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Científicos sudafricanos han conseguido crear unos innovadores 'ladrillos sostenibles' a partir de orina humana

El investigador Dyllon Randall (izq.) y dos de sus estudiantes, Vukheta Mukhari y Suzanne Lambert.
El investigador Dyllon Randall (izq.) y dos de sus estudiantes, Vukheta Mukhari y Suzanne Lambert. Universidad de Cape Town/Robyn Walker

Un equipo de la universidad de Ciudad del Cabo ha demostrado que la orina humana puede transformarse en bloques sólidos que han denominado bioladrillos, y que ofrecen diversas ventajas medioambientales en comparación con los ladrillos convencionales.

El descubrimiento es un ejemplo clásico de serendipia: el ingeniero Dyllon Randall comenzó a recopilar orina humana en los baños de la universidad con el propósito de producir fertilizante orgánico.

Los recipientes para recoger la orina contenía cal, que reacciona con el fósforo de la orina para producir fertilizante, explican en Inverse.

Tras obtener el componente para fertilizante Randall centró su atención en los residuos y descubrió que "la solución de urea podía usarse para hacer un ladrillo mezclándolo con arena suelta colonizada por especies de bacterias que producen la enzima ureasa".

"Los bioladrillos resultan de un proceso natural llamado precipitación de carbonato microbiano similar a la forma en que se forman las conchas marinas. La arena suelta se mezcla con la orina mientras que la ureasa descompone la urea en la orina produciendo carbonato de calcio, que cementa la arena dándole forma," dicen en The Guardian.

Ladrillos moldeados a temperatura ambiente

Además de ser este un ejemplo de cómo convertir un desecho en un producto útil, los bioladrillos tienen la capacidad de reducir la huella de carbono de los ladrillos dado que pueden moldearse a temperatura ambiente, sin necesidad de hornear la mezcla, mientras que los ladrillos convencionales se cuecen en un horno a temperaturas de unos 1.400° y producen grandes cantidades de dióxido de carbono, explican los investigadores.

La dureza de los bloques puede ajustarse prologando la acción de las bacterias que producen la reacción: "Cuanto más tiempo actúen las bacterias en la mezcla más fuerte será el producto resultante", explica Randall.

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Aplicando el método actual de Randall se necesitan entre dos y seis días de reacción entre la bacteria y la mezcla dependiendo de la dureza deseada.

A pesar del planteamiento de utilizar orina humana para construir ladrillos y de que el equipo de Randall todavía tiene que realizar algún tipo de construcción para demostrar la viabilidad de su idea, el ingeniero se muestra gratamente sorprendido por la aceptación de su propuesta, y se muestra "agradecido por la apertura de mente de la gente".

"Ese tipo de interés me da muchas esperanzas de cara a lograr una mayor sostenibilidad medioambiental", sostiene.

   

Artículo Original de Economía Digital

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