El FMI advierte a Europa: la crisis de suministros podría extenderse a 2023 y contagiar a la inflación

Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI

La crisis de suministros seguirá siendo un problema para Europa hasta 2023. El Fondo Monetario Internacional ha advertido de que  "las interrupciones del suministro podrían durar más, posiblemente hasta 2023".

Este aviso es importante porque son precisamente los cuellos de botella los que explican la escalada inflacionaria de los últimos meses. El aviso del FMI, por tanto, esconde una segunda derivada: la inflación continuará siendo alta durante 2022.

"Estimamos que los choques de oferta pueden explicar alrededor de la mitad del aumento en la inflación de los precios de los bienes manufacturados. El resto se explica principalmente por una mayor demanda", señala el documento publicado por el organismo.

Los problemas logísticos y la falta de microchips, entre otros bienes clave, están frenando en seco la fabricación de muchos productos. 

Los fabricantes se enfrentan desde hace meses a un encarecimiento de los costes de producción y, sin los suministros necesarios para fabricar más, están vendiendo por debajo de su capacidad. Al mismo tiempo, la demanda no deja de aumentar. Un cóctel letal que lleva al aumento de los precios finales de los productos.

"Estimamos que el PIB habría sido alrededor de un 2% más alto, lo que equivale al crecimiento de aproximadamente un año en tiempos normales previos a la pandemia para muchas economías europeas", señala la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

Ante esta situación de incertidumbre, el desafío para los bancos centrales es respaldar la recuperación sin permitir que se arraigue una alta inflación.

El Banco Central Europeo se enfrenta ahora al reto de contener una inflación desbocada que, en el caso de España, supera el 6%, una tasa no vista desde principios de los años 90, hace 30 años.

Para detener este círculo vicioso, el BCE tendría que subir los tipos de interés, y esto sería como echar el freno de mano en la economía en un momento crítico para la recuperación. 

Es el gran error de la última crisis, que ahora el BCE se cuida de volver a cometer. En 2008 el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, subió tipos de interés demasiado pronto, y esto cercenó el consumo y enfrió las economías europeas.

Mantener estables las expectativas de inflación a mediano plazo a pesar de los impulsos transitorios de la inflación, incluso debido a las interrupciones del suministro y al aumento de los precios de la energía, "es clave para gestionar esta disyuntiva", señala el FMI.

"El BCE ha decidido acertadamente mantener una postura monetaria acomodaticia hasta que se cumpla su objetivo de inflación a medio plazo", al tiempo que conserva su flexibilidad para ajustar el rumbo si la elevada inflación subyacente resulta ser más duradera de lo esperado, añade el documento.

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