Auge y caída de las Google Glass: de unas gafas revolucionarias a un dispositivo detestado por la opinión pública

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Thomas Trutschel/Photothek via Getty Images

Las Google Glass fueron un fenómeno tecnológico de principios de 2010 que nunca llegó al mercado, pero que tuvo un impacto duradero en la realidad aumentada (RA), y en la opinión pública de esta, a pesar del deslucido lanzamiento del dispositivo y su posterior descontinuación.

Las gafas computarizadas tenían como objetivo revolucionar la tecnología personal y reemplazar los móviles, pero su debut público fue un "carnaval del fracaso", según Quinn Myers, autor de Google Glass: Remember the Internet no. 3.

Lanzado el 20 de septiembre, el libro relata la creación del dispositivo a través de una serie de entrevistas con sus desarrolladores, fanáticos y críticos, analizando su ascenso meteórico y su final efervescente. 

Si bien los dispositivos han sido relegados en gran medida a chistes sobre bromistas tecnológicos, Myers argumenta que el legado de las Google Glass ofrece lecciones sobre privacidad, tecnología RA y responsabilidad corporativa.

"Estudiar las Google Glass no es solo divertido y fácil: es nuestra única esperanza de crear un futuro en el que las corporaciones aún puedan sentir vergüenza y en el que aún se pueda persuadir a nuestros amos tecnológicos para que ayuden a resolver nuestros problemas más graves, en lugar de crear otros nuevos que nos destruyan todo", escribe Myers en la conclusión de su libro. 

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Aunque Myers condena el intento que hizo Google de "reprogramar a toda la especie humana" usando las gafas, cree que los dispositivos podrían haber tenido éxito si no fuera por fallos clave, no solo en la tecnología y el diseño, sino también por un marketing deficiente que exacerbó la brecha entre los "ricos" y los "pobres".

Google no ha respondido a la solicitud de comentarios de Business Insider

Dolores de cabeza, tanto literales como figurativos

Anunciado el 4 de abril de 2012, el ambicioso proyecto tenía como objetivo permitir que los usuarios se mantuvieran conectados "a través de notificaciones sobre lo que sucede en el mundo digital y poder compartir socialmente sus experiencias", según Sebastian Thrun, fundador del laboratorio de investigación Google X, responsable para las gafas y otros proyectos como vehículos autónomos.

Un equipo de ingenieros de Google buscó desarrollar la tecnología necesaria para lograrlo, utilizando la realidad aumentada para proyectar información a través de las lentes de las gafas, lo que permitiría a los usuarios gesticular y hablar para controlar el dispositivo. 

Las primeras versiones, algunas de ellas tan grandes que tenían que guardarse en mochilas, sufrieron problemas como sobrecalentamiento y poca duración de la batería. 

Incluso a medida que avanzaba la tecnología, los usuarios de las gafas informaron sobre dolores de cabeza, mareos y fatiga visual, debido a que se vieron obligados a mirar hacia ángulos no naturales para usar el dispositivo.  

Sergey Brin con las Google Glass en 2013.

"Cuando empezamos, siempre estaba entusiasmado con la realidad aumentada, y gran parte de la visión que teníamos implicaba eso", reflexiona Babak Parviz, director de Google X, que anteriormente dirigió el equipo de las gafas. "Pero muy rápidamente quedó claro que el estado de la tecnología no había llegado aún a ese punto".

Las restricciones tecnológicas también contribuyeron a la apariencia tosca de las gafas, que, a pesar de contratar a un especialista en diseño para ayudar a simplificar las especificaciones, permanecieron pasadas de moda. 

Los problemas de ingeniería relacionados con la forma de la cabeza, la del ojo y las cuestiones ópticas hicieron imposible las mejoras en aquel momento.

Si bien la tecnología de desarrollo inicial limitó la utilidad de las Google Glass en su debut (podía realizar búsquedas básicas, mostrar direcciones de mapas, enviar y recibir mensajes, sacar fotografías y grabar videoclips cortos), la ávida base de fanáticos reaccionó. 

Así, Google tuvo que enfrentarse también a una tremenda reacción del público, lo que finalmente resultó ser un problema de marketing insuperable. 

El cambio en la percepción pública de las Google Glass

En su anuncio inicial sobre el dispositivo prototipo, Google lanzó un video titulado One Day, que mostraba lo que los usuarios podían hacer mientras usaban las gafas: mostraba a un hombre programando su rutina, respondiendo mensajes y navegando por tareas. 

El vídeo inmediatamente atrajo la atención viral de los posibles consumidores.

2 meses después, en la conferencia Google I/O de junio de 2012, el equipo de Project Glass demostró el poder de las gafas transmitiendo en directo la perspectiva que tenía un paracaidista mientras saltaba de un dirigible. 

Los dispositivos se presentaron en la pasarela de la Semana de la Moda de Nueva York en septiembre de 2012. Ese octubre, TIME nombró a las Google Glass la "Invención del año".  

Sergey Brin, cofundador de Google, junto a los diseñadores Diane Von Furstenberg e Yvan Mispelaere, durante la Semana de la Moda en Nueva York (Estados Unidos), en 2012.

No obstante, el proyecto fue muy anticipado desde el momento en que se anunció e inspiró fervor por su interfaz de sensación futurista, prometiendo una experiencia de usuario integrada que sería un gran avance en la próxima generación de tecnología portátil, 2 años antes de que Apple Watch marcara el comienzo de esta ola.

Esa anticipación mantuvo a las gafas en los titulares hasta su lanzamiento público. A principios de 2013, Google organizó una competición en Twitter en la que animaba a los usuarios a enviar lo que harían con el hashtag #IfIHadGlass.  

Los ganadores podían optar a comprar unas gafas por un precio de 1.500 dólares, más los gastos de viaje para recogerlas y recibir los permisos necesarios para usar el dispositivo en Los Ángeles, San Francisco o Nueva York. 

El alto gasto, junto con una audiencia pionera que consistía principalmente en desarrolladores de tecnología y celebridades selectas, comenzó a cambiar la percepción pública de las gafas, pasando de una innovación emocionante a una que subrayaba una división de clases.

"Creo que [las gafas] se convirtieron en un punto de referencia de riqueza, de ser especial, y eso se podía sentir, porque lo usaba todos los días y lo llevaba a las reuniones, o a bailar, a una fiesta", explica Thrun en el libro de Myers. "Me saludaban como si fuera una estrella de rock, algo impactante porque soy más un friki. Yo mismo me meto en la categoría de idiota... pero tuvo ese efecto en la gente".

A medida que más personas comenzaron a explorar el mundo usando sus gafas, se convirtió casi en un juego digital encontrar a otro usuario que las llevara. 

El blog de Tumblr White Men Wearing Google Glass se hizo popular documentando encuentros con otros usuarios de las Google Glass, y el acrónimo "Glasshole" se comenzó a usar para describir a los usuarios más comprometidos con este dispositivo que con la realidad.

"Glasshole" eclipsó rápidamente la etiqueta preferida de Google de "Explorers" (exploradores, por su traducción) para los usuarios de esta tecnología, dañando aún más su reputación.  

Robert Scoble, bloguero de Estados Unidos, pressenta las Google Glass el 24 de abril de 2013 en la conferencia Next Berlín.

La imagen del usuario de las gafas, en su mayor parte ingenieros y científicos informáticos, se volvió progresivamente peor, llegando a viralizarse una imagen viral tomada desde el interior de una ducha por un usuario de las Google Glass. Un gran ejemplo del problema de imagen del producto.

"Todo el episodio fue un sinfín de fracasos tan grande que, sinceramente, se podría argumentar que la principal razón por la que las gafas fracasaron fue el marketing de Google", apuntó Myers en un hilo de Reddit sobre su libro.

El dispositivo se habría comercializado mejor como una cámara deportiva utilitaria como una Go-Pro, según él, de lo que los desarrolladores se dieron cuenta demasiado tarde.

"En cambio, Google trató de comercializar las gafas como una pieza de alta costura. Su argumento era que si querían que la gente las usara todo el día, tenían que convencer al público de que 'las personas geniales y atractivas' también las llevaban", escribe Myers . 

"Así que las vincularon a modelos de pasarela, celebridades y les pusieron un precio exorbitante para que pareciera exclusivo. Desafortunadamente, las únicas personas que mordieron el anzuelo fueron tipos blancos ricos, y todo se derrumbó cuando la gente comenzó a darse cuenta de que las gafas no podían hacer lo que Google había prometido". 

Vigilancia gubernamental y "delitos de odio" por llevar las gafas de Google

Incluso si Google hubiera podido superar algunas de las preocupaciones en torno a la audiencia de sus gafas, ya sea bajando el precio o poniéndolas a disposición de una audiencia de consumidores más amplia, en junio de 2013 llegó otro golpe a su opinión pública.

Ese verano, Edward Snowden, el contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), reveló que el gobierno accedió y recopiló datos de Google y otras compañías tecnológicas como Facebook con un programa llamado PRISM.

Si bien hubo algunos rumores sobre las preocupaciones de privacidad entre los usuarios que no usaban las Google Glass antes de dichas revelaciones, la información de Snowden llevó a un punto crítico las preocupaciones sobre grabaciones encubiertas realizadas por usuarios, además de su acceso por parte del gobierno. 

Los departamentos de policía observaron la tecnología, y el potencial del dispositivo como herramienta de vigilancia se volvió más obvio y preocupante para el público.

"Si PRISM no hubiera sucedido, tal vez los problemas de privacidad hubieran pasado", destaca Myers a Business Insider. "Siempre cito a Google Home y Alexa, y cuando salieron por primera vez, la gente se mostró escéptica y no confiaba en ellos, pero ahora todos tienen timbres y altavoces inteligentes". 

Los usuarios que no usan gafas comenzaron a atacar a quienes usaban los dispositivos en público, avergonzándolos y, en ocasiones, atacándolos por usar gafas que potencialmente violaban la privacidad en público. 

Los usuarios de las gafas, que ya se habían ganado la reputación de estar desconectados, lamentaron la "discriminación" que enfrentaron por usar sus dispositivos en público. Una mujer, en The Daily Show, describió su experiencia como un "delito de odio". 

"No habíamos analizado completamente la fuerte reacción de la cámara en espacios privados", explica Thrun en el libro de Myers. "Fue divertido porque internamente nuestra conversación sobre la privacidad era que el micrófono era mucho peor que la cámara".

El acoso general y el bombardeo de preguntas de extraños disminuyeron aún más la experiencia de usuarios de las gafas, quienes alguna vez se apasionaron por sus lentes. En combinación con los problemas técnicos existentes y su limitada funcionalidad, muchos dejaron de usarlas. 

"Un buen número de Explorers dejó de usar [las gafas] en 2013 o 2014 cuando se convirtió en una molestia salir en público con ellas", describe Myers. "Muchos de ellos simplemente se dieron cuenta de que pagaron 1.500 y luego siguieron haciendo el trabajo de la beta para Google (enviar informes de errores, etc.) de forma gratuita, lo que les molestó hasta el punto de abandonar la tecnología". 

"Nunca debemos dejar de mirar a las Google Glass" 

En última instancia, las Google Glass en sus primeras versiones no pudieron superar sus problemas técnicos y de marketing, y el dispositivo dejó de estar disponible para el público en 2015. En 2020, Google Glass Explorer Edition dejó de ser compatible con nuevas actualizaciones de software.

Aunque el dispositivo aún no estaba listo para una adopción comercial generalizada en el momento de su lanzamiento, las gafas fueron pioneras en los comandos de voz de Google, y desde entonces se han vuelto comunes, además de influir en el desarrollo de la tecnología de realidad aumentada.

El año que las gafas dejaron de estar disponibles para su compra pública, Snapchat lanzó unas gafas de sol que capturaban vídeos para usar en su aplicación. Microsoft lanzó sus auriculares de realidad mixta HoloLens en 2016, y 2 años después, el Ejército de Estados Unidos eligió esta tecnología para desarrollar auriculares para sus tropas.

"Mucho de lo que está sucediendo con la realidad aumentada ahora no existiría si no fuera por los grandes avances realizados por el equipo de las Google Glass", asegura Myers a Business Insider. "Mucho de lo que hay ahora, desde el punto de vista de la potencia informática han llegado porque las gafas de Google allanaron el camino". 

Un asistente con las Google Glass trabaja en un ordenador durante la Conferencia de desarrolladores de Google I/O en Moscone Center West, el 25 de junio de 2014, en San Francisco, California (Estados Unidos).

A medida que la tecnología de realidad aumentada se generaliza, analizar las preocupaciones originales que rodean a las Google Glass es más importante que nunca, porque fue la reacción negativa del público lo que evitó que se desatara la tecnología inacabada.

Las gafas tenían numerosos inconvenientes en las interacciones sociales que los desarrolladores "no consideraron" al crear la tecnología.

"Imagínate si todos usaran cámaras todo el tiempo, todos se pondrían tensos", añade Myers. "Habría una interacción humana menos natural. Si hubiera reconocimiento facial, que puede ser una extraña pesadilla tecnológica a la que deberíamos prestar atención, inmediatamente sabrías todo sobre alguien". 

Con empresas como Meta siendo pioneras en más avances de realidad virtual y aumentada, Myers considera que es importante recordar a las empresas la burla pública que enfrentaron las Google Glass, para mantener a las corporaciones a raya e influir en ellas para ayudar a resolver problemas sociales, en lugar de crear otros nuevos.

"Nunca debemos dejar de mirar a las Google Glass", concluye Myers al final de su libro. "Nunca debemos olvidar el fracaso público más espectacular de uno de los titanes tecnológicos más confiables y respetados de Estados Unidos. Nunca debemos dejar de contar la historia de cómo Google pensó que podía reprogramar a toda la especie humana usando gafas tontas, paracaidistas y un desfile de moda". 

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