El increíble mundo de Sam Altman, donde la realidad supera a la ficción: ha jugado al ajedrez con Peter Thiel, discutido con Elon Musk y, supuestamente, evitado un accidente aéreo

Julia Black
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Sam Altman.

Richard A. Chance para Business Insider

  • En los últimos años, el poder de Altman no ha hecho más que aumentar. Es miembro del consejo de administración de 7 empresas e incluso ha sido nombrado una de las 100 personas más influyentes de Time.
  • Sus defensores lo consideran un genio y un visionario, mientras que sus detractores piden un alto en sus proyectos de inteligencia artificial. Pero Altman está decidido a seguir adelante con sus proyectos.

En el extremo norte de San Francisco se alza una casa sobre una colina. La propiedad está rodeada por un muro de hormigón cubierto de enredaderas y tiene un centro de bienestar y un garaje al estilo James Bond, plataforma giratoria para coches incluida. Es el lugar donde se reúnen los grandes de la tecnología para hablar sobre el futuro. Y en aquella húmeda noche de febrero, no fue diferente.

Una veintena de expertos en criptomonedas se juntaban en la gran sala de la casa de Sam Altman, CEO de OpenAI. Altman les presentó una actualización de Worldcoin, su startup de verificación de identidad. La empresa pretende crear un registro de todas las personas del mundo escaneando sus globos oculares con una esfera plateada del tamaño de un melón. Altman imagina que, con el tiempo, miles de millones de personas utilizarán estas identidades digitales únicas para gestiones como cobrar una renta básica universal. 

Apoyado sobre una mesa, estaba uno de los dispositivos cromados de Worldcoin desmontado, con sus piezas mecánicas desplegadas junto a todo tipo de aperitivos. Inversores y amigos miraban por el teleobjetivo de otro orbe. Clic. Estaban en el sistema.

Cuando Worldcoin se dio a conocer hace 2 años, los escépticos la tacharon de pesadilla distópica. "El cuerpo humano no es una perforadora de papel", tuiteó Edward Snowden. Aquella tarde, mientras la empresa informaba a inversores y gente cercana sobre su inminente lanzamiento, Altman admitió sentirse inseguro. Sin embargo, dijo a Business Insider que "en algún momento hay que empezar a tener contacto con la realidad". 

Lo que para Altman es realidad, para otros es una fantasía (o una pesadilla). En los últimos años, este hombre de 38 años se ha convertido en el líder de la carrera por la inteligencia artificial. Cuando OpenAI se lanzó como una organización de investigación sin ánimo de lucro en 2015, fundada por Altman y Elon Musk, buscaba "avanzar en la inteligencia digital de la manera que tenga más probabilidades de beneficiar a la humanidad, sin limitaciones por la necesidad de generar un rendimiento financiero".

Pero para salvarnos de la IA, primero tuvieron que construirla.

Aunque Sam Altman lleva casi una década ocupando cargos de responsabilidad en la comunidad tecnológica durante casi una década, hasta hace poco no era conocido.
Aunque Sam Altman lleva casi una década ocupando cargos de responsabilidad en la comunidad tecnológica durante casi una década, hasta hace poco no era conocido.

Jovelle Tamayo/Getty Images

Altman, que anteriormente había sido presidente de Y Combinator, una de las aceleradoras más prestigiosas de Silicon Valley, parecía un guardián especialmente digno de confianza. Ha invertido su fortuna personal en empresas que trabajan en energías renovables y terapias destinadas a retrasar los peores efectos del envejecimiento. En marzo, cuando la quiebra del Silicon Valley Bank afectó a muchas startups, Altman prestó efectivo a aquellas que lo necesitaran, entre otras cosas para pagar las nóminas. "En un mundo de gente muy despiadada, transaccional y mercenaria, él es un verdadero misionero", opina Dan Siroker, CEO de Rewind AI, a quien Altman financió. 

Si Musk es el caudillo de Silicon Valley, Altman es el idealista.

Robot japonés Kansei

En los últimos años, el alcance y el poder de Altman no han hecho más que aumentar. Es miembro del consejo de administración de 7 empresas, entre ellas una startup de sustancias alucinógenas y un par de laboratorios de energía nuclear. El éxito del chatbot de OpenAI, ChatGPT, ha desencadenado un bombardeo mediático y Altman ha sido nombrado una de las 100 personas más influyentes de Time.

No obstante, algunos han empezado a verlo con cierto recelo. En 2019, OpenAI creó un departamento separado "con ánimo de lucro limitado", argumentando que necesitaba atraer capital para impulsar su misión. La compañía comenzó a vender sus modelos de aprendizaje a otras empresas, un movimiento que Musk ahora califica de traición a sus principios fundacionales. (Musk renunció en 2018 y acaba de anunciar que está comenzando su propia compañía). 

La gente ha criticado a OpenAI por su negativa a compartir sus datos de entrenamiento con la comunidad de investigación, argumentando que realizar una auditoría externa garantizaría que sus modelos funcionen como se espera y sin sesgos. Otros, entre los que se cuentan numerosos empleados que han renunciado, se preguntan si es ético lanzar su tecnología al mercado para obtener beneficios, teniendo en cuenta la posibilidad los graves abusos que puede producirse. Incluso Altman reconoce que existe una enorme posibilidad de desastre. "Creo que sería una locura no tener un poco de miedo, y empatizo con la gente que lo tiene", dijo en el podcast de Lex Fridman.

Pero en una videollamada reciente con Business Insider, Altman parecía tener la cabeza fría, incluso cuando el mundo debatía si OpenAI puede ser el comienzo de la próxima revolución industrial o del apocalipsis. "Creo que podemos tener un mundo mucho, mucho mejor. Creo que para ello tienen que pasar muchas cosas, y a mí me gusta sentirme útil", comenta Altman, con su camiseta negra y despeinado. 

Algunos de sus críticos lo consideran que esa seguridad no es más que arrogancia. Cuando Kara Swisher comparó a Altman con Ícaro en una reciente entrevista, Altman confesó que, en efecto, estaba jugando con algo que no entendemos del todo. Aun así, está decidido a que el miedo no obstaculice el progreso humano.

"Es el mundo de Sam y todos vivimos en él", afirma Ric Burton, un destacado desarrollador tecnológico. 

Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Es el mundo que queremos?

Programación.

Altman es el Kevin Bacon de Silicon Valley. Ha jugado al ajedrez con el multimillonario Peter Thiel, ha oficiado la boda en San Bartolomé del inversor Keith Rabois, ha intercambiado consejos de pilotaje amateur con el cofundador de Stripe John Collison y ha salido con Lachy Groom, un destacado inversor de capital riesgo con quien mantiene acuerdos de hasta 9 cifras. 

En 2017, cuando Rahul Vohra, fundador y CEO de la aplicación de correo electrónico Superhuman, se enteró de que Google planeaba desactivar un servicio que habría provocado que su aplicación se quedara a oscuras, Vohra entró en pánico y envió un correo electrónico a sus inversores para preguntar qué se podía hacer. Altman le contestó que estaba en una fiesta con el CEO de Google, Sundar Pichai: "Veré lo que puedo hacer". Al día siguiente, un ejecutivo de Google se puso en contacto para arreglar la situación, pidiendo disculpas.

No es de extrañar que el salón de Altman sea el centro de reuniones para nuevas tecnologías y empresas. Según Max Novendstern, cofundador de Worldcoin, siempre está ejerciendo de anfitrión, intentando reunir a gente inteligente. Un fin de semana cualquiera, Altman lleva a grupos de amigos y compañeros a Napa y Tulum o celebra cenas con pizza en su casa de San Francisco, donde los temas de conversación van desde la investigación del cáncer a la guerra nuclear (antes de la pandemia organizaba grandes fiestas navideñas). Altman dice que incluso OpenAI nació en una de estas cenas.

"Es una especie de arquetipo de empresario", afirma Novendstern, que ya no trabaja en Worldcoin.

La red de contactos parece haber dado sus frutos. Altman, que según PitchBook ha realizado más de 400 inversiones en 9 años, comparte paseos por la naturaleza o llamadas de fin de semana con otros fundadores. "Hay una diferencia", dice Altman, "entre ser la persona en la arena que suda cada detalle y la persona que, ya sabes, atiende un par de llamadas a la semana e intenta ayudar en todo lo que puede".

Altman siempre ha tenido debilidad por los proyectos que parecen inverosímiles. En 2016, lanzó una convocatoria para fundadores dispuestos a asumir desafíos "donde hay dudas de que la tecnología pueda funcionar". Ha respaldado empresas que desarrollan de todo, desde el avión comercial más rápido del mundo hasta implantes cerebrales. 

La búsqueda más costosa de Altman es la energía de fusión nuclear. La ciencia ha eludido a los investigadores durante décadas, por lo que ha invertido 375 millones de dólares en la empresa de fusión Helion para intentar comercializarla antes. "La pregunta número uno de Sam es: '¿Cómo podemos hacerlo más rápido?", explica David Kirtley, cofundador y CEO.

Masha Bucher, una inversora de capital riesgo que ha respaldado Worldcoin, dice que Altman tiende a hacer apuestas clarividentes. "Una cosa es fantasear y otra cosa es saber que algo va a suceder", opina Bucher.

Drew Angerer/Getty Images

En 2019, Jeeshan Chowdhury era un médico que buscaba crear una empresa que administrara sustancias alucinógenas en centros de rehabilitación para ayudar a tratar la adicción. Sabiendo que pocos inversores se interesarían en un proyecto así, estuvo a punto de abandonar la idea. Entonces, habló con Altman. 

Me dijo: "Deberías crear una empresa", y yo le contesté: "Estupendo, Sam, pero son drogas y yo soy un inmigrante moreno en Estados Unidos", cuenta Chowdhury. Altman prometió extenderle un cheque, y Chowdhury acabó dando el salto y fundó la empresa Journey Colab, que iniciará ensayos clínicos a finales de este año.

La propia Worldcoin combina 3 hazañas audaces en una sola empresa: distribuir ingresos básicos, popularizar una moneda digital y registrar miles de millones de escaneos de globos oculares en una base de datos. En 2019, Altman propuso la idea a Alex Blania, entonces investigador de física de 25 años en Caltech, mientras tomaban un capuchino en su casa. El plan era solo un boceto, según ha comentado Blania a Business Insider, pero eso no pareció importarle a su anfitrión. "Hace que todo parezca tan fácil. Hablas de lo imposible y acabas diciendo: ¿Y si lo hacemos? Hagámoslo. ¿Por qué no?". Abandonó los estudios para unirse a Worldcoin como cofundador y asumió el cargo de CEO en 2021.

El ideal platónico de un proyecto impulsado por Altman (que Novendstern define como "idea carismática") tiene las siguientes características, según Novendstern: "Tiene profundas implicaciones morales; estaría en la lista de las cosas más importantes que la humanidad ha conseguido a escala. Es extraño, algo que suena un poco a ciencia ficción, casi como una broma. Es una idea muy simple. Y sabes que, si funciona, es un proyecto de un trillón de dólares".

Es el mundo de Sam, y todos vivimos en él

Si ampliamos la perspectiva, Altman ha creado un ecosistema armonioso; cuando una entidad crea un problema, él funda otra para resolverlo. Cuando reconoció que la automatización dejaría a millones de personas sin trabajo, Altman creó un departamento sin ánimo de lucro en Y Combinator para investigar la renta básica universal. Cuando vio que la distribución de esos fondos tropezaría con el problema de los tramposos que intentaban aprovecharse por partida doble, inventó un orbe capaz de identificar a las personas.

Obviamente, las máquinas inteligentes requieren grandes cantidades de potencia informática y electricidad. Así que Altman financió una empresa que pretendía suministrar energía limpia, barata y prácticamente ilimitada. ¿Y la amenaza de que la superinteligencia supere las capacidades humanas? Altman ha financiado empresas de mejora humana que prometen ayudar a los humanos a seguir siendo competitivos. 

Para los escépticos, empieza a parecer que está apostando el futuro de la humanidad a un frágil sistema de proyectos lunares interdependientes.

Durante un reciente acto de Worldcoin en la mansión de Altman en San Francisco, se escanearon los globos oculares de los invitados para confirmar su identidad y registrarlos en la base de datos de la empresa.
Durante un reciente acto de Worldcoin en la mansión de Altman en San Francisco, se escanearon los globos oculares de los invitados para confirmar su identidad y registrarlos en la base de datos de la empresa.

Worldcoin

Altman insiste en que esta relación entre sus proyectos es más una coincidencia que un plan maestro. "Mi filosofía como inversor siempre ha sido desarrollar las cosas que creo que van a ser importantes para el mundo y también cosas que son simplemente interesantes para mí personalmente. Y eso es lo que quiero apoyar", indicó a Business Insider.

Aunque quienes conocen a Altman dicen que no apuesta por cualquier cosa. El inversor de capital riesgo Vinod Khosla lo compara con un modelo de aprendizaje que asimila grandes cantidades de datos para tomar decisiones. 

"Una cosa es fantasear y otra cosa es saber que algo va a ocurrir", señala Masha Bucher, inversora de capital riesgo que ha respaldado Worldcoin.

Memoria IA app

De adolescente, Altman soñaba con trabajar en Google y por eso fue a Stanford, al igual que sus fundadores.

Una noche, su compañero de clase Blake Ross, el niño prodigio cocreador del navegador web Firefox, llamó a la puerta de Altman para ver cómo le iba con su tarea de informática. El programa informático le daba un mensaje de error que le confundía. "30 minutos después, vuelvo a pasarme por la habitación de Sam, y parece la escena de un crimen", escribió Ross en un correo electrónico a Business Insider. "Había desmembrado el propio compilador. Estaba arrodillado ante un pantano de código". Altman había encontrado un error en la tarea.

Era brillante, pero fue su "increíble curiosidad" lo que impresionó a gente como Sebastian Thrun, el fundador de la fábrica moonshot de Google que conoció a Altman como investigador universitario en el laboratorio de IA de Stanford. "Siempre quiso entender todo a un nivel muy profundo", explica Thrun a Business Insider en un correo electrónico.

En su segundo año de universidad, Altman, en el centro, trabajó como investigador en un laboratorio de IA de Stanford dirigido por Sebastian Thrun, a la derecha.
En su segundo año de universidad, Altman, en el centro, trabajó como investigador en un laboratorio de IA de Stanford dirigido por Sebastian Thrun, a la derecha.

Matt Winkelmeyer/Getty Images

Tras su segundo año, Altman abandonó los estudios para trabajar en una aplicación llamada Loopt. Por aquel entonces, Paul Graham anunció que iba a fundar Y Combinator, y Altman presentó su solicitud y entró.

Sus allegados dicen que encontró en Graham a su maestro Jedi. Ambos eran esos raros programadores que investigaban toda la pila tecnológica, saltando de la energía nuclear a la computación cuántica y viceversa. "Suele haber terremotos cuando hablan", dice Ron Conway, un inversor al que algunos se refieren como el padrino de Silicon Valley y que conoce a ambos desde hace décadas.

Loopt se mudó a una oficina al final del pasillo de una nueva empresa llamada YouTube. "No creo que eso vaya a funcionar", le dijo Altman a Rick Pernikoff, un amigo de la infancia que fue cofundador de Loopt. "Esa es la única vez que se ha equivocado", afirma Pernikoff a Business Insider riendo.

Al final, fue Loopt la que no cumplió las expectativas. Se vendió a un banco online por 43 millones de dólares, una miseria para algunos, porque solo duplicó lo que habían invertido los inversores. Pero incluso cuando Loopt desapareció, el perfil de Altman se disparó. En 2014, Graham eligió a Altman, que entonces tenía 28 años, para hacerse cargo de la aceleradora. "Para mí, fueuna decisión evidente", explica Aaron Levie, cofundador y CEO de Box, un proveedor de software en la nube de 3.900 millones de dólares.

Confiar en la inteligencia artificial para las búsquedas en internet acelerará la propagación de la desinformación.

Altman lideró un periodo de hipercrecimiento para Y Combinator, que pasó de invertir en una docena de startups a cientos. Sus ambiciones personales también se ampliaron. Llevó a la aceleradora a recaudar un fondo de riesgo, impartió una clase en Stanford y puso en marcha un laboratorio de investigación para estudiar, entre otras cosas, los aspectos prácticos y morales de la renta básica universal, aportando 10 millones de dólares de su propio dinero. 

En 2015, ese laboratorio de investigación se convirtió en una organización sin ánimo de lucro: OpenAI.

En el imperio de innovación de Altman, OpenAI es la joya de la corona. Es la empresa que habilita a todas las demás con su capacidad para ayudar a las personas a trabajar de forma más inteligente y rápida. 

Los productos estrella de la empresa son los grandes modelos lingüísticos, que son, en términos más sencillos, sistemas que pueden aprender del procesamiento de enormes cantidades de datos y responder a indicaciones básicas. 

Su último modelo, GPT-4, con el que se puede interactuar a través de un chatbot, puede "ver" imágenes, razonar con una precisión asombrosa y aprobar la mayoría de los exámenes profesionales. 

El objetivo final de la empresa, según Altman, es crear inteligencia general artificial, un término que la empresa define como "sistemas de IA que, en general, son más inteligentes que los humanos".

El imperio de Sam Altman

Fuente: Business Insider; PitchBook; TechCrunch
Fuente: Business Insider; PitchBook; TechCrunch

Shayanne Gal/Insider

"Los argumentos a favor son tan increíblemente buenos que pareces un loco si empiezas a hablar de ellos", dijo Altman a los asistentes a un acto de StrictlyVC celebrado en enero. "Y los argumentos en contra, y creo que es muy importante decirlo, están a punto de apagarse para todos nosotros".

Para ser CEO, Altman es inusualmente transparente sobre los riesgos de sus actividades. El desarrollo de máquinas que pueden hacerse más inteligentes por sí solas, escribió una vez, presenta "probablemente la mayor amenaza para la existencia continuada de la humanidad". 

A día de hoy, advierte de que la IA supone una amenaza masiva por el mal uso accidental. Su franqueza tiene algo de surrealista, como si un ejecutivo petrolero hubiera sido el primero en explicar los peligros del cambio climático.

Altman es muy transparente al hablar sobre los riesgos que sus proyectos suponen para la humanidad.
Altman es muy transparente al hablar sobre los riesgos que sus proyectos suponen para la humanidad.

Drew Angerer/Getty Images

Los socios afirman que este tipo de transparencia radical es fundamental en la forma de trabajar de Altman. "Es la honestidad intelectual de Sam. Y así es mucho más fácil confiar en el proceso", comenta Khosla, cuya empresa de capital riesgo homónima fue el primer patrocinador institucional de OpenAI.

Desde el principio, el enfoque versátil de OpenAI respecto a la IA supuso un gran cambio respecto a los proyectos de otras empresas, que habían creado algoritmos limitados para tareas específicas. A veces, incluso los investigadores de OpenAI parecían alarmados por su progreso. En 2019, la compañía decidió lanzar un modelo limitado de GPT-2, indicando que un modelo de lenguaje más grande podría ser utilizado "para generar lenguaje engañoso, sesgado o abusivo." En 2022, invirtieron el curso, permitiendo a cualquiera acceder al chatbot habilitado para GPT-3.5 de la empresa, ChatGPT, que alcanzó los 100 millones de usuarios activos mensuales en enero.

En la actualidad, Altman sostiene que desplegar el producto a medida que se desarrolla es una parte crucial para comprender y dar forma a sus capacidades. "Lo que podemos aprender en un laboratorio tiene un límite", afirma Tim O'Reilly, un analista de la industria tecnológica que conoce a Altman.

El argumento a favor de la apertura de estos sistemas, dicen sus defensores, es que evita concentrar el poder que ejercerán. Si crees que estamos en la cúspide de la próxima revolución industrial, dar acceso a un círculo más amplio garantiza que puedan compartir sus beneficios, explica a Business Insider Jim Fan, un científico investigador de Nvidia que en su día hizo prácticas en OpenAI. Eso no quiere decir que sea gratis. Con el lanzamiento de GPT-3, OpenAI lanzó su primera oferta comercial: una herramienta que permite a los desarrolladores incorporar el modelo a sus propios productos. Existen aplicaciones para redactar correos electrónicos, responder a clientes y navegar por Internet que utilizan los modelos de OpenAI.

Sam Altman, CEO de OpenAI (izquierda), y Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, señalando una imagen de un hongo nuclear.

Pero muchos se han preguntado si el enfoque precipitado de OpenAI es apropiado para productos con implicaciones tan profundas. "La gente tiende a subestimar cuán históricamente disruptivas y salvajes podrían llegar a ser las cosas", afirma Holden Karnofsky, CEO de Open Philanthropy, una fundación que financió OpenAI de 2017 a 2020. Karnofsky, que formó parte del consejo de OpenAI durante ese período, explica que un cambio tan drástico "podría ser peligroso para toda la humanidad."

Incluso aquellos que creen que las apuestas apocalípticas son exageradas señalan los riesgos a corto plazo que ya están empezando a desarrollarse. Un exempleado de OpenAI, que ha hablado con Business Insider bajo condición de anonimato para evitar repercusiones profesionales, dice que les preocupaba que la empresa no estuviera dejando suficientemente claro a los usuarios de ChatGPT que, al interactuar con el producto de consumo, están dando efectivamente al modelo un entrenamiento gratuito. "Estás ayudando al modelo a sustituirte en tu trabajo. Estás alimentando a la bestia", señala. Hace solo unos días, OpenAI publicó en su blog que permitiría a los usuarios hacer privado su historial de chat.

Mientras tanto, el Centro para la Tecnología Humana nos advierte de deepfakes en forma de vídeo y audio; el descubrimiento de nuevas toxinas, ciberarmas; relaciones sintéticas; y un supuesto colapso de la confianza derivado de la desinformación. El despliegue de estos sistemas antes de que el público esté preparado, escribieron en un reciente memorándum, representa una "amenaza aguda y directa para Estados Unidos y otras democracias".

En marzo, más de 1.000 ejecutivos, académicos y expertos en IA firmaron una carta abierta pidiendo una moratoria temporal en el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que la GPT-4, citando peligros tanto a corto como a largo plazo. "Si creyera que se puede ralentizar el proceso, sería una buena idea", afirma Anders Sandberg, investigador principal del Future of Humanity Institute de Oxford, que se ocupa principalmente de los riesgos de la IA. "Pero la gente no irá más despacio. La caja está como abierta", añade.

Altman reconoce los inconvenientes. "No me cabe duda de que habrá otras personas que desarrollen estas tecnologías y las utilicen de formas que realmente no me gusten", afirma, y añade: "Me preocupa, por supuesto. Me preocupa mucho".

"No quiero un asiento en primera fila para ver cómo implosiona el mundo"

Pero algunos dicen que no ha conseguido crear un entorno en el que los empleados se sientan lo suficientemente seguros como para expresar sus preocupaciones sobre los peligros de su producto.

El extrabajador de OpenAI cuenta que cuando alguien hablaba internamente, la mentalidad predominante era: "Si te escucháramos, nunca sacaríamos el producto". Eliezer Yudkowsky, el principal escéptico de la IA, se hizo eco de estas afirmaciones en un podcast reciente: "Tengo varios amigos que me informan de que, sí, si hablas con los investigadores de OpenAI en privado, están muy preocupados y dicen que no pueden mostrarlo tanto en público".

"Debatimos nuestra estrategia con frecuencia y cuidado", explica Altman a Business Insider.

Para algunos, sin embargo, la cuestión de si se podía confiar en que OpenAI mantuviera en mente los mejores intereses de la humanidad llegó a ser demasiado. 11 empleados, muchos de los cuales estaban afiliados al movimiento de altruismo efectivo obsesionado con el riesgo de la IA, abandonaron para fundar su propia empresa de IA, Anthropic, en 2021. A pesar de lanzar su propio chatbot rival en marzo, Anthropic afirma distinguirse de competidores como OpenAI creando "modelos más seguros, dirigibles y fiables." (Queda por ver si la empresa, que aspira a recaudar 5.000 millones de dólares en los próximos 4 años, será capaz de resistir las mismas presiones de mercado que sus fundadores argumentan que corrompieron a OpenAI).

En palabras del exempleado de OpenAI: "No quiero un asiento en primera fila para ver cómo implosiona el mundo".

 

En la trama de uno de los relatos cortos favoritos de Sam Altman sobre IA, titulado The Gentle Seduction, un hombre llamado Jack y una mujer sin nombre se enamoran. Jack, un tecnólogo enfermo del corazón, le cuenta a la mujer su visión de un futuro en el que la tecnología elimina todos los problemas de la humanidad, incluida la muerte. A la mujer, ecologista, le repugna al principio esta visión antinatural. 

Sin embargo, cuando él muere y ella envejece, acepta a regañadientes los avances tecnológicos uno a uno: nanomáquinas que curan sus dolencias, un casco que fusiona su mente con la inteligencia de las máquinas, un cuerpo robótico que le permite viajar por las galaxias. Al final se convierte en un ser inmortal supremo, en armonía con el universo. Al recordar a su amante muerto hace milenios, se da cuenta de que él era el cerebro de todo: al predecir su resistencia innata al progreso, Jack se aseguró de que tuviera tiempo para adaptarse a cada avance en "pequeños pasos".

No es difícil encontrar rastros de Jack en Altman. Al igual que el personaje, Altman cree que la humanidad alcanzará pronto un punto en el que podrá lograr más avances tecnológicos en los próximos 100 años que en toda la historia de la humanidad. Imagina un futuro en el que podremos explorar los confines del universo y ser más listos que nadie, desde el cambio climático hasta los asteroides que destruyen la Tierra. Incluso ha comprado una plaza en la lista de espera de la empresa Nectome, que, si tiene éxito, promete subir su cerebro a la nube para que algún día pueda ser revivido en una simulación.

Como muchos de sus colegas de Silicon Valley, Altman parece obsesionado con retrasar la muerte. Un amigo cuenta a Business Insider que la necesidad urgente aumentó cuando el padre de Altman murió en 2018. "No creo que nadie pueda perder a su padre joven y desear no haber tenido más tiempo con él", comenta Altman a Business Insider. Él califica la idea de que quiere vivir para siempre como una "caricatura", aunque su inversión en el metaverso de Nectome para los no-muertos sugiere lo contrario. El objetivo de Altman, dice, no es alcanzar la inmortalidad, sino "dar a la gente otros 10 años de vida sana y enérgica".

Altman parece haber dominado el arte del biohacking en su propia vida, siguiendo una dieta disciplinada y un plan de ejercicio para maximizar su productividad. Al parecer, es propenso a lo que su madre llamó "cibercondría" en una entrevista en New Yorker en 2016, refiriéndose a la obsesión de Altman por investigar sus males en internet. Pero la diferencia entre Altman y el típico bro de la tecnología de autooptimización es que sus experimentos de salud podrían dar forma a la evolución humana.

Sam Altman defiende que su objetivo no es alcanzar la inmortalidad, sino 'dar a la gente otros 10 años de vida sana y vigorosa'.
Sam Altman defiende que su objetivo no es alcanzar la inmortalidad, sino 'dar a la gente otros 10 años de vida sana y vigorosa'.

Sean Gallup/Getty Images

Altman, que ha dicho que le hace ilusión tener "muchos hijos", respaldó a una empresa que espera permitir que 2 hombres conciban un hijo y a otra que ofrece cribado embrionario poligénico. En 2020, Altman leyó un experimento en el que unos científicos sustituían el plasma sanguíneo de ratones ancianos por un cóctel de agua salada y albúmina, una proteína fabricada por el hígado, que parecía invertir algunos de los signos del envejecimiento. Instó a Joe Betts-Lacroix, que había sido socio a tiempo parcial en Y Combinator, a crear una empresa, Retro Biosciences, basada en este enfoque. Altman aportó 180 millones de dólares, la totalidad de la última ronda de financiación de la empresa.

Para Altman, espiritualidad y ciencia parecen ir de la mano. Meditador practicante, ha tuiteado sobre la "equivalencia absoluta de brahman y atman", refiriéndose al concepto hindú de no dualismo que sugiere que el universo y el yo individual son uno y el mismo. Si "no existe el yo, entonces creo que piensas de forma diferente sobre lo que significa morir o no", le dijo a la periodista Laurie Segall en 2020.

Hace unos años, según un amigo inversor, Altman empezó a hablar de "la luz de la conciencia". Es una frase que se ha hecho popular entre los "largoplacistas" de Silicon Valley, incluidos Elon Musk y Jack Dorsey. Se basa en la idea de que la raza humana podría extinguirse por cualquier número de amenazas existenciales. Para mantener las luces encendidas, los defensores del largo plazo creen que hay una necesidad urgente de avanzar en los viajes espaciales, la biotecnología y la inteligencia artificial amigable para los humanos.

Sam Altman, CEO y fundador de OpenAI.

Altman ha escrito sobre la influencia que Nick Bostrom, fundador del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford y "padre" del pensamiento del largo plazo, ha tenido en él y en su trabajo. En su blog, Altman califica el libro de Bostrom Superinteligencia como "lo mejor que he visto" sobre el tema del riesgo de la IA. Según Anders Sandberg, investigador principal del Instituto del Futuro de la Humanidad, OpenAI llegó a contratar a empleados de dicho instituto.

Aunque Altman dice no identificarse con el movimiento largoplacista, comparte muchas de sus fijaciones apocalípticas. "Mi problema es que cuando mis amigos se emborrachan hablan de cómo se acabará el mundo", dijo Altman a The New Yorker en 2016. Continuó describiendo su estilo de vida, que incluía un alijo de "armas, oro, yoduro de potasio, antibióticos, baterías, agua, máscaras de gas de la Fuerza de Defensa Israelí y un gran pedazo de tierra en Big Sur al que puedo volar" en el caso de un virus sintético letal o una guerra nuclear. La pandemia de coronavirus hizo realidad algunos de los peores temores de Altman. Durante las primeras semanas de encierro, cuenta a Business Insider que se refugió en casa desinfectando la compra hasta que su pareja se quejó una noche de que su comida olía como una piscina. "Dice que subestimamos enormemente el riesgo en la sociedad", explica el amigo inversor.

Es cauteloso, pero no demasiado temeroso de la singularidad, un evento en el que la tecnología avanza hasta una etapa en la que se escapa de la supervisión de la humanidad. En una entrada de blog de 2017, Altman escribió que la fusión de humanos y máquinas podría ayudar a nuestra especie a evitar una lucha de poder total. En una reciente aparición en el podcast de Lex Fridman, llegó incluso a pensar que la vida tal y como la conocemos podría estar ya contenida en un sistema informático. "Estoy dispuesto a creer que la conciencia es de algún modo el sustrato fundamental y que todos somos un sueño, una simulación o lo que sea", afirmó.

Altman dice a Business Insider que su pensamiento ha evolucionado desde aquellos posts. "Ahora estoy muy en el campo de la IA como herramienta, aunque creo que los humanos del futuro y la sociedad humana serán extremadamente diferentes y tenemos la oportunidad de ser reflexivos sobre cómo diseñar ese futuro".

En su artículo Eugenics and the Promise of Utopia through Artificial General Intelligence (Eugenesia y la promesa de utopía a través de la Inteligencia Artificial General), la científica en computación Timnit Gebru y el filósofo Émile P. Torres escriben que los intentos de Altman y otros de hacer realidad la IA generativa "y construir algo parecido a un dios" son "intrínsecamente inseguros". Dicen que Altman es una de las figuras clave que adoptan un nuevo conjunto de ideologías que denominan Tescreal (transhumanismo, extropianismo, singularitanismo, cosmismo, racionalismo, altruismo efectivo y largoplacismo). El movimiento se caracteriza por la consolidación del poder y las opiniones discriminatorias. Gebru y Torres instan a Altman y a otros a "abandonar este objetivo en favor de la construcción de sistemas bien definidos y con buenas perspectivas que den prioridad a la seguridad de las personas".

Altman parece no inmutarse ante tales críticas.

"Solo aquellos que conocían la precaución sin miedo... lograron sobrevivir. Solo la humanidad sobrevivió", reza una frase que tuiteó de The Gentle Seduction.

 

Puede que Sam Altman se haya ganado a Silicon Valley, pero ahora tiene la tarea más difícil de vender al resto del mundo sus visiones de la tecno-utopía. Altman, cuya madre declaró recientemente a The Wall Street Journal que llevaba 4 o 5años sin pisar un supermercado, ha sido el primero en reconocer sus carencias a la hora de relacionarse con el gran público.

Cuando Business Insider le pide que explique exactamente cómo podría cambiar la vida de un ciudadano medio gracias a la tecnología que está construyendo, solo ofrece algunas generalidades: la educación cambiará, la productividad aumentará y la ciencia se desarrollará más rápido que nunca. Al pedir que concrete, Altman se muestra evasivo. "Es un gran error subestimar lo que va a ocurrir. Creo que también es un error exagerar lo que sabemos que va a ocurrir", señala. 

Pero tendrá muchas oportunidades de perfeccionar sus mensajes. Después de años desarrollando sus proyectos al margen de los focos, ha empezado a llevar su espectáculo de gira. En enero viajó a Washington para disipar los temores de los legisladores sobre la IA. Esta primavera se ha mostrado inusualmente disponible para entrevistas en antena y revistas. Y este verano se embarcará en una gira mundial para escuchar a desarrolladores y usuarios del producto OpenAI.

Si todo esto está empezando a sonar un poco como una campaña política, puede que no sea una coincidencia. En 2017, Altman exploró casualmente la idea de postularse para gobernador de California. Ese mismo año, publicó un manifiesto político llamado The United Slate, en el que hacía hincapié en la "prosperidad a través de la tecnología", la "justicia económica" y la "libertad personal." Allí donde el gobierno carece de visión y eficacia(en el desarrollo de la vivienda, el UBI o las infraestructuras, por ejemplo) Altman cree que la tecnología puede ayudar a llenar ese vacío. Según Novendstern, su propuesta original para Worldcoin era "un experimento de redistribución no estatal".

Aunque sus ambiciones de presentarse a las elecciones parecen haberse desvanecido, Altman ha encontrado otras formas de ejercer influencia política. Ha sido uno de los emisarios más visibles de la tecnología en Washington, reuniéndose con miembros del gabinete y legisladores. Se ha mezclado con jefes de Estado y agencias gubernamentales en la reunión de Bilderberg, una cumbre extraoficial de construcción de la paz tan secreta que sus críticos la han comparado con un "gobierno mundial en la sombra". Espera que la tecnología se convierta en un tema central de las elecciones. Dijo que el hecho de que aún no lo haya hecho es "realmente jodido".

Eso no significa que respalde el tipo de tecnocracia que impulsan algunos de su cohorte, como Musk pagando 44.000 millones de dólares para hacerse con la "plaza de la ciudad digital" y Thiel promoviendo el movimiento "estado red" que propone ciudades autónomas como alternativa a las democracias centralizadas.

"No creo que OpenAI o cualquier otra empresa tecnológica deba tomar algunas de las decisiones que actualmente estamos en trayectoria de tomar. Algo así debería ser un proyecto gubernamental, y en otro momento de la historia de EEUU lo habría sido", explica Altman a Business Insider. (En sus inicios, OpenAI intentó, sin éxito, conseguir financiación pública). 

Altman expresa su esperanza de que los responsables políticos mundiales introduzcan "inmediatamente" un equivalente al Organismo Internacional de la Energía Atómica, un organismo de supervisión del ámbito nuclear, para supervisar los esfuerzos por formar IA potentes. 

Las inclinaciones políticas de Altman son, cuando menos, nebulosas. "Si me preguntan por un tema concreto, les diré exactamente lo que creo. Pero me parece muy extraño que reduzcamos las 25 o 30 cuestiones realmente importantes sobre las que la gente tiene una opinión a un único eje sobre el que tienes que trazar tu posición y que tienes que adoptar como un paquete. Eso nunca ha tenido sentido para mí", indica.

"'No creo que OpenAI ni ninguna otra empresa tecnológica deba tomar algunas de las decisiones que estamos en vías de tomar"

Ha donado de manera generosa a candidatos demócratas, e incluso asistió a una protesta en el Aeropuerto Internacional de San Francisco contra la prohibición de viajar de Donald Trump a varios países de mayoría musulmana. Sin embargo, también posee armas, desconfía de las instituciones educativas y a menudo habla de la importancia de la responsabilidad personal. (Al preguntarle sobre las armas, Altman dice a Business Insider que se había "alegrado de tener una las 2 veces que entraron a robar en mi casa mientras estaba allí"). En un artículo publicado en 2021 en el New York Times, Altman se identificó como seguidor de Slate Star Codex, un blog y centro online de la comunidad "racionalista", que cree en la evaluación de la toma de decisiones sin tener en cuenta la imparcialidad o los sentimientos. En la entrevista, Altman respaldaba la creencia de que la vigilancia del lenguaje racista y sexista por parte de la "mafia de Internet" dificultaba la innovación de los empresarios.

El CEO de OpenAI declaró recientemente a Lex Fridman que cree firmemente en la idea de "levantar el suelo y no preocuparse por el techo", y explicó a Business Insider que nuestra futura abundancia debería dar derecho a todos, como mínimo, a una vida de clase media. ("De los que están en el techo ya nos ocuparemos"). Los primeros inversores en la fiesta de Worldcoin formaban parte de un pequeño grupo de iniciados dispuestos a poseer el 20% de una nueva criptodivisa mundial tras su lanzamiento.

En cualquier caso, la reputación de Altman en el Valle sigue siendo la de un liberal de corazón sangrante. En abril, Musk se perfiló una vez más como el enemigo de Altman, presentando planes para un chatbot llamado TruthGPT, la versión opuesta de ChatGPT.

Elon Musk y Altman cofundaron OpenAI en 2015, pero desde entonces han discrepado públicamente sobre la dirección que debe tomar el desarrollo de la IA.
Elon Musk y Altman cofundaron OpenAI en 2015, pero desde entonces han discrepado públicamente sobre la dirección que debe tomar el desarrollo de la IA.

Michael Kovac/Getty Images

Poco antes de anunciar su proyecto de IA, Musk también fue uno de los más de 1.000 firmantes de la carta abierta que pedía una pausa en el desarrollo de la IA. "Estas decisiones no deben delegarse en líderes tecnológicos no elegidos", decía la carta. 

Altman se ríe cuando Business Insider le recuerda la frase: "Creo que es una cita mía. Lo creo de verdad. Creo que es muy importante. Tampoco creo que gobernar por carta abierta sea especialmente bueno".

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En un momento en que Silicon Valley no parecía encontrar inspiración más allá de las aplicaciones de reparto, los filtros para perros y los patinetes eléctricos, Altman llegó como un profeta, anunciando una nueva era de progreso que (según él) es similar al descubrimiento del fuego o la invención de la rueda. El inversor Ron Conway ha descrito ChatGPT como "muy posiblemente el invento más significativo de nuestros tiempos. Hemos pasado por la era del PC. La era de las búsquedas en Google. La era de las redes sociales. La era de Amazon. Pero esta, esta, las supera a todas", afirma Conway.

Altman es un ávido jugador de póker (y de los buenos), pero no todo el mundo quiere que se juegue con su vida cotidiana. La perspectiva de tanta disrupción ya ha empezado a sumir a la sociedad en una crisis existencial, con gente preguntándose a quién beneficiarán realmente estos cambios y quién se convertirá en un daño colateral. Distinguir entre lo que es real y lo que es falso, y decidir qué partes de nuestras vidas no estamos dispuestos a ceder a las máquinas, se ha convertido en algo tan comúnmente discutido como el tiempo.

Sin embargo, la idolatría de Altman está en su apogeo: tiene el apoyo de personalidades como Bill Gates y 1,6 millones de seguidores en Twitter pendientes de cada una de sus palabras. Altman ya no es solo uno más en Silicon Valley: es un nombre familiar. Su ascenso ha adquirido el tenor de un mito griego. ¿Es una exageración? ¿Es producto de aduladores que intentan ganarse el favor del hombre más poderoso del Valle? ¿Un relato heroico proyectado sobre un hombre que nunca lo pidió? Khosla, el inversor de capital riesgo, advierte que los buenos tiempos terminarán. "Cuando todo el mundo te quiere y todos los periodistas te llaman, es hora de ser prudente", afirma.

A lo largo de los años, ha circulado una historia sobre Altman en la que el piloto de un avión privado quedó incapacitado y el CEO de OpenAI tomó los mandos y llevó a todos sanos y salvos a tierra. Al preguntarle al respecto, Altman dice lo siguiente a Business Insider en un correo electrónico: "Puedo adivinar de qué se trata; estas historias se inflan alocadamente a lo largo de los años en que se vuelven a contar. La verdad sobre esa es, como poco, aburrida". 

Pero, como probablemente ya sabe Altman, una vez que sus historias y tecnologías salen de sus manos, es cuestión de tiempo que se conviertan en algo irreconocible.

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