He ido a San Marino, el país menos visitado de Europa, y es tan bonito como la Toscana, pero sin tanta gente

San Marino
San Marino
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Aunque puede evocar a alguna zona de California, San Marino San Marino no está cerca del Estado Dorado. Es una nación independiente ubicada completamente dentro de las fronteras del este de Italia.

San Marino, que actualmente es el país menos visitado de Europa, según la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas, está rodeado de exuberantes viñedos y colinas onduladas, y ofrece encantadores bed and breakfast, restaurantes románticos y calles estrechas y sinuosas de piedra.

En el corazón del país se ubica un antiguo castillo construido en la cima de una montaña. En otras palabras: es como el "Disneyland para adultos", o La Toscana si exceptuamos las aglomeraciones de gente.

Hace poco pasé unos días allí, y entre otras cosas descubrí que es el estado soberano más antiguo del mundo, y también que ha tenido el mayor número de mujeres presidentas de los últimos 60 años.

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Así es San Marino, y por estas razones estoy deseando volver:

Completamente dentro de Italia, San Marino es un lugar bastante especial. Es la democracia más antigua del mundo.

San Marino se encuentra completamente dentro de Italia.

Con menos de 62 km cuadrados de tamaño, San Marino es uno de los países más pequeños del mundo y el tercero más pequeño de Europa (por delante de Mónaco y Ciudad del Vaticano), según el CIA World Factbook. Tiene menos de 34.000 habitantes.

Rodeado completamente por Italia, la historia de la democracia en San Marino también se remonta a hace más de 1.700 años. El país afirma ser la democracia más antigua del mundo, según Los Angeles Times. Además, ha tenido más mujeres presidentas que ningún otro país en los últimos 60 años, con diferencia, según Glamour.

También se convirtió hace poco en el país menos visitado de Europa, "superando" a Liechtenstein, otra micronación.

Paisaje de San Marino.

Dado que está completamente dentro de la península italiana, no sorprende que el paisaje de San Marino sea básicamente el mismo que el de Italia, pareciéndose mucho a la Toscana en particular. Esto significa que tiene las mismas hermosas colinas, viñedos, tierras de cultivo y entornos generales.

Y, sin embargo, San Marino tiene menos visitantes por año que cualquier otro país de Europa. Se estima que solo 84.000 personas visitaron San Marino en 2018, según la Organización Mundial del Turismo de la ONU.

Y supone un aumento del 8% respecto a los 78.000 que visitaron en 2017, y más del doble de la población total del pequeño país.

La nación entera de San Marino tuvo 11 veces menos visitantes en todo 2018 que la capital de la Toscana, Florencia, en los primeros tres meses de 2019 (alrededor de 947.000, números que fueron inferiores al mismo período en 2018, según The Florentine).

Sus castillos, que parecen sacados de un cuento de hadas, son un aliciente lo bastante bueno como para atraer más turistas.

Its fairytale castles should be enough to lure visitors on their own.

Si el hermoso paisaje de San Marino no es suficiente, también hay un castillo que tiene siglos de antigüedad muy bien conservado en lo alto de una colina (Patrimonio de la Humanidad de Monte Titano), donde los huéspedes pueden comer (la pasta y el vino tinto son lo más popular de la carta, naturalmente), dormir e incluso vivir (si pueden permitírselo). En otras palabras: es como un Disneyland para adultos, o al menos adultos que deseen escapadas tranquilas y románticas llenas de emoción. Es posible que no lo consigas en la Toscana, que lleva arrastrando un problema con el exceso de turismo desde hace más de una década.

Su falta de popularidad podría deberse al hecho de que no es precisamente fácil de encontrar.

Palazzo Pubblico de San Marino.

Al ser tan pequeño, no tiene un aeropuerto internacional, ni ningún aeropuerto en absoluto; de hecho, el más cercano es el de Bolonia, a más de 128 km.

No hay un puerto porque no tiene costa, por lo que tampoco es lugar para cruceros (aunque la cercana Rimini es una zona costera bastante popular). No hay estación de tren. Y conduciendo ... bueno, para llegar a la cima de la montaña donde se encuentra la capital de San Marino (que tiene el mismo nombre que el país), debes ascender por un camino estrecho y de mucho viento lleno de curvas cerradas y de poca visibilidad.

Primero, cogí un tren de Roma a Bolonia y luego a Rímini, que me costó alrededor de 70 €.

Estación de tren de Bolonia.

Estuve varios días en el Vaticano en Roma, pero ya era hora de emprender una nueva aventura y, con suerte, alejarme de lo que había sido un enjambre de turistas que se hacían selfies por todas partes. Afortunadamente, Italia tiene una red de trenes muy bien comunicada, por lo que fue fácil reservar un billete en la página web de la compañía ferroviaria nacional Trenitalia. Sin embargo, no hay servicio de trenes a San Marino, así que tuve que viajar a la ciudad más cercana, Rimini, ubicada en la costa este italiana.

El viaje fue cómodo, y solo tardó cuatro horas haciendo un transbordo en Bolonia. Me ayudó, sin duda, el hecho de que pude coger un tren rápido, el Frecciarossa, de Roma a Bolonia. Viajando a más de 241 km por hora, redujo significativamente la duración del viaje, a pesar de haber tenido que parar unos 20 minutos por razones desconocidas.

Luego cogí un autobús desde la montaña hasta San Marino, que me costó 5 €.

Un tramo de la carretera que sube a la ciudadela en San Marino.

Hay un autobús que sube a la montaña (y baja) a San Marino cada hora más o menos, con una compañía llamada Bonelli Bus. La pequeña parada de autobús está al lado de un Burger King al otro lado de la calle desde la estación de tren de Rimini. Menos mal que llevaba algunos euros, porque solo aceptaban efectivo.

El trayecto en sí duró aproximadamente una hora y el vehículo estaba bastante lleno. Era un día soleado y cálido de verano. Me alegré de que me llevara un conductor profesional, ya que la carretera parecía peligrosa.

Incluso desde el aparcamiento, noté enseguida que San Marino era especial.

La vista desde un aparcamiento en San Marino.

Al principio, la vista no me pareció espectacular, hasta que comenzamos a subir la montaña. Cuanto más alto subíamos, más impresionante se volvía la vista; era como si estuviéramos ascendiendo por las nubes a un reino celestial.

Esa impresión continuó cuando llegamos a la cima. El aparcamiento estaba al borde de la ciudadela, bajo muchas de sus calles, pero incluso desde él, se podía ver a través de las colinas y viñedos. 

Ya tenía reservado el hotel, pero me distraje deambulando por las preciosas callejuelas de piedra.

Una calle de San Marino.

Donde quiera mirara, había algo nuevo y emocionante. A pesar de que el autobús iba lleno, una vez llegamos, todo el mundo desapareció. No había turistas a la vista.

Noté un gran contraste con otras zonas "rústicas" de la península italiana abarrotadas de turistas en los últimos años. Por ejemplo, hay mucha preocupación sobre la gran cantidad de personas que atraviesan las Cinque Terre en la costa occidental de Italia, mientras que la Toscana ha tenido sus propios conflictos. Se ha dedicado mucho tiempo a discutir los inconvenientes de Venecia con el turismo.

Mi 'yo niño' se habría aburrido con las fachadas cubiertas de plantas, pero mi 'yo adulto' estaba impresionado.

Fachada de San Marino.

Las flores que colgaban de las ventanas era algo que me hubiera llamado menos la atención hace unos años. Pero, si lo pienso, hace unos años sobrevivir a mis 20 también parecía bastante improbable, y mi comida favorita para desayunar eran los Pop-Tarts.

En ese momento, aprecié las fachadas cubiertas de plantas como un bonito toque de color en medio de la piedra. Mi única preocupación: por hermosas que fueran, supuse que mantenerlas bien regadas al sol sería difícil.

Había muchas estatuas en las sinuosas calles de San Marino...

Estatuas de San Marino.

Algunas de las calles realmente parecían tener más estatuas que personas en sí. No es que queje, ya que en la Ciudad del Vaticano era totalmente al contrario. ¿Habría tan poca gente en la Toscana? Parecía dudoso, especialmente en el soleado y cálido verano.

... y espectaculares vistas del campo.

Arquitectura y algunos de los alrededores en San Marino.

"Espectacular" es una palabra que describe bien las vistas. Otra palabra que me vino a la mente: "serenidad".

Esta última quizás le quede mejor. 

Tiene su propia Estatua de la Libertad, más antigua que la de EEUU.

Statua della Libertà en la Piazza della Libertà de San Marino.

La Estatua de la Libertad de San Marino, o "Statua della Libertà", fue un regalo a la nación en 1876 de una rica condesa (llamada Otilia Heyroth Wagener), una década antes del regalo de Francia a la ciudad de Nueva York. Aparte del nombre, tiene poco en común con la de Estados Unidos: la de San Marino está hecha de mármol blanco de carrara (no de cobre), y fue esculpida por Stefano Galletti, no por Frédéric Auguste Bartholdi.

Sin embargo, también es un símbolo nacional importante; de hecho, sale en las monedas de San Marino.

Perdido entre las calles del castillo, sentí que estaba en 'El señor de los anillos' o que había regresado a la Edad Media, menos por los orcos y la peste.

Una calle de San Marino.

Tal belleza no se vería afectada por hordas de duendes malvados o pandemias medievales. Pero la imaginación aún se agitaba, evocando todo tipo de imágenes fantásticas de dragones que escupen fuego y reinos que necesitan salvarse. De repente no pude esperar para llegar a mi hotel y comenzar a escribir. San Marino ha sido un cuento de hadas hecho realidad.

Finalmente, hice el check-in. El Hotel Titano es uno de los lugares más románticos en los que me he alojado, y por menos de 60 € la noche. Excelente relación calidad-precio.

Afueras del Hotel Titano.

Situado justo al lado de la Statua della Libertà y de las almenas del Palazzo Pubblico (donde se reúne el gobierno de San Marino), la historia del Hotel Titano se remonta a finales de 1800.

Hay que bajar un corto tramo de escaleras, como si entraras en una guarida. El vestíbulo de techo bajo estaba lleno de encanto. Aunque el idioma oficial de San Marino es el italiano, todo el personal del hotel parecía hablar inglés perfectamente (y también alemán).

Mi habitación estaba un piso más arriba (había un ascensor, pero al estar tan cerca, preferí las escaleras). Mucho más grande de lo que esperaba por el precio, no quise ni pensar en lo que habría costado un alojamiento similar en la Toscana o en Venecia. Lo mejor eran las vistas desde los grandes ventanales, que daban a una bonita plaza.

El precio también incluye la cena en el restaurante del hotel.

Comensales en el restaurante La Terrazza en el Hotel Titano.

Entrar a La Terrazza fue más bien como visitar la carpa de un amigo o la recepción de la boda de alguien. El espacio iluminado, con paredes acristaladas, tenía una elegancia discreta, con una decoración minimalista que no distraía de las vistas de 270 grados de la Statua della Libertà, el Palazzo Pubblico y el extenso campo de abajo, que desde tan alto parecía una alfombra verde.

Fue la cena más romántica que he tenido, aunque estuviera solo.

La Terrazza, en el Hotel Titano.

Aunque el restaurante estaba bastante lleno, era agradable y tranquilo. Por otro lado, era posiblemente el más joven del lugar con diferencia, con casi 30 años. Una vez más, no pude evitar pensar en lo diferente que resultaba la sensación de estar allí en vez de en otras zonas de Italia tan masificadas.

El "menú turístico", que incluye antipasti con vino (elegí blanco), una pasta (raviolis cuatro quesos), carne y helado para el postre, era excelente, aunque me resultó complicado concentrarme en la cena teniendo ante mí aquella vista tan bonita. La imagen de la puesta de sol que encendió la ciudadela de piedra quedó grabada en mi mente. Incluso las pinturas de los grandes maestros eran una pobre imitación. Era tan hermoso que casi me dio ganas de llorar.

La vista tampoco estaba mal desde mi habitación. La cálida noche, y la increíble tranquilidad a mi alrededor, me permitieron dormir en la suave cama con las ventanas abiertas.

La vista desde mi habitación en el Hotel Titano.

Rodeado de tanta belleza, al principio fue difícil dormir. Sin embargo, finalmente lo hice, y cuando lo conseguí, tuve uno de mis mejores sueños

Bien descansado, me desperté temprano al día siguiente para seguir explorando, al menos hasta que llegó la hora de coher el autobús de vuelta a la montaña y salir de San Marino.

Mirando hacia arriba en San Marino.

Me levanté poco después del amanecer, y pasé unas horas más deambulando por las calles y dejando que mi mente divagara. En 2019, cuando la tecnología ha transformado todos los aspectos de nuestras vidas, y cuando el turismo está arruinando lugares espectaculares como Toscana y Venecia (e incluso otros castillos en colinas, como el famoso Mont Saint-Michel, de Francia), era difícil imaginar que un lugar como San Marino aún pudiera existir.

Desearía haber pasado más tiempo en San Marino. Hay mucho que hacer en esta pequeña zona, y sin prisas.

Edificio de San Marino.

Tenía que coger un tren de Rimini a Milán, y después otro a París. Si volviera a hacer el mismo viaje, tal vez estaría un día menos en Roma para poder pasar más tiempo en San Marino, o quizás no visitaría Roma en absoluto para aprovechar más tiempo en un lugar que, de todos los que he visitado (alrededor de 90 países hasta ahora), es uno de mis favoritos.

'La Toscana sin gente' es una descripción adecuada. Si buscas experiencias únicas, San Marino es una gran opción.

Puesta de sol vista desde el restaurante La Terrazza en el Hotel Titano en San Marino.

San Marino tiene mucho que ofrecer: buen clima, buena comida y, por supuesto, un gran paisaje. A medida que los viajes se vuelven más accesibles, y los viajeros buscan experiencias cada vez más inolvidables, San Marino se convierte en una gran opción.

En otras palabras: ahora podría ser el momento perfecto para ir, antes de que se vuelva demasiado popular (como sucedió con las Cinque Terre y la Toscana, donde hace un par de décadas no viajaba tanta gente).

Estoy deseando volver.

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