El crecimiento de las tecnologías limpias y la adopción de políticas climáticas se perfilan entre las mayores tendencias en las que invertir tras el coronavirus

Una joven durante una de las protestas de Fridays For Future contra el cambio climático
Reuters
  • Muchas gestoras de fondos de inversión ya llevan tiempo poniendo las luces de largo alcance en aras de detectar las tendencias que pueden ser ganadoras una vez que pase el temporal de la crisis del COVID-19.
  • Unas de las tendencias ganadoras en los mercados tras la crisis del coronavirus son el crecimiento de las tecnologías limpias así como las políticas climáticas, que pueden generar oportunidades en el panorama de la inversión, según explica Andrew Howard, responsable de Investigación Sostenible y ESG de Schroders, en un informe al que ha accedido en exclusiva Business Insider.
  • Según Howard la situación en los sectores de energía renovable, vehículos eléctricos y política climática se encuentran bien posicionadas para crecer y generar rentabilidades a los inversores.
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La crisis sanitaria del COVID-19 ha causado estragos en las economías de todo el planeta. No cabe duda de que los efectos están siendo absolutamente devastadores para los crecimientos de los PIB, mientras que el consumo se ha deprimido considerablemente. Un derrumbe que ha lastrado las aspiraciones de muchos inversores en los mercados.

Ante este panorama, muchas gestoras de fondos de inversión ya llevan tiempo poniendo las luces de largo alcance en aras de detectar las tendencias que pueden ser ganadoras una vez que pase el temporal de la crisis del coronavirus. En este sentido, una de ellas puede ser el crecimiento de las tecnologías limpias así como las políticas climáticas, que pueden generar oportunidades en el panorama de la inversión, según explica Andrew Howard, responsable de Investigación Sostenible y ESG de Schroders, en un informe al que ha accedido en exclusiva Business Insider.

Según Howard, es sorprendente lo mucho que ha cambiado el panorama para las tecnologías limpias y la política climática entre la crisis financiera de 2008 y la crisis actual. Como inversores en cambio climático, esto “nos da motivos para creer que esta vez es diferente”. No se trata de restar importancia a lo perturbadora que es la crisis del coronavirus en sí misma, sino de “comprender que las tendencias cruciales para los inversores en cambio climático están en una base mucho más firme que en 2008”. 

Por tanto, es interesante echar un vistazo a la situación en los sectores de energía renovable, vehículos eléctricos y política climática, para ver la capacidad de expandirse que tienen de cara a los próximos años. 

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Los vehículos eléctricos: ya no pertenecen a una industria nicho

Como contexto de cómo se encuentra el sector basta con remontarse al pasado. El Tesla Roadster original, lanzado en 2008, costó alrededor de 100.000 dólares. En ese año, sólo había tres modelos de vehículos eléctricos de batería (BEV por sus siglas en inglés) en el mercado estadounidense, 2 en la UE y ninguno en China. El más vendido fue el TH!NK City, que registró ventas de unas 330 unidades. 

Avanzando rápidamente hasta el 2020, en Estados Unidos, hay 53 modelos de BEV 70 en Europa y la asombrosa cifra de 226 en China. Tal y como expone Howard, el precio de una batería de iones de litio “ha caído en un 85% en los últimos 10 años” y, como las baterías son los mayores costes de entrada para los BEV, esto “ha permitido que las ofertas actuales de productos tengan un verdadero atractivo para el mercado de masas”. Esto desvela la capacidad de generar valor actualmente de la industria. 

Evolución de los coches eléctricos con batería.
Evolución de los coches eléctricos con batería.
Schroders / Bloomberg

El Modelo 3 de Tesla fue el vehículo eléctrico más vendido el año pasado, con más de 300.000 unidades vendidas en 2019. Esta ya no es “una industria nicho”, dice Howard. De hecho, es más bien una realidad de la que los inversores pueden sacar tajada.

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La energía renovable ya es competitiva en cuanto a costes

Otro de los grandes saltos se ha dado en el área de las energías renovables. En 2008, la demanda de la industria solar estaba dominada por un puñado de países europeos y dependía en gran medida de las subvenciones. Sin embargo, los precios de la energía solar fotovoltaica han disminuido en un 80% desde 2008 y la demanda de energía solar se ha vuelto propiamente global.

Evolución de los costes de la energía solar.
Evolución de los costes de la energía solar.
Schroders/Bloomberg

La energía eólica era una industria más madura que la solar en 2008, pero también ha experimentado “un gran descenso de los costes en los años intermedios a medida que la tecnología ha mejorado y la industria se ha ampliado”, analiza Howard. 

Así, a principios de 2020, la energía eólica y la solar eran las formas más baratas de nueva generación de energía a granel en dos tercios del mundo, frente a tan sólo el 1% del mundo hace cinco años.

En resumen, “los impulsores económicos de las energías renovables son mucho más fuertes de lo que eran después de la última crisis”, destaca el experto de Schroders. 

Voluntad política y corporativa: un cambio radical

A todo ello hay que añadirle que el cambio climático es parte de la discusión de una manera que no era hace 10 años. Ahora, hay una posibilidad real de que “los políticos y las empresas se hagan cargo”, resalta Howard.

En su mayor parte, el mundo empresarial ha reconocido los riesgos y oportunidades que plantea el cambio climático. Los líderes mundiales presentes en el Foro Económico Mundial consideran ahora que el cambio climático es el mayor y más probable riesgo para las empresas, mientras que la cuestión no figuraba entre las cinco principales amenazas hace una década.  

La reevaluación post-covid de los negocios

Tal y como asegura Howard, esta crisis hará que las empresas “reevalúen la necesidad de lo que antes consideraban prácticas laborales comunes”. Y esto podría ser sólo el comienzo. El experto cree que es muy posible que se puedan ver algunos cambios más permanentes en la forma de trabajar, y eso “podría ser bueno para el clima”.

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Las inversiones centradas en el clima ya no dependen tanto del apoyo político como hace una década. Sin embargo, ese apoyo “sigue siendo importante para acelerar el progreso”, en particular en esferas como la industria pesada, en las que los números de las tecnologías de descarbonización “todavía no salen sin una intervención regulatoria”, añade Howard. 
 

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