundador de SpaceX y Tesla, dijo: "Suelo estar en contra de las regulaciones estrictas, pero en inteligencia artificial la necesitamos [...]: es un riesgo para nuestra civilización".

Hasta cierto punto nadie le podría quitar la razón a Musk ya que, de superar el límite de la conciencia humana y alcanzar la consciencia, la inteligencia artificial sería el último invento desplegado por el ser humano.

Aunque las reflexiones filosóficas no abarcan solo esta especie de cibercatastrofismo, sino que se extienden hacia un mundo donde la humanidad es capaz de salvarse a sí misma, precisamente, gracias a tecnologías como la inteligencia artificial.

Casi nunca se habla de ella, pero la ética ha de estar presente en el mundo cada vez más tecnológico que se presenta. 

Por ello, Business Insider España ha conversado con Carlos Blanco, uno de los filósofos españoles más destacados del momento y autor de El sentido de la libertad: Cómo construir una autonomía responsable. Para Blanco, la gran preocupación es "la evolución de la tecnología". 

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"Antes era más optimista", asegura. "Creía que la tecnología liberaría al ser humano de muchas de las sujeciones que aún hoy nos impiden desarrollar nuestras auténticas posibilidades físicas y mentales, pero cada vez pienso que la tecnología se está convirtiendo en un instrumento de control y de incomunicación".

Además, la pregunta no se dirige tanto hacia qué tecnología, sino a cómo se emplea y a quién la controla, más aún si cabe en un mundo en el que grandes corporaciones abanderan las innovaciones en este campo.

"Sería verdaderamente triste que semejante grado de desarrollo tecnológico contribuyera a apuntalar las injusticias sociales que hoy existen", apunta.

No obstante, Blanco prefiere ser idealista y sus puntos de vista sobre temas como la inteligencia artificial, el transhumanismo o lo virtual avalan al que en 2015 fue elegido el miembro más joven de la Academia Mundial de Arte y Ciencia (WAAS, por sus siglas en inglés).

"Realmente aguardo el momento en que fabriquemos una mente superior a la humana"

Lo que diferencia a la ficción de la realidad es la capacidad para imaginar nuevos mundos posibles, aunque estos en ocasiones sean más parecidos a distopías. Distopías que, por otro lado, pueden estar más cerca de realizarse, como refleja la serie Black Mirror.

Por ejemplo, en uno de sus capítulos, se muestra una tecnología capaz de cargar recuerdos en la nube para revivirlos a gusto del usuario, una semejanza clara con el metaverso tan citado, que no es otra cosa que un mundo virtual.

Según Blanco, lo virtual no podrá sustituir nunca lo real, entendiendo este segundo mundo como el externo a la mente humana y a los soportes informáticos.

"Quizá un ser que solo fuera mente, una inteligencia artificial, preferiría el mundo virtual al real, porque para él el virtual sería más real; pero no es nuestro caso, y no creo que vaya a serlo a medio plazo", detalla.

Carlos Blanco.

Al mismo tiempo que reconoce ser escéptico respecto al metaverso, está altamente intrigado con el potencial que tiene la inteligencia artificial, sobre todo, en su faceta más teórica.

"Realmente aguardo el momento en que fabriquemos una mente superior a la humana, una mente artificial que trascienda los límites de la inteligencia humana y nos revele qué hay más allá de lo que nosotros somos capaces de pensar", apostilla.

Así, recela en parte del transhumanismo, la filosofía cuyo corpus se basa en que la tecnología ha de mejorar la calidad de vida del ser humano, ya sea mediante implantes o modificaciones.

"El transhumanismo suele asumir que la innovación seguirá creciendo a un ritmo prácticamente exponencial, pero ya hay señales inquietantes de que la productividad de la investigación está bajando", resume Blanco.

Es decir, cada vez es más complicado crear algo nuevo e innovar, el punto clave en el que para el filósofo entraría en juego una inteligencia artificial fuerte, capaz de sustituir por completo a la mente humana en investigación e innovación.

Ese escenario aún no se atisba. Para que existan máquinas que sean dueñas de sí misma, aún queda bastante tiempo, ya que las actuales tienen sus limitaciones en las instrucciones que el ser humano les ofrece.

La tecnología debería estar al servicio de la humanidad

En la saga de videojuegos Assassin's Creed aparece una tecnología disruptiva llamada Animus, con la que se puede acceder a recuerdos grabados en el genoma humano, mediante simulaciones completamente reales.

Es ficción. Aunque para Blanco esta posibilidad no implicaría una mayor felicidad o mayor libertad de creación e innovación.

"Pensar que abandonando este mundo real para refugiarnos en un mundo sin restricciones podemos alcanzar la felicidad es engañoso", reflexiona. "Además, un mundo sin límites, donde todo fuera posible, ¿de qué manera nos estimularía y nos obligaría a continuar creando, desafiándonos, avanzando?".

Por ello, el futuro ideal para el filósofo no consiste en el abandono o dejación de lo real por estos nuevos mundos virtuales, sino en el control de la tecnología por parte de la humanidad.

"En definitiva, que la tecnología se subordine a los intereses de la humanidad y no la humanidad a los de la tecnología", resume.

Tal como contempla Blanco, la tecnología y el desarrollo en torno a esta, a pesar de sus peligros, puede contribuir a proporcionar a la humanidad mayor libertad frente a la naturaleza. Y así ocurre, por ejemplo, con implantes neuronales que mejoran la calidad de vida de pacientes crónicos.

Ahora bien, el progreso no es lineal, por lo que abanderarlo no significa alcanzar mayores cotas de libertad frente a la tecnología. Es decir, según Blanco, los nuevos progresos abren 2 caminos: una senda autodestructiva frente a otra constructiva.

"Depende de nosotros que orientemos constructivamente el progreso, es decir, hacia mayores cotas de libertad, de igualdad y de fraternidad entre los seres humanos", concluye. "Si tuviera que resumir lo que yo espero, sería: un mundo más consciente".

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