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11 situaciones extrañas que ocurrieron tras la catástrofe nuclear de Chernóbil

Escolares con máscaras de gas durante un entrenamiento de seguridad nuclear en una zona cercana a la planta nuclear de Chernóbil.
Escolares llevan puesta una máscara de gas durante un entrenamiento de seguridad nuclear en una zona cercana a la planta nuclear de Chernóbil. Sergey Ponomarev/AP Images

La miniserie de HBO Chernobyl ha reavivado el interés en la peor catástrofe nuclear de la historia, que tuvo lugar el 26 de abril de 1986 con la explosión de uno de los reactores de la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania.

Muchas de las consecuencias de ese fatídico día aparecen documentadas en la serie de televisión: la ciudad de Pripyat fue evacuada en su totalidad, quedando reducida a una zona de 2.589 kilómetros cuadrados de acceso restringido. 

Leer más: Cómo es realmente el día a día en la zona de exclusión de Chernobyl

Tres meses después de la catástrofe, más de 30 personas fallecían de envenenamiento por radiación. La explosión del reactor dio lugar también a situaciones de lo más extrañas que hoy día aún se pueden ver en los alrededores de la planta. 

La noria Ferris se puso en funcionamiento el día después de la catástrofe

Some reports say a brand-new Ferris wheel opened early to entertain residents after the accident.

El parque de atracciones de Pripyat iba a abrir sus puertas el 1 de mayo de 1986, cinco días después de la catástrofe de Chernóbil.

Aunque la inauguración del parque nunca se llegó a producir, la noria Ferris se puso en funcionamiento una única vez el 27 de abril de 1986, para entretener a los residentes que se preparaban para evacuar la zona.

 

 

 

Se aconsejó a las embarazadas que se sometieran a un aborto, ante la posibilidad de desarrollar problemas de salud

Doctors inaccurately advised women in Western Europe to get abortions, fearing their children would have health problems.
El fotógrafo de Getty Sean Gallup visitó el centro de niños con discapacidad en Belarus. Sean Gallup/Getty Images

En las semanas posteriores al desastre, incluso los profesionales médicos experimentaron cierta "radiofobia", o miedo infundado a los efectos de la radiactividad. La Agencia Internacional de Energía Atómica reportó que entre 100.000 y 200.000 embarazos fueron interrumpidos en Europa del Este debido a consultas médicas en las que los médicos aseguraron temer por la vida de los infantes.

Pasados 20 años del accidente, la Organización Mundial de la Salud confirmó que la exposición a la radiación no fue tan alta como para provocar problemas serios de salud en los fetos. Si bien en Bielorrusia se registraron múltiples casos de niños con malformaciones, la Organización Mundial de la Salud determinó que no era concluyente. 

Algunos grafiteros dejaron su marca en las paredes de los edificios

Graffiti artists have drawn strange shadowy figures on the walls of buildings.
Graffiti en la ciudad abandonada de Prípiat, Ucrania. Alexey Furman/Anadolu Agency/Getty Images

En los años posteriores al desastre, muchos grafiteros se desplazaron a la Zona de Exclusión para dejar su huella en forma de murales y retratos. Entre los motivos de los grafitis, destaca el de figuras de pequeña estatura que sirven de recordatorio de quienes un día vivieron allí.

La vegetación sigue creciendo, a pesar de todo

Artifacts started to deteriorate, but vegetation continued to grow.
Los restos de un vehículo, capturados en la ciudad de Pripyat en 2019. Genya Savoliv/AFP/Getty Images

El fotógrafo David McMillan lleva 25 años visitando la zona de forma frecuente con el objetivo de capturar la decadencia del lugar, y la desintegración de los artefactos y propaganda soviética que quedaron abandonados con la evacuación de la población.

En el año 2009, un retrato de Vladimir Lenin, el fundador del Partido Comunista Ruso, desaparecía sin dejar rastro. Lugares como una tienda de libros abandonada o el parque temático que nunca se llegó a inaugurar, fueron engullidos por la vegetación. 

 

Los turistas han ido dejando muñecas en las camas y el alfeizar de las ventanas

Creepy dolls can be found on windowsills and beds, but they were likely staged by visitors.
Una muñeca vintage colocada en la cama de una guardería cerca de la central nuclear de Chernóbil. Gleb Garanich/Reuters

Al contrario de lo que cabría esperar, las espeluznantes muñecas que se pueden ver en las instalaciones de Chernóbil no fueron abandonadas por sus habitantes. La mayoría fueron depositadas por los propios turistas, quienes han ido dejando muñecas en las guarderías abandonadas para crear un efecto más dramático en los propios visitantes.

Es ilegal residir en la Zona de Exclusión, pero hay quienes se resisten a abandonarla

It's illegal to reside in the exclusion zone, but many older women chose to move back.
Residentes del pueblo Ilyintsy, ubicado en la Zona de Exclusión de Chernóbil, fotografiadas en abril de 2006. Sergei Supinsky/AFP/Getty Images

El agua y la tierra de Chernóbil están contaminadas, con lo que es ilegal residir en la zona. No obstante, la zona no está del todo despoblada. En los meses posteriores a la tragedia, cientos de residentes regresaron a sus pueblos natales, ignorando todo tipo de recomendaciones.

El grupo, conocido como "Samosely" ("los que se autoabastacen"), se ha adaptado a convivir con altos niveles de radiactividad. La mayoría son mujeres de 70 - 80 años, más conocidas por el sobrenombre "las babushkas de Chernóbil".

 

Los perros callejeros han empezado a aparearse con lobos

Stray dogs might have started mating with local wolves.
Perro callejero en la Zona de Exclusión de Chernóbil. ap

Cuando los residentes de Pripyat tuvieron que abandonar la ciudad, no se les permitió llevarse consigo a sus mascotas (los perros persiguieron los autobuses según se alejaban de la ciudad).

Los descendientes de aquellas mascotas deambulan hoy en día por la Zona de Exclusión, y han empezado a aparearse con lobos, con quienes guardan un gran parecido.

El oso pardo europeo ha regresado a la región después de más de 100 años

The European brown bear returned to the region after more than a century.
Un oso pardo europeo. Arterra/Universal Images Group/Getty Images

Antes de la catástrofe, el oso pardo europeo llevaba más de cien años sin dejarse ver en la zona de Chernóbil. Sin embargo, en 2014, un biólogo ucraniano capturó la imagen de un ejemplar en la zona. No es la única vez que se ha documentado la presencia de estos osos en Chernóbil, lo que parece indicar que los osos han colonizado la región.

Científicos han liberado una especie en peligro de extinción en la zona

Scientists released an endangered horse species into the area.
Un caballo salvaje Przewalski, capturado en la Zona de Exclusión en 2016. Genya Savilov/AFP/Getty Images

Varios ejemplares de caballo Przewalski fueron liberados cerca de la planta nuclear en 1998, como parte de un programa de conservación para salvar especies en peligro de extinción. La población de caballos no ha dejado de aumentar desde entonces. 

Pájaros y roedores muestran síntomas de padecer tumores y cataratas

Birds and rodents have come down with tumors and cataracts.
Un águila de cola blanca aterriza sobre el cadáver de un lobo en la Zona de Exclusión. Reuters/Vasily Fedosenko

A día de hoy, Chernóbil está plagado de pequeños animales como pájaros, roedores e insectos con mutaciones visibles, que los científicos atribuyen a los niveles de radiactividad. Estas mutaciones incluyen tumores, cataratas, cerebros diminutos y otros síntomas que, aunque pasan de generación en generación, no se cree que afectarán a la especie de forma permanente. 

La leche de las vacas de la Zona de Exclusión contiene Cesium-137, un isótopo radioactivo

Cow's milk outside the exclusion zone was found to contain cesium-137, a radioactive isotope.
Un residente de Belarus ordeña una vaca en la ciudad abandonada de Savichi. Vasily Fedosenko/Reuters

Una de las toxinas diseminadas durante el accidente, Cesio-137, puede comprometer gravemente la salud humana durante al menos una generación.

En 2018, un grupo de científicos reportaron que las vacas seguían alimentándose de cesio-137 a través de la vegetación, y transfiriéndola así a los humanos a través de la leche.

La investigación, publicada en la revista Environment International, reveló que la leche que se obtiene en pueblos de Ucrania alejados de la planta nuclear de Chernóbil, contiene 5 veces la dosis de cesio recomendada para adultos, y 12 veces la dosis recomendadas para niños.

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