Las cabinas telefónicas ya están desapareciendo, y el secretario de Estado de Telecomunicaciones tiene una historia con la que combatir "la excesiva nostalgia"

Vieja cabina telefónica en Madrid.

Business Insider España

El secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructura Digital, Roberto Sánchez, cree que no hay que ser "excesivamente nostálgicos" ante la futura desaparición de las cabinas telefónicas después de casi un siglo. En los próximos meses Telefónica irá desmantelando los casi 15.000 teléfonos públicos que todavía tenía instalados en el territorio.

Pero, para el secretario de Estado, la desaparición de este símbolo de los paisajes urbanos también representa una oportunidad para hablar de la "historia de la innovación" y sobre por qué no merece la pena vivir mirando atrás. En conversación con Business Insider España, Sánchez reconoce que el día de mañana será difícil explicarle a los más jóvenes qué fue o para qué sirvió ese mobiliario.

"A los niños hoy ya es difícil explicarle cómo funciona un teléfono con un teclado de disco. Lo probé hace poco con uno y era incapaz de marcar el dial, todo el mundo está hoy acostumbrado a usar un teclado. Con las cabinas nos pasará lo mismo, pero no hay que ser excesivamente nostálgicos. Cumplieron su función. No es que las hagamos desaparecer: es que no se usan", apunta.

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La Ley de Telecomunicaciones entró en vigor a finales de junio tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado. La norma abre la puerta en su 24ª disposición adicional a reconvertir "la infraestructura de los teléfonos públicos de pago". Recoge que "se podrán reconvertir o utilizar como puntos de conectividad para la prestación" de servicios como WiFi, teléfono de emergencias, o recogida de paquetería.

Esta redacción, la que prosperó en las Cortes, es bastante más laxa que la contundencia con la que se expresaba ya hace meses la norma cuando todavía era un anteproyecto. Entonces, dicho anteproyecto recogía en una de sus disposiciones que cesaba "la prestación del elemento de servicio universal" relativo a "una oferta suficiente de teléfonos públicos de pago".

Ese servicio universal lo prestaba hasta entonces Telefónica. La multinacional española ya está desmantelando y desmontando cabinas a lo largo y ancho del territorio nacional. Las que veas en tu barrio o en tu pueblo tienen, en síntesis, los días contados. Es el momento de hacerles una foto si quieres guardar un recuerdo.

Telefónica prestaba el servicio en virtud de la adjudicación que el propio Gobierno de España ha venido haciendo a la teleco. La última, una orden de enero de 2020 del entonces Ministerio de Economía y Empresa, que adjudicaba por última vez este servicio a la compañía hasta enero de 2022. Este año, las cabinas telefónicas ya no son un servicio universal y esencial.

Por eso están desapareciendo.

En realidad, las intenciones del Gobierno de Pedro Sánchez eran que tanto estas cabinas como los listines telefónicos dejasen de ser considerados servicios universales a principios de 2019. Sin embargo, un real decreto acabó posponiendo aquella idea. Telefónica llegó a recurrir aquel decreto, ganando en el Supremo, que le acabó dando la razón. 

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Sin embargo, tampoco entonces la firma pudo empezar a retirar estos terminales. Las razones de Telefónica para querer desatender estos servicios son evidentes: es una inversión deficitaria. Ya no se usan, como corrobora el propio secretario de Estado de Telecomunicaciones. Según datos del Panel de Hogares de la CNMC, en 2021 quedaban apenas 15.000 de estas cabinas.

En los 2000, los números de estas instalaciones de teléfono público de pago superaban, por el contrario, las 100.000 unidades.

Ahora que la Ley General de Telecomunicaciones ya está en vigor y que no se ha renovado esa adjudicación de mantenimiento a Telefónica, es cuestión de tiempo que las cabinas desaparezcan una a una hasta desaparecer de las calles. Pero, para el secretario de Estado, eso no puede servir para que muchos ciudadanos se queden mirando con nostalgia el vacío que dejen.

Una historia con la que combatir la excesiva nostalgia

"Cumplieron su función en su momento. Está bien conocer la historia y soy un apasionado de ella", enfatiza el mandatario. Por eso, durante la entrevista que mantuvo con este medio, se animó a contar "en 2 minutos" una historia "sobre evolución" y por qué es mejor olvidarse de tecnologías pasadas.

Esa historia sobre la evolución "tiene mucho que ver con la innovación y con cómo se producen esas innovaciones. Uno de los grandes cambios de la humanidad tuvo lugar cuando, para cualquier ámbito, la única fuerza aplicable era la humana o de animales y se introdujo por primera vez la máquina de vapor".

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"De hecho, su fuerza se medía con caballos de vapor, porque era la única fuerza equivalente que se conocía en aquel momento", continúa Sánchez. "En aquel momento, la máquina de vapor era un elemento muy grande que se disponía en un rincón de la fábrica y transmitía su fuerza a través de poleas a los distintos puntos de la planta que lo necesitara: un torno o un telar".

"Aquel fue un paso muy importante. El segundo fue la aparición de la electricidad. En lugar de generar la fuerza con vapor, para lo que era necesario abastecerse de carbón, apareció una cosa mucho más limpia, que es la electricidad. Al principio, esa enorme máquina de vapor se sustituyó en fábricas por un gran motor eléctrico que transmitía su fuerza por poleas", recuerda.

Todo cambió cuando se apostó por otra innovación. "Alguien llegó y planteó: ¿Por qué no ponemos un motorcito eléctrico pequeño al lado de cada sitio en el que se necesite y así podemos eliminar este enorme trasto?". De esta manera, el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Roberto Sánchez, incide en que se logró seguir evolucionando.

"No hay que ser demasiado nostálgico", mantiene. "Porque, si no, se puede acabar volviendo a poner cabinas telefónicas en la calle que estorben el paso de las personas", sonríe.

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