Así es por dentro la fábrica de cerveza más grande de España: una producción de 600 millones de litros al año y una sala de control con cerca de 7.000 sensores

Vista de una de las líneas de envasado de la fábrica de Mahou en Alovera, Guadalajara.
Vista de una de las líneas de envasado de la fábrica de Mahou en Alovera, Guadalajara.

Mahou-San Miguel

Decir que Mahou ha sido de toda la vida la cerveza de Madrid es una afirmación más o menos razonable. No en balde, la fábrica central de la marca se encontró durante muchos años enfrente del emblemático estadio Vicente Calderón de la capital. 

Sin embargo, en 1993 la sede operativa de la marca dejó de situarse, tras 60 años en esa localización, en el paseo Imperial de Madrid. De hecho, no fue hasta la década de los 90 se inauguró el centro de producción de Alovera en Guadalajara (Castilla-La Mancha). 

El interés turístico y cultural que puede suscitar la que, según portavoces de Mahou, es la "mayor fábrica de España" de cerveza y "una de las más grandes de Europa" ha hecho que hasta ahora se hayan organizado visitas a sus instalaciones, pero con la llegada de la pandemia eso cambió. 

Desde que se estableciese el confinamiento, las visitas a la fábrica central de Mahou han estado pausadas. Ahora la marca quiere retomar estas excursiones al centro de producción de Alovera acompañándolas de actividades de cata y maridaje. 

He tenido la oportunidad de visitar las instalaciones de la marca cervecera antes de que tenga lugar su apertura al público general. Además, he entrevistado a Pablo Sánchez, responsable de Marketing, y le he preguntado por la reapertura de estas actividades.

"Estamos trabajando en volver a abrir nuestras puertas al público con el fin de ofrecer una visita diferencial, que contribuya a ampliar el conocimiento de nuestros visitantes en torno a esta bebida desde el disfrute", ha declarado Sánchez. El directivo ha asegurado que "por motivos de prevención, las visitas a nuestro centro de producción de Alovera se paralizaron desde el inicio de la pandemia.

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Sin embargo, en ningún momento se paró la producción en las instalaciones y esto les planteó la necesidad de buscar alternativas para que los consumidores pudieran "seguir disfrutando de esas experiencias compartidas y momentos de encuentro" que buscan impulsar desde la compañía. 

"Así, por ejemplo, nació Vibra Mahou en Casa, una propuesta de la plataforma de música de Mahou Cinco Estrellas que ofreció conciertos en streaming", ha relatado Sánchez. Más allá de estas iniciativas, una vez que ha mejorado la situación con el COVID, la marca busca retomar las visitas a fábrica.

"Nuestro centro de producción de Alovera es una ventana abierta a la elaboración de nuestros productos", ha explicado el directivo. "Queremos dar a conocer todo lo que hay detrás de la gama de cervezas española más premiada del mundo".

A la pregunta de cuándo tienen previsto retomar las visitas a sus instalaciones en Guadalajara, Sánchez ha respondido que esperan poder hacerlo "lo antes posible", aunque por el momento no cuentan con una fecha definida. 

Ha defendido, eso sí, que los consumidores pueden disfrutar de experiencias de cata y maridaje en otros espacios en los que está presente la marca, como El Patio Mahou, una terraza de verano que acaba de abrir sus puertas en Madrid.

Antes de que el público pueda volver a disfrutar de las visitas a la fábrica de Mahou, gracias a Business Insider España podrás hacer un recorrido por sus instalaciones, con el fin de que puedas averiguar cómo es la mayor fábrica de cerveza de España desde dentro:

Lo primero que me llama la atención cuando llego a la fábrica de Mahou es la magnitud de las instalaciones. Al menos desde fuera, cobra sentido que se trate de una de las fábricas de cerveza más grandes de Europa. 

Exterior de las instalaciones de Mahou en Alovera, Guadalajara (Castilla-La Mancha).

El origen de la marca se remonta al año 1890, que es cuando comienza la historia de Casimiro Mahou, un joven alsaciano cuya ilusión era abrir una fábrica de cerveza en Madrid. Al final, consiguió inaugurarla en la calle Amaniel, de ahí se mudaron al Paseo Imperial y posteriormente a las inmediaciones del Vicente Calderón a Alovera, Guadalajara.

Recibimiento de los directivos de la marca a la entrada de la fábrica, Mónica Mejía del Campo, relaciones institucionales de Mahou-San Miguel (izquierda) y Pablo Sánchez, Consumer Marketing Director de Mahou (derecha).

Durante la visita hace de guía Mónica Mejía del Campo, que nada más comenzar detalla los ingredientes que hacen falta para elaborar cerveza: malta, lúpulo, levadura y agua. Este último componente se utiliza es tratada por un proceso de osmosis inversa que "recoge el agua, la deja completamente neutra, filtrándola, y, a partir de ahí, añade las sales minerales que se necesitan para cada tipo de cerveza".

La guía, Mónica Mejía del Campo, enumera los ingredientes necesarios para fabricar cerveza.

"El lúpulo viene de la zona de León y usamos la flor hembra", señala Mejía del Campo. Dice, además, que esa flor la transforman en un pellet que añaden para dar el aroma y el amargor característicos. Esta parte resulta especialmente interesante, ya que el visitante puede tocar y familiarizarse con los ingredientes necesarios para elaborar cerveza. 

Las flores de lúpulo necesarias para la elaboración de cerveza transformadas en pellet.

A continuación, atravieso una galería acristalada con vistas a la sala de control. "El cerebro de Mahou", la denomina la guía, que cuenta que todos los integrantes de la sala —a los que avisan que no se puede fotografiar por la Ley de Protección de Datos— son ingenieros que han hecho la maestría de cervecería. "Manejan de 5.000 a 7.000 sensores", asegura.

Tanques donde la malata se pasa por agua, se muele, se macera y se lleva a ebullición hasta obtener un mosto dulce, que después se filtra —para separar la parte sólida de la líquida— y se vuelve a llevar a ebullición junto con el lúpulo.

"La levadura es un ser vivo", explican. Si se planta en un líquido en ebullición se muere, por lo que el mosto amargo que acaba de hervir se pasa por un proceso de enfriado. Se lleva a unos tanques hasta que alcanza "unos 10, 12 grados" y, ahora sí, se añade la levadura, que convierte los azúcares de la malta en carbónico (las burbujas y el alcohol de la cerveza). 

Me explican que, una vez la levadura ha hecho su efecto, se retira y se vende a la industria farmacéutica, que la utiliza en "productos para el crecimiento de pelo, de uñas..."; obteniendo así una cerveza joven a la que solo falta madurar 2 semanas.

"La fábrica de Alovera hace unos 6 millones de hectolitros [600 millones de litros] anuales", afirma Carlos Gutiérrez, uno de los maestros cerveceros de Mahou, quien me adelanta que me van a dejar pasar a un lugar al que poca gente tiene acceso: la sala de barricas. Un lugar en el que se envejecen entre 3 y 6 meses una serie limitada de cervezas en barriles de madera que le aportan descriptores. 

El maestro cervecero explica que el proceso de envejecimiento otorga unas notas o descriptores que están relacionados con el contacto parcial que tiene la cerveza con el aire y con el tipo de madera, que va desde coco, vainilla…

Llegados a este punto, la guía me advierte de que me adentro en la parte final del recorrido, pero también una de las más interesantes: las líneas de envasado. Desde Mahou distinguen entre recipientes retornables (aquellos que vuelven a fábrica una vez consumido para ser rellenados) y no retornables (los que una vez consumido se destinan al contenedor verde). 

Vista general de las líneas de envasado de la fábrica de Mahou en Alovera (Guadalajara).

Al entrar a esta zona de la fábrica llama la atención el ruido ensordecedor producido por las decenas de miles de cervezas que se están envasando en ese momento. Cada una de las líneas de envasado cuenta con un tótem con información del tipo de envase y el número de botellas y de litros que se envasan cada hora. Por ejemplo, en uno de ellos la cifra asciende a 12.500 litros y 50.000 botellas.

Vista de una de las líneas de envasado de la fábrica de Mahou en Alovera (Guadalajara).

Al final de la galería que da a la zona de envasado, como por arte de magia, aparece una taberna que parece sacada del mismo momento en el que Casimiro Mahou abrió su fábrica de hielo y cerveza. En este lugar asisto a un curso impartido por un monitor, Julio, que me enseña cómo tirar una caña perfecta, mientras defiende la importancia de servir bien el producto. 

El monitor argumenta que "tener un buen producto es fundamental para disfrutarlo, pero no acaba ahí", ya que "después de todos esos procesos está hacer un buen servicio".

El experto dice que no hay mejor forma de aprender a hacerlo que practicando, por lo que, llegado el momento, me invita a pasar con él detrás de la barra y a aprender a tirar cañas. Después, para premiar mi desempeño, me ofrece una cata de distintas variedades de cervezas Mahou y me explica qué caracteriza a cada una de ellas. 

VIDEO

Mahou: cómo se sirve una cerveza

Tras el curso exprés de tirado de cañas y de haber podido probar distintos tipos de cerveza, paso finalmente al maridaje, que tiene lugar en un comedor contiguo a la taberna. El chef encargado señala que el objetivo de la experiencia es "reforzar todo el sabor que vamos a tener en la cerveza". Para ello voy a degustar 3 cervezas de la marca con 3 pequeños aperitivos. 

La primera cerveza que ofrecen durante el maridaje es la Mahou Cinco Estrellas Session IPA y el chef la acompaña con un corazón de melocotón con mango-pasión crispy sobre yogur griego al tajín.

En la experiencia me invitan a comer con las manos y a participar en el montaje de los platos, con el objetivo de terminarlos de la forma que yo considere. De ese modo, me dejan utilizar mangas pasteleras, virutas para espolvorear o pinzas para decorar lose aperitivos. 

La segunda cerveza para acompañar el aperitivo es una Mahou Barrica Bourbon y se complementa con un queso azul y jamón de pato sobre un crujiente de pera, coco en láminas y perlas de trufa negra.

Durante todo el maridaje, el experto cervecero me invita a descubrir los sabores y olores que puede haber detrás de cada una de las variedades de cerveza para que luego resuenen con los aperitivos propuestos por el chef. 

Finalmente, la tercera cerveza que a probar es la Mahou Maestra Dunkel y esta viene acompañada de un mousse de chocolate blanco sobre un barquillo madrileño con brownie y virutas de café expresso crispy.

Termino el aperitivo con una cata a ciegas para poder demostrar lo que he aprendido a lo largo de todo el recorrido. 

Cata de las cervezas a ciegas después del maridaje

La visita a la fábrica de Mahou en Alovera (Guadalajara) concluye con una vitrina que me permite observar el legado histórico de la marca a través de algunos de sus envases más icónicos. 

Vitrina con algunos de los envases característicos de las cervezas Mahou

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