La estimulación del nervio vago abre puertas a revertir la parálisis o mejorar los entrenamientos olímpicos, según un exitoso ensayo clínico

Cerebro

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  • Un ensayo clínico que comenzó en 2017 con pacientes de accidentes cerebrovasculares muestra el inmenso potencial de la neuroestimulación del nervio vago.
  • Esta técnica podría desde revertir la parálisis a mejorar significativamente el rendimiento físico, aunque tiene importantes controversias éticas a su alrededor. 
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El nervio vago se trata del nervio craneal más largo: va desde el bulbo raquídeo hasta el tórax, atravesando la región cervical, el tórax y la cavidad abdominal. Su función es conectar el tronco cerebral con casi todos los órganos del cuerpo, como corazón, pulmones, estómago, intestinos, páncreas, hígado, riñones, bazo y vesícula.

Esta primavera, las conclusiones de un exitoso estudio clínico publicado en The Lancet avisan del potencial de la neuroestimulación del nervio vago, no solo para revertir parálisiss de un modo impensable, sino para potenciar el rendimiento físico hasta límites insospechados. 

Tal y como recuerdan desde Wired, en este ensayo participaron 108 pacientes con discapacidad significativa en brazos y manos debido a un accidente cardiovascular. 

A todos ellos se les implantó mediante operación quirúrgica un neuroestimulador en su nervio vago. Los resultados fueron asombrosos: en combinación con la terapia de rehabilitación las extremidades se recuperaron mejor y más rápido que con cualquier tratamiento previo. 

El estudio reveló que estimular el nervio vago fue equivalente a comprimir años de fisioterapia en meses. Las posibles aplicaciones de esta tecnología no solamente salpican a personas enfermas, sino también sanas. 

Un implante cerebral para estimular el nervio vago, ¿el futuro de deportistas, músicos o estudiantes?

A grandes rasgos, cuando el nervio vago recibe estimulación adicional, el cerebro libera neuromoduladores, que regulan las respuestas del cuerpo cuando se aprende una nueva tarea, fortaleciendo los circuitos motores involucrados. 

"No hay mucha diferencia entre enseñarle a una víctima de un derrame cerebral a usar un tenedor y enseñarle a un atleta de élite a golpear mejor una pelota de béisbol", explica Charles Liu, el neurocirujano principal del estudio y director del Centro de Neurorestauración de la USC.

Dicho de otro modo, cal reforzar estos circuitos sería posible optimizar el cerebro, mejorando la plasticidad sináptica y aprendiendo cualquier tarea mejor y de forma más rápida. 

Existen varias áreas que podrían beneficiarse de la nueva tecnología, que en realidad es transversal a toda profesión o habilidad que dependa del control motor. El ámbito más obvio es el deporte, pero también la mejora del control de un instrumento o el aprendizaje de un idioma que también requieren el uso y la repetición de movimientos. 

“La gente le tiene miedo a los implantes cerebrales, pero no a los algoritmos de Google ni al texto predictivo, que mejoran de manera similar nuestras capacidades", señala Liu. 

De todos modos, la futura neuroestimulación plantea dilemas éticos y controversias legales y jurídicas. ¿Harían estos implantes más profunda la brecha entre los atletas con mayor poder adquisitivo y aquellos con menos recursos económicos? ¿Cómo afectaría al sistema educativo? Además, el hecho de precisar un implante quirúrgico dificulta su escala. 

Algunos científicos estudian cómo excitar el nervio vago desde fuera del cuerpo, con estimulación transcutánea no invasiva o mediante el uso de campos magnéticos. Por el momento, solamente los participantes del estudio publicado en The Lancet han sido estimulados con esta emocionante, aunque peliaguda, tecnología.

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