3 preguntas de una planificadora financiera para saber si merece la pena gastar dinero en algo

Hanna Horvath,
Comprar muebles.

SolStock/Getty Images

  • Para saber si algo realmente vale lo que cuesta, me hago siempre tres preguntas.
  • Lo último que hago es preguntarme si hay alternativas más baratas que se adapten a mis necesidades.

Compramos diariamente cosas sin pararnos a pensar en su precio. Pero en ciertas compras hay más emociones (y dinero) en juego. Y eso sin mencionar que el repunte de la inflación ha hecho que muchos nos fijemos más en lo que cuestan realmente las cosas, desde los alimentos hasta la gasolina, que son bienes que necesitamos. 

No hay peor sensación que el arrepentimiento del comprador, sobre todo cuando eso que compran es excesivamente caro. Como planificadora financiera, siempre recomiendo a mis clientes que se tomen un tiempo para analizar las compras que hacen y que así eviten (al menos la mayoría) de los remordimientos del comprador. 

Sin embargo, en el caso de las compras más grandes, puede que haya que trabajar un poco más allá para determinar si el artículo merece realmente la pena. Yo, si estoy valorando una compra importante, suelo seguir estos tres pasos para decidir si el producto merece la pena

Pero, antes de empezar, lo primero que creo que debes hacer es asegurarte de que puedes permitírtelo. Piensa en tu liquidez personal y en cómo afectaría la compra a tu presupuesto a corto y largo plazo. Para mí, ningún producto que te endeude merece la pena.

Pregunta 1: ¿Cuánto vale realmente este producto? 

Cuando decido que voy a comprar algo, lo primero que hago es calcular el valor intrínseco del artículo. 

No te asustes, no hay que hacer demasiadas cuentas. Simplemente valoro el coste del artículo y cuánto cuesta utilizarlo

Por ejemplo, supongamos que estoy considerando comprar un sofá nuevo que cuesta 1.000 euros. ¿Cuántos años espero conservar este sofá? ¿Pienso revenderlo al final y, si es así, cuánto espero que se deprecie? 

En este ejemplo, supongamos también que sólo pienso conservar el sofá un año. Si divido el coste del sofá por el número de meses que pienso tenerlo, estaré pagando 83 euros más al mes sólo por el sofá. Pero si lo puedo revender por 800 euros al cabo de un año, puede que merezca la pena. 

No todos los precios son tan sencillos, pero dedicar un momento a pensar en el coste y el uso del artículo puede ayudarte a determinar si te merece la pena. Si te cuesta justificar el precio en el primer paso, puede ser una señal de que debes renunciar a dicha compra.

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Pregunta 2: ¿Cuánto vale este producto para mí? 

Sería mucho más fácil analizar cada compra desde un punto de vista objetivo y racional, pero eso no siempre es posible. ¡No somos robots!

Aunque pensar en el valor intrínseco del artículo es importante, creo que también lo es considerar cuánto puede valer para ti. Lo mucho que disfrutarás y utilizarás el artículo a menudo va más allá del precio. 

Antes de hacer una compra, tengo en cuenta la utilidad y la frecuencia de uso. En primer lugar, ¿con qué frecuencia voy a utilizarlo? Si compro un saco de dormir para acampar una vez cada 10 años, quizá me quede con un modelo más barato. Pero si se trata de una cafetera espresso que va a alimentar mi adicción diaria a la cafeína, quizá sí tenga sentido comprar un modelo más sofisticado.

A veces es mejor gastar más en un artículo de mayor calidad. Por ejemplo, yo tengo una aspiradora sin cable que cuesta el doble que la que tenía antes, pero hace que la limpieza sea mucho más cómoda y me ha durado mucho más que la otra. 

Y, por último, que lo valga para otra persona no significa que lo valga para ti. Tengo una amiga que tiene una batidora de 500 euros que usa todos los días. Para ella, el elevado coste inicial mereció la pena, porque ahora no tiene que ir a la tienda a comprar zumo todos los días. Yo no bebo zumo muy a menudo, así que ese precio probablemente no tendría mucho sentido para mí.

 

Pregunta 3: ¿Existen alternativas? 

A veces, el primer producto que encuentras no es el mejor. Lo mismo ocurre con el precio: la versión o marca más cara de un producto no siempre es la de mayor calidad.

Antes de hacer una compra, siempre me gusta hacer una última comprobación para asegurarme de que no hay alternativas mejores. Suelo teclear el artículo en el móvil y hacer una búsqueda comparativa rápida para hacerme una idea de qué otras marcas venden ese artículo, por cuánto lo venden y si el producto que voy a comprar está dentro de la media de precios. 

Puede que sea difícil comparar dos marcas o artículos diferentes, así que intento centrarme en ciertas características que me importan más. También leo las opiniones de los usuarios para saber qué opinan los demás del producto. 

No existe una fórmula perfecta para determinar si merece la pena comprar un producto. Pero tener un plan de tres pasos como éste puede frenar tanto las decisiones impulsivas como los temidos remordimientos del comprador.

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