La variante Delta pone en jaque los protocolos actuales de rastreo: nuevas evidencias sugieren que no esperar al tercer día de contacto con el positivo arrojará falsos negativos

La variante Delta de la COVID-19 pone en jaque los protocolos actuales de rastreo de potenciales positivos.
La variante Delta de la COVID-19 pone en jaque los protocolos actuales de rastreo de potenciales positivos.

Reuters 

  • La variante Delta de la COVID-19 se muestra según los diversos estudios más contagiosa, más explosiva y más silenciosa, el cóctel perfecto que ayuda a comprender la multiplicación de casos en un periodo corto de tiempo en zonas como Castilla y León o Navarra y que han hecho dar marcha atrás en el levantamiento de las restricciones. 
  • Nuevos estudios apuntan a que esta mutación muestra su cara más tarde, lo que pone en jaque los actuales protocolos para la detección temprana de casos.
  • La cuarentena preventiva sigue siendo el método más eficaz para el control de la propagación del virus. 
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El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), una agencia sanitaria de la Unión Europea, alertó recientemente de que la variante Delta de la COVID-19 supondrá el 70% de los contagios en la Unión a principios de agosto y hasta el 90% a finales de ese mes. Las autoridades españolas, por su parte, mantienen la vigilancia sobre la evolución de la transmisibilidad mientras los epidemiólogos alertan de que los actuales protocolos (el último está fechado el 5 de julio) se están quedando obsoletos ante las evidencias de esta mutación. 

El organismo comunitario avisa a los gobiernos europeos de que esta mutación del virus es entre un 40% y un 60% más transmisible que Alfa, la variante británica, y presenta nuevas características en cuanto a velocidad de propagación y revelación del contagio. 

La doctora en Bioquímica y Bióloga Molecular María I. Tapia explica en un hilo de Twitter las últimas evidencias que apuntan, por ejemplo, que la realización de un test rápido o una PCR 48 horas después del contacto con el usuario infectado es insuficiente. 

"Sería mejor hacer un test rápido diario (o incluso dos diarios, si la sospecha de contagio es alta) que una PCR o dos, como dice la normativa actual", apunta en su cuenta explicando que a medida que pasan los primeros días, las probabilidades de que se pase un positivo son menores. "Un 20% solo en caso de hacerla a los 5 días del denominado como 0", matiza. 

Como explica el cardiólogo y divulgador científico Guillermo Aldama con datos de las revisiones publicadas en Nature, "aunque el periodo de incubación es más corto (4 días frente a los casi 6 de la variante clásica), los contagiados se vuelven rápidamente contagiosos, casi desde el primer día". Aldama insiste en que los test de antígenos son la mayor arma contra esta nueva mutación vírica que tiene una carga viral y un potencial transmisor mucho mayor.

Tapia explica cómo se distribuye la proporción de positivos tras un contacto con un Delta confirmado: "Si el día 0 se contagian 100 personas, el día uno dará positivo un único contacto; el segundo día, 13, mientras que si se esperan 72 horas, sube a 39 los positivos confirmados. El cuarto día darían positivo en PCR 59 de los 100 contactos y el quinto, 82.". 

"Hacer una PCR en los primeros 2 días tras el contacto es como intentar encontrar al malo en los 10 primeros minutos de la película. Hay que esperar un poco", concluye, incidiendo en que la cuarentena es aquí más importante para cortar la cadena de transmisión que el resultado del test. 

El estudio en Wuhan apunta a las cuarentenas más rápidas como claves para el éxito en su contención

La baja incidencia de la variante Delta de la COVID-19 en China ha permitido a los científicos realizar un rastreo más exhaustivo de cómo se comporta el virus. Según un reciente informe publicado en el repositorio Virological, dada su capacidad de multiplicación en el organismo, mucho más rápida que las anteriores variantes, y el hecho de que genere síntomas más tarde lo hace potencialmente más peligroso. De ahí, concluyen, que poner el acento en las cuarentenas sea primordial para cercenar su capacidad de transmisión, máxime con los síntomas que se le asocian, muy similar al típico catarro de verano. 

Actualmente el protocolo en vigor dentro de la Estrategia de Detección Precoz, Vigilancia y Control de COVID-19, actualizado a fecha del 5 de julio, establece que "a toda persona con sospecha de infección se le realizará una prueba diagnóstica de infección activa (PDIA) por SARS-CoV-2 en las primeras 24 horas". Como explica la doctora en Biología María I. Tapia, en esas primeras horas es prácticamente imposible detectar la presencia del virus en el organismo. 

Este protocolo pauta una segunda prueba en el caso de casos estrechos, a los 7 días del primer punto de contacto con el positivo. Solo en aquellos casos en los que exista sospecha clínico-epidemiológica de COVID-19 se recomienda repetir la prueba 48 horas después y siendo PCR si la primera ha sido un test rápido o una PCR. 

¿Qué ocurre si no se considera un contacto estrecho? El protocolo establece que dicho potencial contagio no debe realizar cuarentena, y se ha de vigilar cualquier atisbo de sintomatología, si bien la realidad del virus indica que es precisamente en ese momento cuando mayor explosividad de contagio puede generar. 

Otro de los puntos conflictivos con el comportamiento de la variante Delta tiene que ver con el rastreo de los potenciales contactos con un positivo: actualmente los rastreadores solicitan datos de personas que hayan podido estar en contacto con el virus 48 horas antes, si bien el mayor pico de transmisibilidad se sitúa entre las 72 horas y los 5 días desde el inicio del contagio. 

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