'Wandavision' resucita la amenaza que conlleva la entrega semanal de un fenómeno popular: el 'spoiler'

Elizabeth Olsen en Wandavision

Marvel Studios

Wandavision se ha convertido en el último fenómeno seriéfilo que está sometiendo a una dura prueba nuestra destreza a la hora de evitar los spoilers. Cada capítulo está cuajado de guiños, enigmas, giros inesperados y apariciones estelares. La magia de esta explosiva combinación ha convertido el visionado en una experiencia de tal magnitud que el espectador digital sencillamente no puede contener su emoción después de haberlo visto. 

Es lo que explica que, tras el capítulo de rigor, la red se llene de teorías, aclaraciones, aplausos, intercambio de opiniones, críticas y amplificación de las mejores escenas que convierten el ciberespacio en un peligroso campo de minas. Porque desde el momento en el que el episodio se estrena en la plataforma y el espectador tiene en sus manos la decisión de darle al play, cada minuto de retraso alarga la sombra del spoiler. Los que ahora están sufriendo este drama es sus carnes son los fans de Marvel en una situación que no es tan habitual. 

Hoy en día el público se ha acostumbrado a confeccionar una dieta audiovisual a medida y el consumo es tan dispar que lo que vemos y el ritmo al que lo hacemos rara vez coincide de forma masiva. Esto solo ocurre cuando estamos ante un verdadero fenómeno cultural. Sucedió con Juego de Tronos. Y ahora está sucediendo con Wandavision.

A una abundancia de estrenos, de por sí difícil de gestionar, se ha unido la amenaza de que la experiencia del visionado se malogre por saber cosas antes de tiempo y de manera involuntaria. No es casual que spoiler, el anglicismo que se emplea para designar ese acto de destruir el factor sorpresa, se haya construido a partir del verbo to spoil (estropear o echar a perder). El spoiler acaba con algo consustancial a la experiencia audiovisual: el recibirla de manera intacta, sin más información que la que el creador y el marketing han querido que sepamos. 

La mayor parte de los spoilers que galopan por Internet son más fruto de la despreocupación o el descuido que de un acto de genuina maldad. Es un efecto colateral del exceso de entusiasmo post visionado y la necesidad de compartirlo. Algo, en realidad, beneficioso en términos de popularidad, ya que otorga a la serie un extra de visibilidad en un océano de oferta. 

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La amenaza del spoiler forma parte de la cultura misma de las series. Hay quien los afronta sin dramas por considerarlos inevitables. Otros, más spoilerfóbicos, se lo toman más a pecho y adoptan distintas medidas para protegerse de ellos (silenciar palabras clave, bloquear a usuarios, alejarse de las redes hasta que haya visto el episodio en cuestión o incluso reprender a quien está compartiendo más información de la necesaria). Los spoilerfóbicos de Wandavision son fáciles de identificar. Acostumbran a asomarse a Twitter el viernes por la mañana, reivindicando la necesidad de que las redes sean un espacio seguro y un poco de consideración hacia aquellos a los que el maratón matutino de videoconferencias les impedirá ver el episodio hasta la hora de comer. 

Las series de televisión han sido, ya desde su explotación en formato literario en la Inglaterra victoriana, una buena forma de mantener enganchada a la audiencia, estableciendo una relación sostenida con un universo narrativo, que se va descubriendo de manera dosificada. El espectador se va familiarizando con las reacciones de los personajes y con la dirección que toman las tramas. Y, gracias a ese vínculo, el creador puede jugar con su anticipación, dejando que teorice y trate de resolver los enigmas que se le plantean.

Al dosificar los capítulos, se alimenta esa ansia por saber qué ocurrirá a continuación y se amplifica el factor sorpresa, precisamente cuando los derroteros de la historia no coinciden con lo que ese espectador creía que iba a suceder. 

Con el boom del streaming y la tendencia a apostar por los estrenos en bloque, muchos pensaron que el estreno semana a semana había pasado a mejor vida. Nada más lejos de la realidad. Junto a plataformas que apuestan decididamente por los maratones de contenidos, la nueva ola de servicios SVOD (Disney+ entre ellos) han encontrado en la anticipación episódica el mecanismo perfecto para sus necesidades. 

Demorar la gratificación con un episodio semanal tiene innumerables ventajas. Se exprime al máximo la expectativa y se alarga la vida del producto. También permite generar conversaciones más sostenidas en el tiempo. Y aunque el gran inconveniente de la emisión semanal es que no todo vale para mantener el interés de la audiencia y justificar la espera, no parece que sea un problema para Disney. Sus propiedades intelectuales tienen tanto gancho que la inconveniencia de la espera es directamente proporcional a la satisfacción final. 

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Es probable que una compañía como Disney, que ha construido una marca en torno al concepto de la magia de la experiencia, odie los spoilers tanto como sus clientes, pero ha encontrado la manera de usarlos en beneficio propio. Una vez que el capítulo está disponible en la plataforma, la responsabilidad cae pesadamente sobre tus hombros. Comerte un spoiler será la consecuencia de tu falta de celeridad, de tu pereza o tu desidia. 

La serialización semanal de contenidos tradicionalmente se ha construido generando expectativa. Ahora se le ha unido la urgencia. Por eso en la zona horaria de Europa Central, solo el que desayuna con Wandavisión puede considerarse un auténtico fan

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