Gané 28 millones de dólares en la lotería con 21 años y mi vida cambió completamente

Kitti Palmai
| Traducido por: 
Tim Schultz.
Tim Schultz.

Tim Schultz

  • Tim Schultz ganó la lotería en 1999, cuando tenía 21 años y trabajaba como encargado de una gasolinera.
  • Gracias a esta gran suma de dinero, Schultz pagó sus estudios universitarios y se retiró anticipadamente, pero algunas de sus relaciones se resintieron.
  • Bajo su perspectiva, el dinero no te da la felicidad, pero sí que puede aportarte tiempo, oportunidades y reducir el estrés.

Este artículo está basado en la transcripción de una entrevista con Timothy Schultz, quien ganó la lotería Powerball en 1999. La conversación ha sido editada para una mayor extensión y claridad.

Unos meses antes de ganar el premio más grande de 28 millones de dólares —cerca de 26 millones de euros— de Powerball — un juego de lotería estadounidense ofrecido en 45 estados, el Distrito de Columbia, Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EE. UU.—, soñé de forma premonitoria que me tocaba. Sentí el sueño tan vívido y real que me convencí de que iba a suceder.

Era 1999 y yo era encargado de una gasolinera y estudiaba a tiempo parcial en una universidad de artes liberales en Iowa. Vivía en el sótano de mis padres y ganaba el salario mínimo.

Empecé a jugar a la lotería una o dos veces por semana, comprando un solo boleto. Visualicé que ganaba y se lo conté a la gente. "Bueno, si alguien tiene que ganar, vas a ser tú", me dijeron.

Entonces sucedió.

Después de ganar, me sentía en una nube

Me desperté con mi padre golpeando la puerta de mi habitación el 10 de febrero de 1999, gritando que alguien había ganado la lotería Powerball. Me preguntó si había comprado un décimo. Inmediatamente, recordé haberle dicho a varias personas la noche anterior que tenía el boleto ganador.

Estaba frenético, rebuscando entre los papeles y finalmente encontré el billete arrugado en una bolita. Después de estirar el papel, subí corriendo a la cocina y comparé los números con los del periódico.

Cuando comprobé que coincidían, me sentí de nuevo como si todavía estuviera soñando. Mi padre me abrazó y saltamos como niños emocionados en una tienda de golosinas.

Llamé a mi mamá, que en un inicio pensó que le estaba gastando una broma. También llamamos a asesores financieros y abogados. Nos recomendaron que pusiésemos el boleto en un lugar seguro y programaron un horario para canjearlo en la oficina de lotería. Me sentía sobre una nube.

 

Después de la conferencia de prensa en la que se anunció que había ganado la lotería Powerball de 28 millones de dólares, un montón de mensajes inundaron nuestros móviles. La gente que conocía me felicitaba, pero también me escribieron desconocidos, algunos de ellos pidiéndome dinero.

En la conferencia de prensa, me sentí como un ciervo cegado por los faros. Fue una experiencia estimulante y aterradora. Nunca había sido el centro de atención de millones de personas. Sin embargo, una parte de mí lo disfrutó. Creo que me ayudó a inspirarme para mi proyecto de contenido y pódcast.

Siempre había imaginado lo que haría si alguna vez ganara: pagar mis deudas y saldar el préstamo de mis estudios universitarios, pero nunca pensé en cómo eso cambiaría mi vida.

De encargado de gasolinera a millonario

De repente, había pasado de ser empleado de una gasolinera a tener la ocasión de prejubilarme con tan solo 21 años. Me sentía como si tuviese una varita mágica en la mano. Todo era posible, pero también quería ser financieramente responsable.

Antes de entregar el boleto, consulté con expertos en patrimonio para comprender cuánto podía gastar y donar a otros. Ayudé a mucha gente, pero también quería vivir dentro de mis posibilidades.

Antes de recibir el dinero, establecí un plan con asesores para invertirlo adecuadamente. Decidimos invertir con un perfil de riesgo conservador para que el rendimiento durase toda la vida.

Pero cuando tenía 21 años, lo primero que compré fue la última consola de moda, un capricho que antes de ganar la lotería seguro que no podía permitirme. 

Principalmente, invertí mi dinero en acciones, bonos y fondos mutuos. Ayudé a mi familia, compré vehículos y viajé. Regresé a la universidad para estudiar cine y periodismo televisivo, un sueño hecho realidad.

Cómo afectó ganar tanto dinero a mis relaciones

Yo era un estudiante universitario con dificultades para llegar a fin de mes, al igual que mis compañeros, y luego me convertí en un caso atípico: el niño rico. En ese momento, me sentía obligado a pagarle a mi grupo de amigos las vacaciones, las comidas o cualquier plan que hiciésemos juntos.

La mayoría de la gente no me pedía dinero directamente, pero yo sentía que podía y debía —a nivel moral— pagarlo porque me había tocado la lotería.

La gente me apoyó, pero algunas personas empezaron a tratarme de manera diferente. Se acercaban a mí con segundas intenciones, lo que me hacía sentir como un cajero automático, ambulante y parlante. Constantemente temía que la gente no quisiera ser mi amiga por las razones adecuadas.

Cuando la gente no cambiaba su comportamiento a mi alrededor, sabía que podía confiar en ellos. También tenía familiares y amigos que se mostraron preocupados por cómo me afectaría tanta riqueza de golpe, lo que consolidó aún más mi confianza en ellos.

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Cuando ganas la lotería, la gente no ve el dinero como algo que te hayas ganado. Un miembro de la familia me dijo explícitamente que obtuve algo a cambio de nada al ganar la lotería y que debería seguir dándoles dinero a ellos y a otros.

Tuve que aprender a decir no para seguir siendo fiscalmente responsable. Cuando me puse firme, las relaciones con algunos familiares a los que quería mucho, se deterioraron.

Después de ganar el premio, al principio me sentí aislado y solo. Me costó mucho abrirme a gente nueva. Mi vida amorosa era mejor antes de ganar la lotería. Me mudé a una casa diferente en un nuevo estado porque mucha gente conocía mi historia y eso me hacía sentir incómodo.

Navegar por mi nueva vida social al ganar la lotería supuso una empinada curva de aprendizaje.

¿Cómo gasté el dinero?

Durante el primer año tras la lotería, mis amigos y yo hacíamos un plan muy divertido: lanzábamos un dardo a un mapa y viajábamos al lugar que tocase. Aterrizó en el centro de Canadá, así que nos embarcamos en un viaje de aventuras al aire libre hacia el norte de nuestro continente.

A nivel laboral, me retiré prematuramente de forma instantánea, pero seguí trabajando en proyectos apasionantes.

Después de ganar la lotería, pensé mucho en las cosas que me hacen feliz. Sentarse en la playa bebiendo margaritas es divertido, pero la novedad desaparece.

Necesitaba una razón para despertarme por la mañana y una meta que alcanzar. Es por eso que regresé a la universidad para obtener un título, trabajar en varias producciones y perseguir mi deseo de entretener e inspirar a la gente positivamente; me encanta y me motiva.

Produje un documental y un par de animaciones, ayudé con películas independientes de otras personas y creé un festival de cine. También comencé mi pódcast, al que titulé Lottery, Dreams and FortuneLotería, Sueños y Fortuna— en el que entrevisto a otros ganadores de lotería y premios importantes. Es muy catártico para mí conocer y entrevistar a personas y comprender su trayectoria tras obtener tanto dinero en un juego de azar.

Hoy en día, paso la mayor parte de mi tiempo libre trabajando en mi pódcast y canal de YouTube o haciendo ejercicio. Normalmente, corro, levanto pesas o entreno si no estoy produciendo un vídeo. YouTube genera algo de dinero, pero puedo vivir de mis inversiones.

Mi reflexión sobre el golpe de suerte

La gente se pregunta todo el tiempo si el dinero compra la felicidad. El dinero no necesariamente cambia quién eres. Puede afectar a la felicidad al ganar tiempo, brindar oportunidades y aliviar el estrés financiero por las deudas. Pero eso no cambia quién eres. Algunas personas muy ricas también son muy infelices.

Ojalá hubiera invertido en bitcoin hace unos años, pero eso es lo único que lamento por cómo gasté las ganancias. Poco después de ganar, compré vehículos nuevos y otras compras caras.

Hoy en día no compro nada demasiado loco. Como mucha gente, vivo acorde a mi propio presupuesto personal. Si ganas cientos de millones, tu presupuesto podría ser bastante diferente al de ahora. Todo es relativo. Simplemente, estoy agradecido por lo que obtuve.

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A los 21 años, no tenía idea de qué hacer con esa cantidad de dinero y tuve suerte de buscar orientación profesional. No quería engrosar la lista de todos esos ganadores de lotería que se arruinaron en unos pocos años.

Si bien en 1999 no tenía opción de reclamar el premio de una forma que no fuese pública, y sabiendo dónde estoy ahora, no lo haría de otra manera. He hablado con medios de comunicación y puedo hablar públicamente de mis experiencias.

Pero si ahora tuviera 21 años y tuviera la opción, consideraría reclamar el premio de forma anónima, especialmente si fuera un premio grande. Nunca se sabe qué impacto tendría eso en su vida.

Cuando ganas la lotería, todo tu mundo se pone patas arriba instantáneamente. Animo a la gente a jugar de forma responsable; solo hace falta un boleto para tener una oportunidad, pero todo es posible.

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