La compra de Twitter por Elon Musk representa una nueva y escalofriante amenaza: 'trolls' multimillonarios apoderándose de redes sociales

Elon Musk dijo que quiere comprar Twitter porque cree "en su potencial para ser la plataforma de la libertad de expresión en todo el mundo".

Britta Pedersen-Pool/Getty Images; iStock; Twitter; Rebecca Zisser/Insider

Musk acaba de comprar Twitter por 41.000 millones de euros, días después de la publicación de este artículo.

Cree lo que quieras sobre el intento de adquisición de Twitter por parte de Elon Musk, pero, por el amor de Dios, no te creas el cuento de que es una especie de paladín de la libertad de expresión.

Como parte de su intento de comprar Twitter directamente por 40.000 millones de euros, Musk escribió una carta al presidente de Twitter, Bret Taylor, explicando sus supuestas razones para presentar esta oferta de compra única de tipo "tómalo o déjalo".

"He invertido en Twitter porque creo en su potencial para ser la plataforma de la libertad de expresión en todo el mundo, y creo que la libertad de expresión es un imperativo social para el funcionamiento de la democracia", escribió.

Pero Musk no es un defensor de la libertad de expresión y nunca lo ha sido. Es un defensor de la expresión exenta de consecuencias. Son dos cosas muy diferentes. El derecho de expresión, tal y como se recoge en la Constitución de Estados Unidos, es una garantía de que el Gobierno no puede infringir tu derecho a ser escuchado. No tiene nada que ver con la forma en que las empresas privadas, como Twitter, hacen cumplir las normas sobre la expresión en sus plataformas. Tampoco tiene nada que ver con que tus conciudadanos puedan enfadarse contigo por lo que dices.

Cuando los acólitos de Musk le atribuyen una cruzada en favor de la libertad de expresión, tal vez quieran decir que, filosóficamente, él piensa que la gente debería ser capaz de tolerar opiniones diferentes. Pero el desprecio de Musk por la prensa, su propensión a la intimidación a través de internet y los incidentes pasados de manipulación del mercado contradicen esta idea tan noble. A Musk no le importa respetar la expresión de los demás, sino que no quiere que le llamen la atención por abusar de su poder como CEO multimillonario. 

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Musk quiere un mundo sin normas ni restricciones, donde los más fuertes y ricos sean imparables. Ese es el tipo de mundo que Musk está tratando de reforzar con su compra de Twitter. Se ha referido a Twitter como una "zona de guerra", un lugar en el que todo vale y en el que la fuerza es lo correcto. Ahora está tratando de hacer que Twitter se parezca más a esa visión: un lugar que es mejor para él y para muy pocos más. 

Musk tiene un asiento en Twitter, pero claro, que compre la empresa

Toda la saga Elon-Twitter se ha movido tan rápido como el propio Twitter. Un resumen rápido: Musk reveló el 4 de abril que había acumulado casi el 10% de las acciones de la compañía. Poco después, se le ofreció un puesto en el consejo de administración a cambio de un acuerdo por el que solo podría comprar hasta un 15% de la empresa. A última hora del domingo, el CEO de Twitter, Parag Agrawal, anunció que Musk había rechazado el puesto en el consejo, lo que le permitía seguir absorbiendo acciones.

Es comprensible que Musk rechace el puesto en el consejo. Los miembros de la junta directiva de Twitter tienen una responsabilidad fiduciaria de hacer lo mejor para la empresa y sus accionistas. No está claro que la visión de Musk de Twitter como un refugio para los amigos de los NFT, los comentarios ofensivos y la manipulación moderada de los títulos sea lo que quieren los accionistas. 

Los miembros del consejo de administración de Twitter están obligados a hacer declaraciones sobre la empresa a través de las relaciones públicas de Twitter, lo que habría puesto en jaque las importantísimas encuestas de Musk sobre las características de Twitter ("¿eliminar la 'W' de Twitter?" o "¿debería Twitter tener un botón de edición?"). 

Y entonces, el jueves, todo el asunto llegó a un punto crítico. Musk ofreció comprar Twitter con una prima del 40%, por 54 dólares la acción. En una declaración, Musk dijo que no confiaba en que la dirección de la empresa fuera a cumplir su "imperativo social" de libertad de expresión y realizar los cambios que él desea.

Las acciones se dispararon al conocerse la noticia, aunque hay que tener en cuenta que las acciones de Twitter cotizaban a cerca de 80 dólares por acción hace 14 meses, lo que significa que la "mejor y definitiva" oferta de Musk supondría pérdidas para algunos accionistas. Amenazó con vender su participación por completo si la oferta de compra es rechazada, lo que probablemente provocaría que las acciones de Twitter se tambaleen.

(En otras palabras: Bonita empresa la que tienes aquí, lástima si le pasa algo).

La inmediata reacción positiva del mercado a la oferta de compra de Musk contrasta con la forma en que los empleados de Twitter han recibido todo este drama. Según el Washington Post, los empleados de la compañía estaban tan alarmados por la posibilidad de que Musk intoxicara su cultura que Twitter programó un encuentro de preguntas de todo tipo con él. La reunión se canceló después de que Musk rechazara el puesto en la junta directiva, pero tiene sentido que los empleados de Twitter estén preocupados. Tesla es conocida por ser un entorno de trabajo tóxico. La empresa ha sido citada en repetidas ocasiones por los organismos reguladores por violar las normas de seguridad destinadas a proteger a sus empleados, así como las normas medioambientales destinadas a proteger a las comunidades en las que Tesla fabrica sus coches.

Pero además, Musk representa una gran parte de lo que Twitter ha intentado cambiar de su producto. En los últimos años, la empresa ha intentado (y a menudo ha fracasado) establecer barreras sobre lo que es y no es un mensaje aceptable en la plataforma. Eso significa controlar la desinformación, las expresiones ofensivas y de odio, y a los malhechores. Musk, como usuario de Twitter, ha incurrido en mucho más que memes estúpidos. Quizás recuerdes que fue un superdifusor de la desinformación sobre el COVID. Y aunque de vez en cuando utiliza la plataforma para responder a preguntas y hablar de cohetes, también lo hace para jugar con la bolsa, especialmente con la cotización de Tesla.

Elon Musk.

En 2018, tuiteó que tenía un acuerdo en marcha para sacar a Tesla de la bolsa por 420 dólares la acción. Aunque Musk ha argumentado que el tuit era cierto, la SEC [el regulador del mercado de valores estadounidense] no estuvo de acuerdo (al igual que algunos tribunales) y lo acusó de haber cometido un fraude bursátil, y finalmente le impuso una multa de 20 millones de dólares como parte de un acuerdo. (Dijo que la multa "mereció la pena").

Ahora está obligado a que alguien revise sus tuits sobre las finanzas de Tesla antes de enviarlos. (Sí, el hombre que quiere comprar la empresa tiene un cuidador de Twitter por mandato legal). También hay demandas en curso de los inversores relacionadas con dicho tuit.

En teoría y en la práctica, tiene sentido que alguien que utiliza una plataforma de forma tan imprudente sea expulsado de la misma. Donald Trump utilizó Twitter para fomentar un movimiento que culminó en una revuelta convertida en insurrección, y fue expulsado. Musk está utilizando su dinero para asegurarse de que no corre la misma suerte, presionando a Twitter para que dé cabida a su comportamiento -y por extensión a comportamientos similares- en la plataforma. Hay que suponer que otros multimillonarios caprichosos están tomando nota.

Las palabras importan

A Musk no le gusta reconocer este hecho, pero las palabras tienen peso en nuestra sociedad. Todos tenemos que lidiar con lo que nuestras palabras significan para la gente y cómo afectan a los demás. Las palabras de Musk tienen más peso que la mayoría, debido a su dinero, sus empresas, sus empleados y su poder. Pero Musk rechaza esa responsabilidad porque le acarrearía consecuencias por sus acciones. 

Ya en 2018 Musk llamó a un buzo llamado Vernon Unsworth -que formaba parte de un esfuerzo por salvar a unos niños en Tailandia que estaban atrapados en una cueva parcialmente sumergida- "pedófilo" en Twitter. Unsworth había menospreciado la propuesta de Musk para rescatar a los niños, y Musk tomó represalias, dirigiendo sus decenas de millones de seguidores contra un tipo cualquiera que compartía una opinión informada. 

Unsworth demandó a Musk por difamación y perdió. Un jurado no consideró que el ciberacoso de Musk llegara a la categoría de difamación. Sin embargo, en medio de este circo, Musk demostró que no solo no tolera las críticas de nadie, sino que apenas piensa ni respeta lo que sus palabras pueden significar para el resto del mundo.

Cuando Musk trató de defender su comentario (de nuevo, en Twitter), argumentó que en el lugar donde creció, en Sudáfrica, el término es un insulto general para una mala persona. Pero eso no es lo que significa "pedófilo" para el resto de la sociedad. Así que, o bien Musk miente sobre lo que entiende que significa la frase, o es tan infantil que está dispuesto a lanzar comentarios dañinos hacia otra persona cuando sabe que serán asumidos por millones de seguidores. 

Ninguna de estas opciones debería ser aceptable para ningún adulto, y mucho menos para alguien que es el CEO de una de las empresas más valiosas del mundo y que quiere ser dueño de una enorme empresa de redes sociales.

La fábrica de Tesla en Fremont, California, en 2018.

Musk también sabe que reconocer el impacto de sus palabras significa que tendría que hacer algo sobre sus consecuencias, no sólo en Twitter sino en la vida real. Tesla ha sido demandada por cargos de discriminación por el Departamento de Empleo y Vivienda Justos de California. En la demanda, el organismo alega que los empleados pertenecientes a minorías fueron sometidos a una cultura de acoso y obligados a realizar un trabajo deshumanizado y degradante en la fábrica de la empresa en Fremont, California. 

La demanda también alega que los empleados negros fueron segregados a otra parte de la fábrica a la que los empleados se referían a veces como "la estación de los monos" o "la nave de los esclavos" o "la plantación". La demanda dice que los trabajadores negros eran relegados a tareas de poca importancia, como fregar el suelo de la fábrica. Los calificativos racistas no sólo se oían, según la demanda, sino que se garabateaban en las paredes de los baños.

Estas palabras tienen un significado violento. Los insultos raciales son inaceptables porque son deshumanizantes. Llevan el peso de cientos de años de desigualdad y abuso. Hacen que las personas se sientan menos que nadie y fomentan la toxicidad.

Ya en 2017, en respuesta a una acusación previa de discriminación racial en Tesla, Musk escribió una carta que decía, entre otras cosas, lo siguiente: "Si alguien se comporta como un idiota contigo, pero se disculpa sinceramente, es importante tener la piel dura y aceptar esa disculpa". También escribió: "Si formas parte de un grupo menos representado, no tienes un salvoconducto para ser un imbécil". 

En la declaración, Musk hace una falsa equivalencia, poniendo el discurso de las víctimas del racismo al mismo nivel que el de quienes lo perpetúan. Ignora el peso que tienen las palabras. Por desgracia, la renuncia de Musk a esta responsabilidad tiene consecuencias para decenas de miles de empleados de Tesla y Space-X. Ahora también podría tener consecuencias para todos los usuarios de Twitter. 

Cuando Musk utiliza la "libertad de expresión" como defensa para este tipo de comportamiento, demuestra que no entiende el concepto. Se escuda en el lenguaje de la libertad de expresión para justificar el acoso a las personas que fabrican su juguete favorito en las redes sociales. Como miembro del consejo de administración de Twitter, su capacidad de amenazar a la empresa para que se comporte más como él es limitada. Como único propietario y usuario con poder, sería libre de hacerlo. 

A Twitter le ha costado años de fracasos separar el concepto de libertad de expresión de la práctica de moderar su plataforma. Ahora llega Musk, empeñado en volver a enturbiar las aguas en su beneficio. No te confundas. Sea lo que sea lo que Musk está haciendo con sus miles de millones en Twitter no tiene que ver con ideales elevados, o con hacer que la plataforma sea mejor para los usuarios en su conjunto - se trata de Elon Musk.

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