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El agujero de la capa de Ozono en la Antártida disminuye a su tamaño más pequeño desde 1982 debido a unas temperaturas más elevadas

capa ozono nasa
Evolución del agujero en la capa de ozono en el Polo Sur. NASA
  • El agujero de la capa de ozono que se encuentra cerca del Polo Sur ha disminuido hasta alcanzar su dimensión más reducida desde que fue descubierto en 1982, según informó la NASA.
  • La brecha en la capa de ozono en la Antártida alcanzó su dimensión máxima anual el 8 de septiembre, con una superficie de 16,4 millones de kilómetros cuadrados, equivalente a la superficie de Rusia.
  • Esta reducción se debe a un fenómeno que sólo ha ocurrido dos veces más y que se caracteriza por temperaturas estratosféricas más cálidas de lo normal y vientos más suaves.
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Ha alcanzado su tamaño más pequeño desde que fue descubierto. El agujero de la capa de ozono que se encuentra cerca del Polo Sur ha disminuido hasta alcanzar su dimensión más reducida en comparación con los registros documentados desde que su hallazgo en 1982, según informó la NASA. Pero no todo es tan positivo porque la causa parece ser un clima inusualmente cálido. 

Lo cierto es que el tamaño del agujero en la capa de ozono fluctúa a lo largo del año. Normalmente, alcanza su máximo en la época más fría en el hemisferio sur, que coincide entre finales de septiembre y principios de octubre. 

De esta forma, la brecha en la capa de ozono en la Antártida alcanzaba su dimensión máxima anual el pasado 8 de septiembre, con una superficie de 16,4 millones de kilómetros cuadrados. O lo que es lo mismo, un área equivalente a la superficie de Rusia.

Su tamaño se redujo, después a una superficie de 10 millones de kilómetros cuadrados, una extensión en la que parece se ha estabilizado desde el pasado día 16 de octubre. El récord histórico lo marcó en 2006, cuando el agujero sumó un área 26,6 millones de kilómetros cuadrados. 

Si bien el director científico del Goddard Space Center de la NASA, Paul Newman, aseguró que eran buenas noticias, fue precavido con su entusiasmo: “es importante reconocer que lo que estamos viendo este año se debe a unas temperaturas estratosféricas más cálidas. No es una señal de que la capa de ozono atmosférica, de repente, haya acelerado su recuperación”. 

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La visión positiva es que, tal y como señaló Newman, todo ello implica más ozono sobre el hemisferio sur y, en consecuencia, una menor radiación ultravioleta en la superficie. 

Lo cierto es que el tamaño del agujero en la capa de ozono en la Antártida ha disminuido propiciado por unas temperaturas inusualmente cálidas producto del cambio climático. No obstante, los años en los que el clima ha sido más típico, el agujero solía alcanzar un tamaño de 12,87 millones de kilómetros cuadrados entre septiembre y octubre, antes de volver a reducirse. 

 

El papel de las nubes estratosféricas polares en la destrucción de ozono

La NASA también ha explicado el proceso por el que se destruye la capa de ozono. El elemento principal en este proceso son las conocidas como nubes estratosféricas polares, que se producen a altitudes de entre 15.000 y 25.000 metros. Estas nubes se articulan como una suerte de superficie en la que pueden producirse reacciones químicas y se desprenden radicales libres que continúan destruyendo las partículas de ozono de alrededor. 

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Así es que se forman menos nubes polares con temperaturas más cálidas, lo que ha ayudado a limitar su desarrollo y ha dañado menos la capa de ozono. “Este año, las mediciones de ozono en el Polo Sur no mostraron ninguna porción de la atmósfera donde el ozono se haya agotado por completo”, aseguró el científico atmosférico de Bryan Johnson, del Laboratorio de Investigación del Sistema Terrestre de la NOAA.  

 

Más CO2 en la estratosfera destruiría más rápido la capa de ozono

Este septiembre, las temperaturas fueron 16ºC más cálidas que la media para esta época a la altura de 20 kilómetros y esto, ciertamente, no había ocurrido en los cuarenta años que se suman de registro histórico. Este sistema climático debilitó el vórtice polar antártico y lo desplazó de su centro habitual sobre el Polo Sur. Todo ello, redujo la fuerte corriente en chorro que se produce en septiembre en la Antártida hasta una velocidad media de 108 km/h, frente a los habituales 260km/h.

Pese a ser un fenómeno extraño que los científicos aún trabajan por entender, se trata del tercer año del periodo documentado en que las cálidas temperaturas han limitado el agotamiento del ozono.

Si a priori, esto parece significar que el agujero en la capa de ozono se haría más pequeño a medida que aumentaran las emisiones de CO2 y con ello, las temperaturas, esto, avanza Newman, no es así.

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Y es que el efecto del dióxido de carbono en la estratosfera es el opuesto al que tiene en la troposfera. Lo que se traduce en que, en la estratosfera, el CO2 absorbe y emite el calor al espacio y propicia que esta capa de la atmósfera se enfríe más, según explico Newman.

De forma sencilla, más CO2 en la estratosfera implicaría un mayor enfriamiento en esta capa de la atmósfera, lo que propiciaría que se generaran más nubes estratosféricas polares. Estas tendrían un efecto directo en la destrucción de la capa de ozono, que impide que penetre la radiación ultravioleta dañina hasta la superficie de la Tierra.

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