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Las ciudades flotantes están cada vez más cerca de ser una realidad, pero no serán las utopías libertarias que proponen los multimillonarios

The Seasteading Institute aims to build self-sufficient floating cities.
Blue Frontiers
  • Durante décadas, las ciudades flotantes han formado parte de un planteamiento utópico que busca construir sociedades que operen de forma independiente de los gobiernos.
  • Organizaciones como el Instituto Seasteading buscan crear comunidades pacíficas y autosuficientes en el mar, pero se han enfrentado a múltiples obstáculos.
  • En abril, una mesa redonda de las Naciones Unidas contempló la posibilidad de un nuevo tipo de ciudad flotante que podría abordar problemas como el aumento del nivel del mar o la superpoblación de las áreas urbanas.
  • Este proyecto forma parte de lo que el diseñador Bjarke Ingels llama "pragmatismo utópico", con el que se generan diseños ambiciosos que podrían llevarse a la práctica.
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Ha pasado unos 13 siglos desde que Homero imaginó su mítica ciudad flotante rodeada de "bronce irrompible". Esta idea se ha conservado en el terreno de la mitología desde entonces, hasta el mes pasado.

En abril, las Naciones Unidas organizaron una mesa redonda para debatir una propuesta para una comunidad flotante denominada Oceanix City que podría resistir inundaciones, tsunamis y hasta huracanes de categoría 5. Este proyecto, que procede del arquitecto Bjarke Ingels y de la compañía de diseño Oceanix, consiste en un grupo de plataformas hexagonales que se combinan para formar 6 pueblos, cada uno de ellos con en torno a 1.800 residentes.

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Este concepto parte de la intención de abordar el problema del aumento del nivel del mar y de las restricciones de espacio en las grandes ciudades. En un comunicado en la mesa redonda, la vicesecretaria general de la ONU Amina Mohammed ha calificado a las ciudades flotantes como "parte de un nuevo arsenal de herramientas" para afrontar problemas como la pobreza, el cambio climático, el estallido de pandemias y los movimientos masivos de inmigrantes y refugiados.

A rendering of Oceanix City.
Oceanix

"No se trata de un concepto de lujo, es un concepto esencial" aseguró a la mesa redonda Thomas Goreau, presidente de la Alianza Global para los Arrecifes de Coral.

Esto supone un cambio en la forma en la que los diseñadores y desarrolladores han imaginado las ciudades flotantes en décadas anteriores. En lugar de una visión utópica de sociedades libertarias libres de impuestos o de regulación gubernamental, el concepto de ciudad flotante está surgiendo hoy en día como una solución práctica para los desafíos más apremiantes del mundo, y está más cerca que nunca de ser construida.

El sueño de las comunidades flotantes

Las ciudades flotantes se inspiran en una estructura de larga tradición, la casa flotante, que ha evolucionado desde construcciones destartaladas construidas sobre balsas hasta fortalezas capaces de resistir huracanes y ligeras casas prefabricadas que se pueden montar en un día.

En Países Bajos, las casas flotantes se han convertido en una solución onmipresente a las inundaciones. El país ha llegado a experimentar con complejos flotantes de apartamentos y explotaciones lecheras que flotan sobre el agua.

Pero construir una ciudad flotante completa sigue siendo un desafío sin precedentes.

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La mayoría de los que han intentado esta proeza han tenido como objetivo crear sociedades autónomas que operen independientemente de los gobiernos.

A principios de la década de los 70, el magnate inmobiliario de lujo Michael Oliver intentó construir una isla flotante en la costa de Tonga para crear su propia sociedad autosuficiente. El proyecto de comunidad, que denominó República de Minerva, iba a contar con su propia divisa e iba a acabar con los impuestos y los servicios sociales. Pero el proyecto fue desmantelado por el rey de Tonga, que afirmó que su país ya era dueño de ese territorio.

 

Pulling off a floating city concept is difficult, but within reach. It's somewhat akin to landing on the moon.
Oceanix

No obstante, el concepto de utopía flotante no murió ahí. En 2008, el politólogo Patri Friedman se asoció con el cofundador de PayPal Peter Thiel para crear el Instituto Seasteading, un think tank que promueve la construcción de ciudades flotantes. Como Oliver, Friedman y Thiel son seguidores de la ideología libertaria, que defiende que la libertad puede conseguirse liberándose de las estructuras del Estado.

"Nuestra meta es maximizar la libertad emprendedora para crear puestos de trabajo para obreros y recibir a cualquier en el Nuevo Nuevo Mundo", como se lee en la web de la organización. "Somos idealistas con credenciales, cualificados y pragmáticos que planean crear las primeras naciones que no agredan a nadie".

Como los esfuerzos de Alphabet para construir una ciudad de alta tecnología en Toronto, el Instituto Seasteading considera las ciudades flotantes como campos de prueba para nuevas ideas. Entre los "8 imperativos morales" de la organización hay planes para enriquecer a los pobres, limpiar la atmósfera, generar energía de forma autónoma y vivir en equilibrio con la naturaleza.

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Esas prioridades no son muy diferentes de las de Oceanix City. En la mesa redonda de la ONU, los diseñadores explicaron sus planes para construir una fuente de energía autónoma para la comunidad, obtener agua potable de forma sostenible y no generar ningún residuo.

En lugar de coches o camiones de altas emisiones contaminantes, Oceanix City señala que asignaría espacio para vehículos sin conductor y experimentaría con nuevas tecnologías como drones de reparto y tuberías neumáticas para la basura. Bajo el nivel del agua, sistemas hidropónicos emplearían desechos de pescado para ayudar a fertilizar las plantas, mientras que granjas verticales generarían cosechas todo el año.

"Nos esforzamos por alcanzar el máximo nivel de autonomía", ha asegurado Ingels a Business Insider.

Oceanix City sería autosuficiente sin llegar a ser totalmente independiente

The Seasteading Institute's vision of an artificial floating island in French Polynesia.
Seasteading Institute

El diseño de Oceanix City prevé que las estructuras flotantes se apoyen en Biorock, un material recubierto de piedra caliza que es 3 veces más duro que el cemento, y estén ancladas al fondo del océano. Así, podrían ser remolcadas a localizaciones más seguras en caso de desastre.

La ciudad todavía necesita financiación y la propuesta de diseño se está utilizando como un boceto para inversores valientes.

"Considero que, en muchos sentidos, es como el ensayo general del Apollo 10", ha señalado Victor Kisob, vicedirector ejecutivo del Programa de Asentamiento Humano de la ONU.

Pero, como es natural, hay inconvenientes en construir una comunidad en el mar. En primer lugar, puede ser difícil que los gobiernos locales aprueben los proyectos para construir ciudades flotantes.

Tras firmar un acuerdo con la Polinesia Francesa en 2016 para construir una ciudad flotante en la costa de Tahití, el Instituto Seasteading descubrió el año pasado que el gobierno no renovaría el acuerdo. Desde el anuncio del acuerdo, los habitantes de Tahití se han mostrado recelosos de que una empresa respaldada por multimillonarios tome el control de los terrenos vecinos. El gobierno terminó por emitir un comunicado en Facebook afirmando que el acuerdo no era vinculante.

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Ese rechazo público muestra otra de las principales dificultades para el desarrollo de las ciudades flotantes: sus comunidades podrían convertirse en enclaves aislados para los ultrarricos.

El CEO de Oceanix Marc Collins está decidido a evitar ese escenario. Cuando presentó su proyecto a la ONU, Collins describió las ciudades flotantes como la solución a la crisis de personas sin techo en las grandes ciudades. 

En su ciudad natal en la Polinesia Francesa, asegura Collins, los habitantes con las rentas más bajas están pagando más por metro cuadrado que sus vecinos ricos. Desarrollar una comunidad flotante que sirva como "una extensión" de una ciudad ya existente, Collins espera aliviar los problemas de vivienda que genera el aumento de población y la falta de terrenos disponibles.

A diferencia de la visión de Michael Oliver para su isla autónoma, Oceanix City podría ser construir y operada dentro de la jurisdicción del gobierno local, un factor que podría evitar que esta propuesta se quede en un conjunto de bocetos.

Ingels denomina su visión para este proyecto "pragmatismo utópico", refiriéndose a que los diseños ambiciosos podrían llevarse a la práctica de forma concreta.

"Todos en el equipo realmente queremos ver este proyecto construido", aseguró Collins a la ONU. "No estamos simplemente teorizando".

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