10 películas con protagonistas que saben que tú (sí, tú) existes y les estás viendo

Cuarta pared
  • La técnica de la cuarta pared consiste en derribar la frontera entre la ficción y el público para que la primera pueda comunicarse con este último.
  • Existen muchos motivos por los que una película derriba la cuarta pared: crear un vínculo empático con el público, convertirlo en confidente del protagonista e incluso distanciarlo de este.
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La película está siguiendo su curso narrativo normal, estás enganchado a su trama cuando, de repente, el protagonista se detiene, mira a cámara, te mira directamente y te pregunta si crees que logrará recuperar a la chica. A partir de ese momento, dejas de mirar esa película de forma pasiva y acabas totalmente involucrado en ella: al fin y al cabo ahora formas parte de la historia.

La ruptura de la cuarta pared es una técnica que el cine heredó del teatro, donde no existe una cuarta pared en el escenario para garantizar así una conexión entre los personajes y el público. Consiste en crear una comunicación directa entre el personaje y el público; el primero se dirige de forma explícita al segundo, admitiendo en muchas ocasiones que forma parte de una ficción y que la audiencia es su observadora pasiva.

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Más allá del efecto de sorpresa a corto plazo, ¿qué motivos funcionales puede tener una película para romper la cuarta pared y admitir que existes? Aquí tienes 10 pelis que usan esta técnica por motivos totalmente diferentes y variados que elevan el drama, la comedia e incluso el terror.

1. Annie Hall

Annie Hall

Annie Hall utiliza la relación sentimental entre los dos protagonistas para hablar de todas las relaciones de pareja, incluidas las de los espectadores. Es por eso que, desde la primera escena, Alvy Singer (Woody Allen) habla a cámara. Sabe que está hablando con un público y, al dirigirse a él, lo involucra con su historia personal y consigue que todo el mundo asienta a lo largo de toda la película, pensando “sí, esto me ha pasado a mí”.

En el caso de esta película, hablar directamente a la audiencia también eleva la comicidad y permite meta-chistes. Una de las escenas más memorables es la de la cola del cine, en la que Singer no puede soportar los comentarios del ‘erudito’ que tiene detrás. Este habla tan alto sobre  el filósofo McLuhan que los protagonistas no pueden concentrarse en su conversación. Seguro que te ha pasado algo así, de forma que una vez más asientes cuando el protagonista avanza hacia ti y te pregunta qué te gustaría hacer en estos casos.

Y él hace lo que muchos han imaginado hacer: saca de entre bambalinas a McLuhan, el personaje intelectual del que está hablando el pesado de detrás, para que le ponga en su sitio y le diga que no tiene ni idea de lo que está diciendo. ¡Ojalá en la realidad se pudiera invocar gente de esta forma!

2. Funny Games

Funny Games

La primera vez que cae la cuarta pared ocurre sobre los 30 minutos de película. Los dos misteriosos intrusos ya han entrado a escena y uno de ellos ha acabado con el pobre perrete de la familia. La madre está buscando a la mascota, sin saber qué se encontrará. De repente, su asesino, Paul, mira a cámara (es la imagen de arriba), sonríe y guiña al espectador. Segundos después, la madre descubre el cadáver.

¿Por qué su director, Michael Haneke, decidió hacerlo de esta forma? Para incomodar al espectador. Este ya no es un agente pasivo de la terrible historia: se ha convertido en cómplice accidental de los villanos. Poco después, uno de ellos mira de nuevo a cámara y te pregunta si crees que la familia sobrevivirá. Todo es un juego ficcional, pero llegados a este punto el espectador no puede evitar pensar en las veces que ha permitido en la vida real ocurriera un acto de violencia.

Haneke rompe la cuarta pared en otras ocasiones. Puede que la más célebre sea la escena del rebobinado. Cuando respiras aliviado al ver que al menos uno de los psicópatas ha muerto, el otro coge el mando y rebobina para evitar la muerte. Esta pareja siniestra sabe que forma parte de un producto de consumo, pero no piensa permitir que seas tú el que lleve la voz cantante. Hará lo que le dé la gana, incluyendo romper muchos tabúes del género.

3. Alfie

Alfie

La espléndida tragicomedia protagonizada por un seductor Michael Caine da comienzo con su personaje, Alfie, dirigiéndose al público. Antes de que pueda decir su nombre, su nueva amante lo dice en voz alta y aparece en pantalla. Una genialidad, pero la película va más allá.

Durante todo el largometraje, Alfie explica a la audiencia su forma de pensar. Solo a ella. A la audiencia. De esta forma, ocurren dos cosas. La primera es que el protagonista justifica su particular manera de vivir al espectador, y por lo tanto como segundo efecto este se convierte en su confidente, en su único apoyo emocional.

Este apoyo emocional tendrá un impacto cada vez mayor conforme el púbico descubra que la vida del protagonista no es tan maravillosa como parece. En una de las escenas más emotivas de la película, tú, solo tú, le ves llorar y sufrir. Para los demás, Alfie es otra persona totalmente diferente al Alfie que tú conoces.

Por lo tanto, se crea una conexión especial y única, una relación íntima entre personaje y audiencia que pocas pelis más han logrado igualar.

4. La gran apuesta

La gran apuesta

Normalmente, un biopic (película biográfica) utiliza muy pocos datos reales sobre la vida del personaje del que habla, o sobre la situación real en la que se basa la peli. Y, cuando decide recurrir a los hechos, lo hace para realzar sus momentos dramáticos. La realidad está al servicio de la ficción, en resumen.

Con La gran apuesta, un biopic sobre cómo explotó la reciente burbuja de las hipotecas, ocurre al revés: las metáforas y el drama están al servicio de los datos reales. El objetivo de este cambio: conseguir que el público entienda cómo y por qué ocurrió la crisis económica del 2008. Y una de las metáforas más utilizadas es la de hablar directamente a la audiencia. Al fin y al cabo, ¿existe un método más efectivo para instruir y enseñar?

La mayoría de las escenas explicativas de La gran apuesta rompen la cuarta pared, se dirigen específicamente al público. ¿Por qué hablarle a la audiencia de esta forma en lugar de recurrir al drama habitual? Porque la crisis económica fue un tema que afectó a todo el mundo, y porque de esta forma los protagonistas y secundarios hacen algo que no hizo los bancos en su momento: hablar claro a la persona de a pie.

En la escena de ejemplo, el personaje de Christian Bale, Michael Burry, descubre la fragilidad de los créditos subprime, pero su alerta cae en saco roto. Cuando cae derrotado, la narración abandona la ficción para explicar la realidad de Wall Street e introducir a Margot Robbie, haciendo de ella misma. La actriz explica descarnadamente a cámara qué son las subprime mientras descansa en una bañera. 

El lenguaje es tan claro y directo que, una vez Robbie se asegura que la audiencia ha entendido cómo la banca torea y manipula a sus clientes, manda a todo el mundo a paseo para que pueda seguir disfrutando de su baño.

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5. Todo en un día

Todo en un día

La comedia protagonizada por Matthew Broderick no fue la primera en romper la cuarta pared y hablar al público, pero sí que fue la que popularizó la técnica. Desde el primer momento, el protagonista, Ferris Bueller, convierte a la audiencia en su fiel amiga. En la primera escena da consejos al público sobre cómo fingir estar enfermo para quedarse en casa y hasta tapa los ojos de los espectadores mientras se ducha.

La confianza, creatividad y jovialidad de Bueller hipnotizan al público: ayuda a que el espectador sepa, desde el minuto uno, que forma parte de esta comedia urbana. 

En especial, Bueller tiene una forma de pensar que penetró en la sociedad de los 80: ponía en duda el sistema educativo, la manía de los adultos a buscarle la lógica a todo, e invitaba a que cada uno de los espectadores fuera auténtico, original. Este mensaje cala porque va directo al público.

Por ejemplo, uno de los mensajes que más se repite en Todo en un día es el de “la vida se mueve rápido, si no te detienes a mirarla puede que te la pierdas”. Esta moraleja aparece incluso en el final de la película, donde, en una de las primeras secuencias post-créditos de la historia, Bueller mira a cámara por última vez y pregunta al público por qué sigue ahí, por qué no ha salido ya de la sala de cine; hay todo un mundo ahí fuera esperando y no siempre va a estar disponible.

Esta escena post-créditos no solo marcó escuela: ha sido parodiada en numerosas ocasiones. Por ejemplo, seguro que viste su homenaje en Deadpool

Y, hablando de Deadpool...

6. Deadpool 1 y 2

Deadpool

Los cómics Marvel aprovecharon la locura de Deadpool y las múltiples voces en su cabeza para convertirle en EL superhéroe que habla directamente al público, el único consciente que vive dentro de una historia de ficción. En las películas, Deadpool hace lo mismo. Como resultado, sus películas rompen la cuarta pared a casi cada momento. ¿Cuál es el objetivo  de esta incesante conexión directa con el espectador más allá de hacer reír? Criticar su género.

Las mejores parodias cinematográficas rompen la cuarta pared en mayor o menor medida porque no hay mejor forma de explicitar que se está criticando a un género que afirmar conscientemente que se forma parte de dicho género. Piensa en las pelis de Mel Brooks, especialmente La loca historia de las galaxias, donde cada dos por tres sus personajes comentan las oportunidades de merchandising que da el género de las aventuras en el espacio.

En el caso de Deadpool 1 y 2, ambas películas se estrenaron en un momento en el que las pelis de superhéroe eran el pan de cada día. Muchas pelis de Marvel y DC repiten fórmulas: la doncella en apuros, el artefacto de turno que da poderes, la trepidante secuencia de acción inicial, el mensaje moralista del final… Deadpool menciona explícitamente todos estos momentos para que la audiencia sea consciente de ellos y se ría al reconocer que se han abusado de estos tópicos hasta lo absurdo.

Además, la cuarta pared ha ayudado hasta a solventar dificultades durante la producción de las pelis. Deadpool 1 se quedó sin presupuesto para crear una gran escena final. ¿Cómo lo arreglaron? Haciendo que Deadpool se olvidara las armas en casa y comentando en voz alta que bueno, que haría lo que se pudiera.

7. El lobo de Wall Street

'El lobo de Wall Street'.
'El lobo de Wall Street'.

Hasta ahora has visto muchos caso en los que la destrucción de la cuarta pared une al prota con el espectador: “mira, esta es mi vida”, “mira, este es mi mensaje”, “mira, ¿has visto lo ridículas que son las pelis como las mías?”.

Pero la ruptura de la cuarta pared irónicamente también puede crear distancia. Es el caso de películas como El lobo de Wall Street. En muchas ocasiones Jordan Belfort, el protagonista, habla a cámara, para intentar explicar o justificar su vida laboral amoral y su forma de vivir desmadrada. Pero ahí está la clave: lo intenta. No lo consigue. Solo lo intenta.

En muchas de sus explicaciones a cámara, Belfort fracasa en empatizar o conectar con la audiencia. Detiene su justificación y suelta un comentario que le distancia de su público. Como resultado, se crea un abismo invisible entre este antihéroe y sus observadores. En esta peli, la cuarta pared realza la indignación, el rechazo y el asco que sientes hacia él.

Jordan se convierte un poco en ese amigo que primero hace gracia, pero luego da vergüenza ajena. Ese amigo que en las salidas nocturnas le observas de lejos y, si alguien te pregunta, niegas con la cabeza y dices que no, que no le conoces de nada y que estás de acuerdo con el comentario general: es un desgraciado.

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8. El club de la lucha

El club de la lucha

Hay críticos especializados en cine que creen y justifican que todo El club de la lucha es un mensaje que rompe la cuarta pared mental del espectador para revelarle la realidad de la que huye. Más allá de este análisis (que necesitaría más espacio que un apartado en un listado), el film contiene ciertos momentos de explícita ruptura de la cuarta pared que apuntan hacia esa dirección.

Por ejemplo, la escena del proyector del cine. En ese instante, el narrador explica que Tyler trabaja a veces cambiando los rollos de película de un cine. Y te cuenta que le gusta recortar frames del rollo y pegar una imagen diferente, normalmente subida de tono, para manipular a la audiencia. Aquí está el primer mensaje: a la humanidad le gusta alterar la realidad, le gusta cortar el presente e introducir su propia versión. Y tú formas parte de esta humanidad. Vives en una película editada y montada por ti mismo.

En una escena ya casi al final, Tyler da su famoso discurso "no eres tu trabajo, no eres tu dinero en el banco…". Si te estremeces en ese momento, es normal: Tyler acaba mirando a cámara, y toda la cinta tiembla. Tiembla por las terribles verdades que dice y que amenazan con desmontarte el chiringuito.

Y es que esa es la función de la cuarta pared en El club de la lucha: romper tus falsas verdades y hacerte pensar sobre el estilo de vida que has vivido hasta ahora.

9. Jacuzzi al pasado

Jacuzzi al pasado

En ocasiones, la ruptura de la cuarta pared no es una constante en una película, sino que se hace solo una o dos veces a lo largo de toda la peli por objetivos muy concretos. Por ejemplo, una buena ruptura a tiempo puede adelantarse a la crítica o cuestionamiento de la audiencia sobre algún giro de la trama. Esta técnica suele funcionar de maravilla en las comedias.

El ejemplo más reciente y famoso es la de Jacuzzi al pasado, una peli sobre un jacuzzi que es en realidad una máquina del tiempo. Como la premisa es estúpida, la peli se adelanta a la queja del público haciendo que uno de los personajes diga en voz alta la función del jacuzzi y mire con cara de incredulidad a cámara.

¿Qué ocurre? Que la audiencia se ríe por el efecto cómico y acepta inconscientemente la locura de idea porque la peli se ha adelantado con las críticas. 

10. Amelie

Amelie

Ocurre muy pocas veces, pero en ocasiones el uso de la cuarta pared muta a lo largo de la película para expresar un cambio, normalmente en el comportamiento de la protagonista.

Amelie gira alrededor de una joven solitaria e introvertida. Su trágico pasado indica que apenas puede interactuar con la gente de su mundo. Así que decide interactuar con la audiencia. Depende de ella para no sentirse sola. Y el espectador está encantado con ello, ya que el mundo secreto de Amelie es fascinante.

Cada vez que realiza algo en secreto, algo que requiere de un confidente, Amelie te mira o te susurra. Pero hay un problema. Un problema que puede que la audiencia sepa consciente o inconscientemente: tarde o temprano la peli acabará. Tarde o temprano no serás el confidente de Amelie. Se quedará sola. Qué terrible, ¿verdad?

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Pero entonces llega la penúltima mirada a cámara. Es en la secuencia final, cuando Amelie te mira, sí, pero también lo hace Nino, su interés amoroso. Él también ha entrado en su mundo y todo indica que se quedará con ella por siempre. Así que Amelie ya no necesita a la audiencia, se despide de ella en una última mirada final, tremendamente triste pese al contexto.

Es un adiós, sí, pero te levantas de la butaca sabiendo que no volverá a estar sola. Es un consuelo, ¿verdad?

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