10 pensamientos que tienes y que te impiden convertirte en una persona millonaria y triunfadora

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  • Una persona triunfadora y/o millonaria ha cultivado una serie de pensamientos positivos y proactivos que le han permitido llegar lejos. ¿Tienes esta serie de ideas o lo que pasa por tu mente te paraliza?
  • Para cambiarlos necesitarás tiempo, mucha consciencia y ganas de validarlos con acciones coherentes.
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¿Te has preguntado alguna vez por qué te cuesta tanto cumplir tus metas o sueños? ¿Quieres triunfar en la vida, pero no encuentras la forma de arrancar? 

Si preguntas a una persona millonaria o triunfadora sobre el secreto de su éxito, una de las claves que te revelará es el tipo de pensamientos que tiene.

Estos condicionan tu forma de ver la realidad, tus sentimientos más habituales, cómo te relacionas con los demás… Así que, si descubres que tienes un cúmulo de pensamientos limitantes o negativos, lo más probable es que te espere una vida limitada.

Si quieres cambiar eso (y no hay mejor momento que el presente), tendrás que identificar estos pensamientos automáticos que te entorpecen y empezar a crear pensamientos más positivos. Al principio costará, y tendrás que fortalecer estos pensamientos internos con acciones externas, pero pronto te descubrirás en el camino hacia el éxito.

Aquí tienes 10 pensamientos que jamás pensará una persona millonaria y que seguramente se han convertido en grandes piedras en tu camino.

#1. “No tengo tiempo”

Tiempo
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Por norma general, “No tengo tiempo” viene a decir “Este objetivo me motiva cero así que no pienso dedicarle tiempo”, según LifeHack. Y es que, cuando algo te interesa mucho, de forma automática encontrarás tiempo, aunque sean 5 minutos, para ponerte en marcha.

Si te encuentras diciendo “No tengo tiempo” muchas veces a algo que sabes que te puede reportar beneficios, la solución es sencilla: busca un mejor 'por qué', tal y como indica Forbes.

¿Por qué deberías dedicar una hora al día a esta tarea? Explora múltiples respuestas, no te contentes con la primera que se te pase. Imagina los resultados a lo grande, invirtiendo todo el presupuesto imaginario de tu mente en crear una imagen del futuro nítida y vibrante. Finalmente, conecta los motivos a tus valores.

Verás que, de repente, tienes tiempo de sobras.

#2. “No puedo permitirme un descanso”

Descanso
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Puede que cometas el error de creer que para triunfar en la vida hay que trabajar las 24 horas, los 7 días de la semana. Si tu objetivo es acabar con la mente quemada y sin energía para tener buenas ideas o para tomar buenas decisiones, entonces sí, adelante: trabaja sin parar.

En caso contrario, el descanso es tu aliado.

Descansar mitiga el estrés de la vida laboral y te recarga las pilas. Piensa que cada día empiezas con cierta cantidad de energía (imagina una barrita llena como en un videojuego). Cada acción, decisión, pensamiento o imprevisto baja esa barrita. Y la única forma de rellenarla es parar un rato. Incluso deberías plantearte un día a la semana de descanso 100%, tal y como indica Becoming Minimalist.

Muchas actividades relacionadas con el reposo tienen un impacto positivo en tu rutina. Por ejemplo, leer ayuda a cultivar la creatividad, meditar fortalece la calma en momentos de estrés o pasear desbloquea bloqueos mentales.

#3. “Ya he cumplido mi deseo, no me queda nada más por hacer”

Viajar
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Un error común a la hora de planificar objetivos es centrarse demasiado en obtener resultados a corto plazo o muy concretos: “Quiero ganar al mes 5 mil euros”, “Quiero publicar una novela que sea ganadora de premios”...

Si piensas de este modo, una vez alcances lo que podría ser la primera etapa de un largo y emocionante viaje, te detendrás. Te contentarás con una victoria inicial, que puede que en ese momento parezca enorme, pero que es una nadería en comparación con todo lo que podrías haber obtenido.

Así que en lugar de pensar en objetivos muy específicos, piensa en horizontes. Piensa en destinos que te gustaría que siempre estuvieran en la lejanía, para motivarte día a día a dar un paso hacia ellos. Por ejemplo, en lugar de “quiero ganar al mes 5.000 euros”, si te planteas “quiero una vida de abundancia” siempre estarás en movimiento, siempre tendrás algo por hacer.

Esta forma de pensar (“disfruta del viaje, no del destino”) no solo te ayudará a que tomes más riesgos y cumplas más tareas; te ayudará a forjar buenos hábitos. 

Un estudio reciente de dos científicos especializados en el comportamiento de la Escuela de Negocios de Stanford ahondó en las diferencias entre la gente que cumple objetivos y la que no. Se descubrió que los objetivos más amplios, los que dibujan un destino, acaban forjando rutinas positivas y productivas. En cambio, las tareas a corto plazo son tan rápidas, tan inmediatas, que apenas da tiempo a cultivar un buen hábito, según indica Fast Company.

#4. “Soy ya muy viejo/a para conseguir lo que quiero”

Samuel L. Jackson, durante una gala de los Premios Óscar.
Samuel L. Jackson, durante una gala de los Premios Óscar.
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El actor Rodney Dangerfield no alcanzó su primer éxito hasta los 46 años. A partir de entonces protagonizó un montón de comedias.

Charles Darwin publicó El origen de las especies cuando tenía 50 años, y ya sabes el impacto que tuvo su teoría en el mundo.

Stan Lee no creó su primer cómic de éxito hasta los 39. Hasta entonces hacía historias que le pedían la editorial. Pero escuchó a su mujer y creó a Los 4 Fantásticos.

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Vero Wang no descubrió el mundo del diseño hasta los 40. Ahora es una de las diseñadoras más populares.

El actor Samuel L. Jackson parece que ha estado toda la vida haciendo películas, pero su primer gran papel lo interpretó con 43 años.

¿Henry Ford? Su primer coche revolucionario lo sacó con 45 años.

¿La chef Julia Child? Cumplió sus sueños a los 50.

El éxito no tiene límite de edad. El “Ya es demasiado tarde para mí” es una excusa que esconde el miedo a empezar, el miedo a arriesgarse, un temor la mar de natural, pero no hay que dejar que domine la vida. Porque entonces estos pensamientos irracionales se hacen verdad.

#5. “Me faltan habilidades” / “No puedo superar este problema” / “No soy bueno/a”

Solucionar problemas
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Cualquiera de estas variantes representan un gran obstáculo en el camino al éxito. Normalmente este pensamiento aparece debido a que la mente es muy cortoplacista. Cuando piensas en un reto ambicioso, la mente se obsesiona en averiguar en sí podrías resolverlo ahora, ya mismo, antes de que acabes la siguiente inhalación. Y la respuesta es: “No, no puedo hacerlo… ahora mismo”.

Pero si piensas a largo plazo, si te das un mes, un año, una década de tiempo; si te permites no uno, sino dos fracasos, tres, cien, miles...; si no te da vergüenza pedir ayuda, aliados, recursos… entonces de repente el “no puedo” se vuelve en un “lo conseguiré, tarde o temprano lo conseguiré, es inevitable”, según señala Tiny Buddha.

La gente triunfadora, millonaria o de éxito ya espera que las cosas no se solucionen a la primera. Es más: se alegran por ello. Al fin y al cabo, no aprendes gracias al éxito. Aprendes gracias a los fallos, porque te obligan a analizar qué haces mal, qué deberías empezar a hacer y cómo ponerlo en práctica.

Y si un problema te sigue pareciendo un problemazo: rómpelo a cachitos. Estructúralo en retos más pequeños pero asumibles. No temas reducir el problema a tareas tan ínfimas como “dedicar un segundo a pensar en ello”. Cualquier paso hacia adelante, por nimio que sea, no deja de ser un paso hacia adelante. Y eso es mejor que quedarse quieto.

#6. “Esto que ha pasado no ha sido culpa mía”

Escaquearse
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Muy raro sería que no tuvieras parte de responsabilidad en cualquier aspecto de tu día a día. 

En el caso de un fracaso, un error o un problema gordo creado por tus acciones, lo peor que puedes hacer es negar tu responsabilidad. Sí. Al principio puede doler hacerlo, y puede que te caiga una buena bronca o alguien decida no hablarte más. Pero, a cambio, tendrás suficiente información para saber qué habilidades o aptitudes tienes que mejorar.

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Si no te convence, dale la vuelta: negar un error te impide mejorar y por lo tanto garantiza que sigan ocurriendo errores. Puedes ingeniártelas para hacer como que no existen o atreverte a aceptar uno de ellos. Con solo integrar un fracaso, muchos errores venideros se desvanecerán.

#7. “Todo esto es culpa mía y me lo merezco”

Culpa
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Sí, se trata de la versión contraria del pensamiento anterior. También lo debes evitar si quieres convertirte en una persona triunfadora. 

Irse al extremo de convertirse en víctima es otra excusa para evitar cambiar de forma de ser. Al decir “me merezco las consecuencias” lo que se crea es una actitud sumisa y reactiva.

En cambio, si piensas “esto que ha pasado ha sido culpa mía, ¿qué puedo hacer para evitar que se repita”, la cosa cambia, ¿verdad? De repente la mente trabaja y empieza a ver alternativas, ideas, nuevos horizontes y posibilidades.

En resumen: acepta tu responsabilidad, pero no te conviertas en mártir.

#8. “Ese o esa ha tenido suerte, eso es todo”

Preguntar
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La suerte es un factor para el éxito, eso está claro, pero no es el único factor. El 99% de la fórmula ganadora es hacer algo, actuar para cambiar el presente y provocar nuevas reacciones. Dichas reacciones muchas veces son aleatorias, y ahí entra el factor suerte.

Así que una persona millonaria o triunfadora que descubre a alguien superior o que ya ha conseguido el mismo objetivo, lo último que hará es quitarle méritos. Lo que pensará es “¿Cómo puedo aprender de esta persona?”, “¿Hay algo de lo que ha hecho que puedo replicar o incluso mejorar?”.

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En ocasiones, la persona con mentalidad triunfadora preguntará directamente a un posible rival “¿Cómo lo has hecho?”. Puede que hasta se produzca una alianza inesperada o que surja una buena amistad. Así que no sufras: acepta los triunfos de los demás y ten suficiente curiosidad en descubrir la cadena de acciones-reacciones que han provocado estos éxitos

#9. “No soy muy bueno con el dinero”

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Puedes buscar todas las variantes de esta frase que quieras. “No soy bueno con el networking”. “No soy bueno con los presupuestos”. “No soy bueno con las nuevas tecnologías”.

De nuevo, todo esto es una excusa para evitar el cambio. Es además una falacia cognitiva.

Una falacia cognitiva es un pensamiento irracional que impide un progreso adecuado. En concreto, los pensamientos del estilo “No soy bueno” o “No estoy hecho para esto” pertenecen a la categoría de pensamientos 'Todo o nada', tal y como indica Very Well Mind. Es una falacia mental porque intenta encorsetarte en categorías extremas: o eres blanco o eres negro, o eres un sí o eres un no.

En realidad, eres gris, ambiguo y complejo. No eres totalmente nulo en temas económicos; lo que ocurre tu nivel de conocimiento no se corresponde al que necesitas para alcanzar ciertos objetivos. Por lo tanto, toca entrenar, experimentar, preguntar y formarte para subir ese nivel. Y una vez seas bueno para cumplir cierto deseo, te plantearás otra misión por encima de tus conocimientos y, de nuevo, tendrás que progresar.

Por lo tanto, no pienses de esta forma. Piensa “¿Qué necesito para alcanzar el nivel que deseo en esta habilidad o ámbito de mi vida?”. Este tipo de preguntas motivan la acción, propician soluciones. Son más energéticas que las frases absolutas y derrotistas.

10. “Aún no es el momento adecuado para empezar”

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¿Sabes cuánto se tarda de media en aprender a tocar el piano de forma decente? Unos tres años. ¿Sabes cuánto tiempo tardarás en aprender a tocar el piano si empiezas mañana? Tres años. ¿Y si empiezas pasado mañana? Tres años otra vez. ¿Y si decides empezar dentro de un año? Pues igual: tres años.

En cambio, si empiezas hoy a aprender a tocar el piano, dentro de un año te quedarán solo dos años más. ¿Magia? No: ¡ponerse en movimiento!

No hay mejor momento para emprender el camino a tu éxito personal que ya mismo, ahora. Cuanto más tardes en empezar, más tardarás en conseguir lo que quieras. Esto es así y da igual lo que diga tu mente, esa artista en quedarse cómodamente donde está.

Puede que te dé miedo empezar por temor al fracaso. Ponte como objetivo fracasar 5 veces esta semana y verás como el miedo desaparece. O puede que sea la incertidumbre lo que te paralice. Cuidado con ella: la incertidumbre es muy aliada del pensamiento “primero voy a documentarme un poco”. Ese “poco” puede convertirse en “toda una vida”. Acepta que siempre va a estar ahí, incluso cuando alcances el éxito, y ponte en marcha.

¿Quieres un buen truco para empezar a cumplir alguno de tus objetivos nada más acabar de leer este artículo? Toma nota, es la mar de sencillo.

Escribe en un papel un objetivo que sepas que tardarás al menos un año en cumplir. Intenta que sea lo más específico posible. Por ejemplo “Pesar 80 kilos” es mejor que “Adelgazar”.

Ahora, escribe el sub-objetivo que deberías cumplir dentro de 9 meses para conseguir tu objetivo principal. 

Ahora, el sub-objetivo dentro de 6 meses.

3 meses.

1 mes.

1 semana.

El sub-objetivo de mañana.

Y, finalmente, la acción más pequeña que puedes realizar al acabar de leer este texto. Puede ser “Pasear 30 minutos” en el caso de perder peso.

Verás que te resulta más fácil visualizar los pasos de adelante hacia atrás, empezando por el final y acabando por el inicio. Eso se debe a que la mente no funciona bien de forma lineal, por mucho que nos empeñemos en ello. La mente, cuando ve un objetivo suculento, se pone realmente las pilas y visualiza el paso previo.

Esta forma de conseguir la acción mínima para hoy puede valer con otros lapsos de tiempo. Prueba con un objetivo para dentro de una semana. Si lo quieres cumplir el lunes que viene, escribe qué debes hacer el domingo, luego el sábado, luego el viernes….

Antes de que te des cuenta, ¡ya habrás dejado ese pensamiento que te impedía triunfar bien atrás!

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