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Las gestoras ven que las dudas de este año seguirán en 2019: su apuesta pasa por diversificar aún más las carteras

Traders siguen con preocupación las operaciones en Wall Street
Reuters
  • La volatilidad va a perdurar en 2019 y por eso existe el sentir general de que hay que elegir con mucho cuidado los activos en los que se invierten.
  • Con los mimbres actuales, tendríamos un escenario que podría ser favorable para las acciones de crecimiento.
  • Además, la renta variable podría hacerlo mejor que los bonos durante la próxima década.

El fin del programa de estímulos podría conllevar un menor crecimiento y una mayor volatilidad. Ese es el denominador común que encuentran varias gestoras de fondos de inversión a la hora de construir sus estrategias para el 2019. 

Los bancos centrales han comenzado finalmente a retirar el estímulo que inyectaron en la economía mundial tras la crisis financiera. En Estados Unidos, la Fed está subiendo los tipos de interés y poniendo en marcha una “contracción cuantitativa”. La media de los expertos cree que esto debería generar “un aumento de la volatilidad” para el ejercicio que está apunto de arrancar. 

Ante este entorno, ¿qué puede suceder en los mercados y qué tipo de acciones hay que tener en cuenta?

La realidad es que los gestores de fondos de inversión tienen de media el pensamiento de que es momento de hacer una mayor diversificación en las carteras, teniendo en cuenta, precisamente, que la regularidad no va a ser la tónica imperante el año próximo. 

Allianz GI: Las ideas contra tendencia pueden funcionar bien

En el plano mundial, las presiones inflacionistas aumentan al subir los precios al consumo. De esta manera, según los expertos de Allianz GI los inversores deberán considerar las acciones, las materias primas y los inmuebles como “coberturas naturales de la inflación”. Las materias primas y las acciones globales todavía “parecen bien posicionadas en general”. 

Según la gestora las ideas en contra de la tendencia y los temas apartados del consenso “pueden verse favorecidos”, ante este clima de mayor inestabilidad que ha de esperarse. Y, sobre todo, tener una cartera que tenga un mayor equilibrio. 

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DWS: Equilibrio entre las acciones value y de crecimiento

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Drew Angerer/Getty Images

Además, es posible que la correlación entre las distintas clases de activos como la renta variable o los bonos sea más baja el próximo año, tal y cómo apunta la gestora DWS. En lo que va de 2018 el 89% de los activos denominados en dólares americanos han tenido un rendimiento negativo, en contraste con 2017 cuando esto afectaba solo al 1% de los activos.

“Las correlaciones entre los extremos deberían ser un asunto del pasado y, como resultado, potenciar la diversificación en las carteras debería ser ventajoso”, expone Stefan Kreuzkamp, CIO de DWS.

Petra Pflaum, EMEA Co-Head of Equities de DWS, considera que la media de las ganancias corporativas a nivel global crecerá a un ritmo del 5% en 2019.

“Esto debería ser suficiente para evitar un reajuste bajista en el mercado. Así, es muy probable que en 2019 se dé nuevamente un escenario favorable para los valores de crecimiento (growth), no obstante, las acciones value (valor) están cotizando a precios atractivos y los dividendos deberían incrementarse el próximo año entre un 5% y un 7%

En este sentido, Pflaum aconseja a los inversores adoptar una estrategia Barbell para alcanzar un equilibrio entre las acciones value y las de crecimiento. En un escenario positivo sin mayores conflictos, los inversores podrían sobreponderar los mercados de renta variable emergente, proveedores de software y las acciones cíclicas.

Por tanto, en un escenario adverso, Pflaum recomienda invertir en títulos estadounidenses y otras acciones más defensivas como las de fabricantes de bienes de consumo.

Flossbach von Storch: Normalidad a la hora de diversificar en acciones

Phillipp Vorndran, estratega de Flossbach von Storch apunta que, como inversor de largo plazo, prefieren las acciones. El experto explica que la renta variable tiene activos productivos, “recompensan a sus accionistas con ingresos en forma de dividendos y valorización a largo plazo”.

Los trastornos temporales en los mercados financieros hacen poco para cambiar esto, siempre y cuando la economía recupere su control después “de una recesión”, como siempre ha sido el caso. 

En esta línea apunta que los escasos rendimientos de otras inversiones y la persistente política de bajos tipos de interés de interés sugieren que “las acciones lo harán significativamente mejor que los bonos en la próxima década”

Así, en su opinión, los activos siempre deben posicionarse de tal manera que “sobrevivan a las crisis en gran medida sin sufrir daños”, sin sacrificar todos “los rendimientos potenciales”.

La calidad de las inversiones individuales es de vital importancia. Aquellos que pueden confiar en la calidad de sus inversiones y tener un horizonte de inversión a largo plazo “no deberían tener que temer a las turbulencia”
 

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