"En 15 o 20 años esta conversación será mental": el metaverso es otro paso hacia la conexión de la mente "y la neurotecnología será esencial", según uno de sus mayores expertos

Un usuario demuestra en 2013 cómo puede escribir sin teclear mientras lleva un gorro en su cabeza.
Un usuario demuestra en 2013 cómo puede escribir sin teclear mientras lleva un gorro en su cabeza.

REUTERS/Nir Elias

  • La neurotecnología será parte esencial del futuro de la industria tecnológica, según vaticina Rafael Yuste, una de las eminencias de este ámbito, investigador en Columbia (EEUU).
  • La promesa del metaverso que hacen los líderes de las grandes tecnológicas forma parte de esta travesía en la que todos estarán conectados con la mente.
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Mark Zuckerberg convirtió en octubre de 2021 a Facebook en Meta, y prometió un metaverso en el que los usuarios podrían socializar e incluso trabajar con un componente de presencialidad. Para ello, la compañía está apostando por tecnologías como la realidad aumentada (AR) o la realidad virtual (RV), además de por dispositivos hápticos.

Pero irremediablemente todo dará paso a un mundo de dispositivos neurotecnológicos.

Uno de los mayores expertos de mundo en neurotecnología es el español Rafael Yuste. Investigador en la Universidad de Columbia (EEUU), Yuste es uno de los promotores de la BRAIN Initiative, un proyecto con una ambición similar al Proyecto del Genoma Humano y que comenzó a financiarse hace casi una década, cuando fue el presidente Barack Obama quien aceptó el guante.

La investigación en neurociencia ha evolucionado mucho. Hace 30 años, cuando Yuste comenzó a investigar, se podía considerar uno de los pioneros de este campo. Después de que la Administración Obama diese luz verde a esta BRAIN Initiative, otros países han entrado en la carrera: Israel, Canadá, China, o la propia Unión Europea están investigando.

Fruto de su experiencia, y de que están a punto de comercializarse dispositivos domésticos capaces de leer la mente (o Neuralink, la compañía de Elon Musk, promete implantar tecnología en cerebros humanos a partir del año que viene), la preocupación inmediata de Yuste es abrir todos los debates éticos necesarios para abordar la privacidad mental y otros neuroderechos.

De hecho, Yuste también forma parte del consejo directivo de la Neurorights Foundation.

Eso no quita que haya una serie de desafíos y amenazas éticas para la sociedad humana en su conjunto que merezcan la pena abordarse más adelante. En unos 15 o 20 años, precisamente el mismo lapso de tiempo que el investigador propone para esbozar una idea que antaño parecería futurista: conversaciones mentales, con traducción simultánea.

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En unos años será posible hablar gracias a dispositivos neurotecnológicos y a toda la tecnología que ya existe con personas de la China rural sin conocer un ápice de chino. Cabrá la posibilidad incluso de sentir dolor en los metaversos. Nada de eso es ciencia ficción.

Aunque Yuste incide en "los debates que debiéramos tener ahora, inmediatamente" sobre la privacidad mental ("nos va a estallar en las manos", enfatiza), sí señala que las transformaciones tecnológicas que viene proponiendo la industria desde hace años van encaminadas a un futuro con neurotecnología. El metaverso es el siguiente paso en esa travesía.

"Si lees las cosas que han dicho los líderes de la industria tecnológica desde hace 5 años o más...", se apresura a responder Yuste. Por ejemplo, ya uno de los cofundadores de Google decía que él veía un futuro con conexiones entre cerebro y computadora mediante una interfaz, de manera que nuestra habilidad mental, nuestra mente, se ampliaría y mejoraría con tecnología externa".

Hace más de 10 años, en un evento de Google, el propio Sergey Brin aseguró que querían que Google fuese al menos "un tercio" del cerebro de sus usuarios.

Yuste considera la neurotecnología como el siguiente salto tecnológico. "Si miras la historia de la industria tecnológica, primero empezó IBM con computadoras gigantescas del tamaño de una habitación. El siguiente paso fue el ordenador personal, donde Apple y Microsoft se lucieron. Luego el portátil. Después el iPad. El teléfono móvil...".

"De cada uno de estos saltos surgen nuevas compañías", detalla. "Lo que mucha gente ve venir es que vamos a estar todos conectados. Esta conversación que estamos teniendo tú y yo, quizá en 10 o 20 años, será mental. Estaremos conectados compartiendo todo tipo de información e incluso cada uno hablando en su idioma y con traducción simultánea".

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Por eso el metaverso será el siguiente escalón hacia un futuro en el que esa neurotecnología "será esencial" para la industria. Aunque sus investigaciones, y la de un sinfín de colegas suyos, priorizan la cura de varias enfermedades neurológicas, Yuste se abre a vaticinar "una nueva revolución económica de tecnología digital basada en interfaces cerebro-computadora".

"Hay muchas cosas que ya hacemos con animales rutinariamente. Por eso estoy tan metido en estas cuestiones éticas", avanza. 

En su propio laboratorio, con ratones, hacen cosas que antes o después se podrán hacer "con humanos". "Cambiar la voluntad de los animales, meterles alucinaciones, controlar su comportamiento. Y lo hacemos no por jugar a ser dioses con los animales, sino porque queremos aprender cómo funciona el cerebro para poder cuidar y curar todas estas enfermedades".

La neuroseguridad, un enfoque de derechos humanos

Al igual que el término neuroderechos, uno de los conceptos que no tardarán mucho en despegar será el de neuroseguridad. De la misma manera que ciberseguridad es aquella disciplina que se dedica a investigar y proteger a los dispositivos y usuarios en el mundo cibernético, la neuroseguridad será aquella que preserve la integridad y privacidad de la información de la mente.

"Es muy importante". Fruto de su trayectoria, Yuste ha mantenido encuentros con personalidades como Kristin Lauter, jefa de investigación en IA para la Costa Oeste de EEUU en Facebook. También con uno de los directivos encargados de la inteligencia artificial en Google.

Yuste explica que mientras la aproximación que propone Lauter al problema de las neurovulnerabilidades es el de criptografía muy avanzada con algoritmos "tan robustos que no se puedan romper", la propuesta de Google está encaminada a que la información cerebral que extraiga un dispositivo no salga de este. Aprendizaje federado, es como se conoce esta técnica.

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Desde la Fundación Neuroderechos, Yuste propone una tercera aproximación. "Nosotros pensamos que deberíamos abordarlo desde una perspectiva de derechos humanos. No podemos dejar que las tecnológicas tengan la solución para todo", expone.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es muy importante que se ha venido complementando y ampliando con una serie de tratados y declaraciones internacionales "firmadas por la mayoría de países del mundo, y a menudo con consecuencias penales para quienes los vulneren", recuerda Yuste.

"La sociedad se puede organizar y una manera efectiva de hacerlo es mediante estos derechos humanos. Pensamos que el problema de los neuroderechos es una situación global y hay que dar una respuesta global. Utilizar un nuevo tratado para que los derechos humanos contemplen la neurotecnología puede ser la herramienta más efectiva".

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