La impresionante red de inversiones de Sam Altman y su futuro imperio de IA

  • La extensa red de inversiones de Altman va mucho más allá de su papel como consejero delegado de OpenAI.
  • La visión de Altman sobre la inteligencia artificial general no sólo requerirá grandes cantidades de dinero, sino también un replanteamiento a gran escala de la organización de la sociedad.
Sam Altman, CEO de OpenAI, en Madrid.
Sam Altman, CEO de OpenAI, en Madrid.

IE University

Darius Rafieyan
| Traducido por: 
Análisis Faldón

En 2021, Nvidia produjo unos 5.000.000.000.000.000.000.000 FLOPs de cálculo en GPU, el equivalente a unos 5 millones de cerebros humanos. Si Sam Altman quiere alcanzar su sueño de inteligencia artificial general en vida, esa cifra tendrá que duplicarse o triplicarse cada año en un futuro previsible.

Un sueño así requerirá más dinero del que se ha gastado nunca en ningún proyecto empresarial en la historia, un aumento del orden de magnitud en el ritmo al que producimos energía, una cadena de suministro global que pueda bombear GPU como si fueran galletitas saladas y un rediseño a fondo de casi todas las instituciones humanas. Pero no te preocupes, Altman está en ello.

Durante casi una década, ha utilizado su posición en el nexo de poder de Silicon Valley (por no hablar de sus millones personales) para crear una red de cientos de startups diseñadas para preparar la llegada de la inteligencia artificial.

Desde la fusión nuclear escalable y un plan de 7 billones de dólares para poner patas arriba la producción mundial de chips, hasta una criptomoneda universal impulsada por el ser humano y una empresa que pretende acabar con el envejecimiento, Altman se encuentra en la cima de un imperio tecnooptimista en expansión.

Se une a las filas de CEO como Elon Musk, que han trascendido la mera gestión de un negocio para vender una visión del mundo en la que las grandes empresas y los multimillonarios benévolos son la clave para resolver los problemas de la humanidad. Para Musk, es llevar seres humanos a Marte. Para Altman, es lograr la AGI.

Estos amplios planes de transformación global van mucho más allá del papel de Altman como CEO del gigante de la IA generativa OpenAI, desarrollador de ChatGPT. El dinero procede de su fortuna personal, que no incluye ninguna participación en OpenAI, y viaja a través de sus propios fondos de capital riesgo o los que dirige con sus hermanos Max y Jack, entre ellos Hydrazine Capital y Altman Capital. Incluso las inversiones realizadas por el OpenAI Startup Fund son aparentemente propiedad del propio Sam.

Un representante de OpenAI y Altman ha declinado hacer comentarios para este artículo.

"Esta tecnología podría ayudarnos a elevar a la humanidad", escribió Altman en un artículo de su blog en 2023, y por lo que parece lo cree. También parece creer que es su deber sentar las bases de la revolución que se avecina.

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Energía

El primer pilar de la gran teoría unificada del futuro de Altman se basa en la energía. Aunque a veces parece que los modelos de IA existen en el reino de lo abstracto, funcionan con chips y, al fin y al cabo, están limitados por las leyes de la física. Altman sabe que su sueño de la inteligencia artificial requerirá nuevas fuentes de energía barata y abundante.

"Todavía no somos conscientes de las necesidades energéticas de esta tecnología", dijo Altman en un evento de Bloomberg en Davos en enero, al hablar de la necesidad de un gran avance energético en una industria que ya va camino de consumir tanta energía como una gran ciudad.

El mes pasado, los accionistas y directivos de Oklo, la startup de reactores de fisión escalables, se reunieron en un centro de conferencias de Nueva York para celebrar su primer día del inversor. El presidente e inversor de la empresa, Sam Altman, encabezó el acto y apareció a través de una videollamada proyectada en una torre de cine.

"Creo firmemente en la importancia de la energía abundante", dijo Altman, vestido con una sudadera con capucha, desde una sala estéril con paneles de madera, iluminación de museo y techos altos. Detrás de él había una planta muerta flanqueada por frascos de pastillas vacíos sin marcar y un modelo a escala del avión Concorde, otro brillante fracaso que Altman está intentando corregir actualmente, mediante una inversión en una startup de aviones hipersónicos llamada Hermeus.

"La razón obvia es, por supuesto, la IA", prosiguió, "en lo que más tiempo paso pensando ahora es en cómo vamos a construir suficiente computación de IA, lo que realmente se reduce a chips y energía".

Fue este pensamiento el que le inspiró a vaciar su cuenta bancaria en 2021 para respaldar la startup de fusión nuclear Helion, una empresa que busca comercializar soles en miniatura y asegurar el futuro energético del mundo.

"Sam y nosotros encajamos de inmediato en cuanto a la escala de impacto que buscábamos", afirma David Kirtley, CEO de Helion. Conoció a Altman en 2014, cuando era millonario y recién nombrado líder de la legendaria incubadora de startups Y Combinator. Altman también estaba en los primeros días de su obsesión con la energía, específicamente cómo crear suficiente de ella para alimentar su plan para un nuevo mundo. Se presentó en la sede de Helion en Redmond (Washington) con libros de texto de física nuclear bajo el brazo.

"Había investigado mucho sobre ingeniería y física de la fusión", dice Kirtley. Altman articuló una visión de un mundo sin combustibles fósiles, instó a Helion a moverse más rápido, a ser más ambiciosos, a aplicar los principios de Y Combinator a un campo sumido desde hacía tiempo en el malestar del sector público. No hagas un proyecto científico, pon un producto en manos de la gente.

"Eso significa no hacer una demostración de una central eléctrica, sino fabricar un generador cada día, un generador de fusión al día, una gigafábrica de producción masiva de fusión", explica Kirtle. "Eso es algo muy propio de Sam".

Ilustración centro de datos

Silicio y retraso de la muerte

El segundo pilar de la gran teoría unificada de Altman es un plan para que el silicio sea tan libre como el aire y el agua. Al parecer, se ha reunido con los fondos soberanos ricos en petróleo para apoyar un plan de 7 billones de dólares destinado a expandir radicalmente la industria mundial de semiconductores y chips, según The Wall Street Journal. Poco se sabe del proyecto, aparte de su altísimo precio.

Y el imperio AGI de Altman se extiende más allá de la energía y la materia prima necesarias para construir AGI. En 2022, Altman invirtió 180 millones de dólares en Retro Biosciences, una empresa que utiliza la "reprogramación celular" para retrasar la muerte.

"La mayoría de los inversores de capital riesgo están pensando, ya sabes, en un horizonte temporal de cinco a siete años para obtener liquidez", dice el CEO de Retro, Joe Betts Lacroix. "Sam puede considerar un horizonte temporal más largo". Lacroix dice que el interés de Altman en la extensión de la vida es parte de su búsqueda de AGI, que él cree que tendrá el poder de marcar el comienzo de una abundancia sin precedentes y crear el potencial de vidas más largas y saludables.

"Quiere participar lo más activamente posible en el desarrollo de la AGI en una dirección beneficiosa", afirma Lacroix.

No hay ideas pequeñas

La obsesión por los moonshots parece extenderse a cada parte de la cartera de Altman, donde aparentemente no hay ideas pequeñas.

A lo largo de los años, Altman ha invertido en cientos de ideas utópicas, como la captura natural de carbono, carne cultivada en laboratorio, coches que se conducen solos, el fin de la infertilidad, un sistema operativo para parejas, una empresa que fabrica robots para extraer cobalto, otra que fabrica robots para realizar trabajos manuales baratos, otra que fabrica "robots inteligentes para una nueva edad de oro" y, la más adorable con diferencia, una empresa que paga las facturas del agua a ancianos con bajos ingresos.

También ha llevado su espíritu emprendedor y su importante capital a Washington, donde se ha convertido en un asiduo del Capitolio en su intento de ayudar a establecer la agenda sobre la regulación de la IA. Al parecer, también está vinculado a un comité de acción política que apoya a un aspirante tecnológico a la presidencia de Joe Biden.

"Sólo le interesan las grandes cosas, las que pueden cambiar radicalmente la sociedad", afirma Tade Oyerinde, fundador y consejero delegado de Campus, un colegio comunitario virtual respaldado por Altman. "Quizá la próxima vez, tomando una cerveza, le pregunte exactamente cómo su actitud ha terminado así, quizá sea algo de su infancia, un resquemor".

Antes de que Altman aceptara invertir en Campus, él y Oyerinde se reunieron todos los días durante una semana para mantener extensas conversaciones sobre el futuro de la educación. Altman compartió historias sobre el colegio comunitario donde tomó clases mientras estaba en la escuela secundaria y discutieron cómo la IA elevaría el nivel mínimo de conocimiento requerido por un trabajador para ser útil, cómo las universidades necesitarían aprender a escalar para mantenerse al día.

"De alguna manera ha visto el mundo como en el año 2050 y creo que está trabajando desde ahí", dice Oyerinde.

No todo el mundo en Silicon Valley comparte la creencia de Altman en la necesidad de una transformación generalizada. Ali Ghodsi, CEO de Databricks, se muestra escéptico ante los planes multimillonarios de Altman para un nuevo mundo.

"Mira, si tu visión del mundo es que existe la AGI y es básicamente sobrehumana, y son como los dioses, nosotros inventamos a dios, sí, entonces quizá deberías poner todo el planeta patas arriba. No creo que eso sea lo que está ocurriendo", afirma Ghodsi.

Axel Springer, la empresa matriz de Business Insider, ha llegado a un acuerdo global para permitir que OpenAI entrene sus modelos en los reportajes de sus medios de comunicación.

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