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China crea el sistema más grande de la historia para generar lluvia artificial

El Himalaya visto desde el Tíbet
Pixabay

Si seguimos el Génesis al pie de la letra, Dios no debió crear la lluvia hasta el cuarto día: el primero lo dedicó a la tierra ─plagada de agua─ y los cielos; el segundo, a la atmósfera que impediría que el agua se esparciese por el universo; el tercero, a la tierra seca que definiría posteriormente los continentes y océanos; pero es en el cuarto día cuando crea el sol, indispensable para que el agua se evapore. Como el texto sagrado no menciona nada acerca de las bajas y altas presiones, suponemos que la lluvia se originó ese mismo día. Un milagro de la creación que ha tardado dos milenios en repetirse, después de que China haya creado un sistema para producir lluvia artificial en el Tibet.

El proyecto, aún en fase de prueba, supone el primer intento de modificar el clima a gran escala con métodos más científicos que danzas de la lluvia tribales: a través de una red de cámaras de combustión instaladas en la cima de las montañas y que cubrirá un espacio de 1,6 millones de kilómetros cuadrados ─casi la misma extensión que ocupa México─ de la meseta tibetana, considerada la mayor reserva de agua dulce de Asia, tal y como apunta el South China Morning Post.

Con una altura media de 4.900 metros, el Tíbet es la región más alta del planeta y actualmente es la fuente de la que nacen o se nutren algunos de los grandes ríos del continente como el Ganges, el Yangtsé, Huang He o el Mekong. Paradójicamente, la meseta tibetana es uno de los lugares más secos del mundo ─linda al noreste con el desierto del Gobi─, con una media de 10 centímetros cúbicos de lluvia al año. La razón meteorológica es que el Himalaya impide que los vientos húmedos del sur lleguen a la región y el agua se concentre en la pared sur de la cordillera. Un fenómeno al que se conoce con el nombre de sombra orográfica.

Convertir la desértica meseta tibetana en un manantial

Por eso, el objetivo es aumentar las lluvias en toda China de los actuales 5.000 millones de metros cúbicos al año a 10.000 millones, una cifra que supondría abastecer a casi el 7% de la población del país. Para ello, las más de 500 cámaras que ya se han desplegado en la cresta de la cordillera deberán quemar combustible sólido para producir yoduro de plata ─indispensable en el proceso de siembra de nubes─ que se mezclará con el vapor de agua. Cuando el viento húmedo ascienda desde la cara sur, las partículas ascenderán y provocarán lluvia y nieve en la meseta tibetana.

Un sistema de satélites que monitorizan la cantidad de agua proveniente del océano Índico, que normalmente no traspasa la barrera natural que conforma el Himalaya, es el que permite disponer de datos en tiempo real para poner en marcha las cámaras, cada una de las cuales es capaz de formar nubes con una extensión de hasta cinco kilómetros cuadrados. Lo más curioso es que la concepción de estas cámaras de combustión se basó en la tecnología utilizada en los cohetes militares chinos. Y, al igual que sucede con éstos, podrán ser controladas a miles de kilómetros de distancia, incluso mediante un simple smartphone.

Controlar el clima, un viejo sueño

Sin embargo, el proyecto de la siembra de nubes no es nuevo. Desde hace una década el ejército chino dispone de la tecnología que ahora se empieza a utilizar en el Tíbet. El problema había sido la imposibilidad de quemar combustibles sólidos a más de 5.000 metros de altura. Hasta ahora, ya que China ha mejorado el diseño de esta cámaras hasta adaptarlas a entornos extremos como los de la cordillera del Himalaya, donde teóricamente podrán funcionar de manera autónoma durante meses o años.

Y es que construir e instalar cada cámara cuesta alrededor de 8.000 dólares, lo que supone un ahorro considerable respecto a otros métodos ya utilizados por China para dispersar yoduro de plata en el aire, como los aviones o los drones. Una innovación que, según Lei Fanpei, presidente de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China, podría suponer “una contribución importante no solo al desarrollo de China y la prosperidad mundial, sino también al bienestar de toda la raza humana". Si Dios lo permite.

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