Pasar al contenido principal

Silicon Valley se ha obsesionado tanto con el dinero que los fundadores e inversores siguen aceptando dinero de gente horrible, y eso nos está destrozando a todos

¿Te preocuparía que Jeffrey Epstein invirtiera en tu startup o en tu fondo? ¿Acaso lo has comprobado?
¿Te preocuparía que Jeffrey Epstein invirtiera en tu startup o en tu fondo? ¿Acaso lo has comprobado? Associated Press
Opinión
  • Silicon Valley argumenta que todo gira en torno a la creación de productos innovadores capaces de transformar el mundo. Pero en la desesperada búsqueda del éxito, muchos fundadores e inversores de capital de riesgo han caído en bancarrota moral.
  • Aceptan con frecuencia y deliberadamente dinero de fuentes corruptas, que luego contaminan los productos que todos compramos y usamos.
  • Jeffrey Epstein era inversor tecnológico y asociado privilegiado de fondos de capital riesgo. Arabia Saudí ha invertido miles de millones en productos tecnológicos como WeWork y Uber. Cuando esos fundadores tienen éxito, y cuando usamos sus productos, enriquecemos aún más a los malos.
  • Silicon Valley debe hacerlo mejor.
  • Descubre más historias en Business Insider España.

Si eres inversor de capital de riesgo o empresario, tu objetivo principal es lograr un éxito inconmensurable.

Puede que tengas un segundo objetivo más noble de intentar construir algo que mejore el mundo. Pero si no triunfas primero, no tendrás la oportunidad de hacer realidad esa idea innovadora.

El éxito se mide generalmente en dólares. Cuánto dinero recaudas. Cómo de grande es tu fondo. Consiguiendo una valoración de Unicornio. Cuánto dinero le devuelves a los inversores. O, si eres un inversor, a tus socios de negocios.

En última instancia, se trata de lo rico que consigues ser.

Y con tanto dinero circulando hoy en día por Silicon Valley, perseguir el sueño del éxito nunca ha sido tan fácil. Hay capital disponible de todo el mundo. Para los fundadores e inversores de tecnología, no importa a qué cajero automático vayas: todos escupen dinero.

Pero no todo el dinero es igual. Si aceptas dinero de gente buena, tu éxito se convierte en el éxito de ellos. Del mismo modo, si tomas dinero de malas personas, tu triunfo también se convierte en su éxito.

Esto es algo en lo que muy pocos empresarios y capitalistas de riesgo quieren reflexionar. La brújula moral de Silicon Valley está rota.

La semana pasada almorcé con dos socios fundadores ya consolidados que están en medio de una ronda de recaudación de fondos. Están buscando cheques gigantescos, de más de 50 millones de dólares cada uno. Les pregunté si estaban considerando a quién estaban vendiendo sus ideas y de dónde provenía su dinero.

Respondieron que sí, que lo habían pensado. Sin embargo, no habían llegado a una conclusión sobre qué debían hacer. Aceptar dinero de Arabia Saudí, razonó uno de ellos, era esencialmente lo mismo que echar gasolina al coche. De cualquier manera, estás apoyando al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, el gobernante de facto del país que se sospecha es el responsable del asesinato de un periodista.

En una reciente entrevista con el CEO de WeWork, Adam Neumann, le pregunté sobre la recaudación de dinero del Vision Fund de SoftBank, respaldado en gran medida por Arabia Saudí.

Neumann se detuvo antes de responder a la pregunta y luego esencialmente dijo que la próxima vez consideraría mejor sus fuentes de capital.

Resulta que Jeffrey Epstein, el deshonrado financiero que se suicidó en la cárcel este mes, también era inversor en el sector tecnológico. Se supone que era socio limitado en fondos de capital riesgo e inversor en startups.

Al menos un inversor que se llevó su dinero en 2013, Joi Ito, ha dado la cara. Él ha reconocido haber aceptado dinero de Epstein años después de que las acusaciones de 2008, incluida la declaración de culpabilidad de Epstein de haber solicitado servicios de prostitución con una menor de edad, se hicieran públicas.

"Lamentablemente, a lo largo de los años, el laboratorio ha recibido dinero a través de algunas de las fundaciones que él controlaba. Yo sabía de estos aportes y estos fondos fueron recibidos con mi permiso", declaró Ito en una disculpa pública la semana pasada. "También le permití participar en varios de mis fondos que invierten en compañías tecnológicas fuera del MIT."

La decisión de Ito le ayudó económicamente, pero perjudicó a otros a largo plazo. Los capitalistas de riesgo no necesitan revelar quiénes son sus socios limitados, y es probable que ninguno de los fundadores que aceptaron la financiación de Ito supiera que parte de ella provenía de Epstein. Ahora sus productos están contaminados con dinero de un delincuente sexual.

Se supone que los fundadores deben realizar la debida labor de auditoría de los inversores antes de aceptar su dinero. Eso significa llamar a sus referencias para ver si son personas decentes. Asimismo, se supone que los inversores deben actuar con la debida diligencia tanto con los fundadores a los que quieren apoyar como con los socios limitados que invierten en sus fondos.

A menudo, apenas se realiza una due diligence como es debido.

El empresario Om Malik escribió después de que se expusiera la conexión Epstein-Ito: "¿Es mucho pedir que la gente haga una simple búsqueda en Google antes de hacer negocios con alguien?"

Fred Wilson, un inversor de capital de riesgo que invirtió desde muy temprano en redes sociales como Tumblr y Twitter, escribió recientemente que se sorprendió de lo imprudentes que fueron algunos de los fundadores a la hora de elegir a sus inversores.

"Es fácil quedar atrapado en el juego de las startups e invertir en ellas", escribió Wilson. "Un proceso de recaudación de fondos es, en el fondo, una competición. Y todos quieren ganar. Pero no obtienes un trofeo por ganar este juego. Te metes en una relación. A menudo una muy larga."

No son sólo los inversores y los empresarios los que se meten en relaciones duraderas con personas malas. Somos todos nosotros.

El abastecimiento de gasolina puede enriquecer a los malos. Y también lo hace cada viaje financiado con fondos saudíes que haces en Uber o cada oficina de WeWork en la que trabajas. Tu iPhone está hecho en China, donde el gobierno ha obligado a millones de musulmanes uigures a trasladarse a campos de reeducación. Todos nuestros productos tecnológicos están corruptos, en un sentido u otro.

Si no podemos hacer realidad nuestras convicciones en nuestra vida personal, ¿por qué deberíamos esperar que las empresas, con beneficios en juego y responsabilidades hacia sus empleados, tomen este tipo de decisiones?

Es una pregunta complicada, sin respuestas fáciles. Pero en Silicon Valley, donde el ideal de cambiar el mundo ha sido durante años mitificado y exprimido, existe una mayor responsabilidad a la hora de afrontarlo. Y cuanto más intentan los fundadores e inversores cumplir con sus principios, más difícil resulta racionalizar las cosas que no están a su altura.

Richard Titus, inversor tecnológico y empresario, está de acuerdo en que se trata de un problema "tóxico" en el ámbito de la tecnología, pero reconoce que para los fundadores y los inversores puede resultar difícil tomar el buen camino y elegir entre financiar su sueño o hacer lo correcto.

"Necesitamos preocuparnos más por el origen de los fondos", ha afirmado en Twitter. "Pero cuando te quedas sin dinero, y te sientes obligado a hacer lo que muchos fundadores hacen... es difícil. Muy difícil."

Y además