Cómo afectará a la economía el veto a la energía rusa, según el Banco de España

Vladímir Putin, presidente de Rusia, en una foto de archivo.
Vladímir Putin, presidente de Rusia, en una foto de archivo.

REUTERS/RIA Novosti

El Viejo Continente sufre un auténtico dilema. Su principal proveedor de energía ahora es también el causante de una guerra de consecuencias devastadoras a las puertas de Europa.

La dependencia energética que tiene Europa de Rusia es un arma de doble filo. En cualquier momento, Rusia podría cortar el suministro de gas o de petróleo (aunque es poco probable, porque es una dependencia mutua: la economía rusa cuelga de las compras energéticas europeas). 

Rusia, he hecho, ya ha cortado el suministro de gas a varios países europeos por no abonar las últimas facturas en rublos. Países bajos ha sido hoy el último país en sufrir el corte.

Pero la realidad es que es más probable que sea la UE la que reduzca su dependencia de Rusia, por un doble motivo, ético y económico. El primero, porque está en tela de juicio la moralidad de comprarle energía al causante de la guerra. El segundo, porque la crisis ha dejado patente que la UE debería diversificar sus fuentes energéticas.

Los países europeos, de hecho, ya han empezado a dar pasos en esta dirección. A las sanciones anunciadas contra Rusia en los últimos meses se suma el acuerdo alcanzado hoy por los líderes europeos para vetar las compras de petróleo a Rusia por barco. 

Los líderes de los 27 han pactado hoy un veto parcial a las compras de petróleo ruso por vía marítima, que constituyen dos tercios de las importaciones de crudo. El objetivo es, para finales de año, haber embargado el 90% de las compras de crudo a Rusia.

Un cierre comercial entre Rusia y la Unión Europea es un escenario más que probable. Pero, ¿qué le pasaría a la economía?

"Una interrupción de las importaciones de energía procedentes de Rusia podría tener un impacto significativo sobre la economía española", avisa el Banco de España en un informe publicado hoy.

La dificultad para sustituir dichos productos a corto plazo "supondría una reducción en la oferta de energía y un agravamiento del actual episodio inflacionista, lo que implicaría, por ambas vías, un lastre para la actividad económica".

España: menos PIB y más inflación

En España, una suspensión de las compras de energía a Rusia se traduciría, en pocas palabras, en menos PIB y más inflación.

"El impacto estimado de una suspensión de las importaciones energéticas rusas sobre la economía española supondría una reducción del PIB de entre un 0,8% y un 1,4% y un aumento de la inflación de entre 0,8 puntos porcentuales y 1,2 en el primer año", explica el Banco de España.

Aunque el informe ofrece horquillas estimativas, precisa que el escenario más probable sería una reducción del PIB del 1,1% y un aumento de 0,9 puntos porcentuales de la inflación.

Italia, Alemania y Francia, las que más sufrirían

Pero el impacto sería superior en otras partes de Europa. Para el conjunto de la UE el retroceso estaría entre el 2,5% y el 4,2%, de media, muy por encima de lo estimado para España, mientras que la inflación podría subir entre 1,6 y 2,7 puntos porcentuales más.

Las consecuencias "serían significativamente mayores en las tres principales economías del área del euro —Alemania, Italia, Francia— y en los países del este de Europa, debido a su mayor dependencia energética de Rusia". 

En particular, la caída del PIB se situaría entre un 1,9% y un 3,4% para Alemania, un 1,2% y un 2% para Francia, y un 2,3% y un 3,9% para Italia. 

España es, junto con Portugal, el país que compra menos gas y menos petróleo a Rusia. Mientras que la UE compra el 18% de gas y carbón y el 9% del petróleo que consume a Rusia, España importa de Rusia el 3% y el 2,5%, respectivamente.

Por eso mismo, aunque esté entre las economías que impusieron sanciones a Rusia, si el Kremlin decidiera tomar represalias o Europa detuviera las compras, España se vería menos expuesta.

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La energía, el talón de Aquiles de Europa

El problema es que precisamente la energía es el talón de Aquiles de Europa. El 72% de las compras de la UE a Rusia son productos energéticos.

No obstante, el informe aclara que no tendría el mismo impacto un parón de las compras de petróleo que de gas. Europa depende menos de Rusia en petróleo que en gas (el 9% del crudo que consume se lo compra a Rusia, frente al 18% del gas). 

Además, cuando hablamos de comprar petróleo a otros países, hay más peces en el mar, mientras que "las alternativas para reemplazar las importaciones de gas natural ruso son más escasas". Esta es la razón por la que Bruselas ha optado antes por vetar las compras de crudo que las de otras fuentes energéticas.

Transporte e industria, los sectores más golpeados

"Los sectores más afectados en España serían aquellos más intensivos en el uso de energía, como son el transporte, la industria de metales básicos o la industria química", avisa el informe.

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Las ramas de la economía española que sufrirían una caída más acusada de su producción serían algunas de las que hacen un consumo de energía más intensivo, como el transporte, las manufacturas pesadas o la industria química. 

El sector inmobiliario resistirá mejor

En el otro extremo, observa el organismo, "se situarían algunas ramas de servicios, como las inmobiliarias, cuya actividad apenas se vería afectada". 

Pero más allá del impacto directo de la suspensión de compras, hay un peligro extra, y es que los efectos de unos sectores contagien a otros, y se propaguen a través de las cadenas de producción. 

Si el sector del transporte sufre un aumento todavía mayor de costes, la onda expansiva terminaría extendiéndose al resto de sectores que dependen del transporte: logística, suministros de todo tipo (hostelería, alimentos), turismo...

"Por este motivo, el aumento de costes en algunos sectores con un papel central en las cadenas productivas, como, por ejemplo, el transporte o la industria química, repercutirá también sobre el resto de las ramas", advierte el Banco de España.

Una onda expansiva a través de Europa podría golpear a España

Pero hay incluso actividades que podrían verse golpeadas por lo que ocurre en otros países europeos. "Algunos sectores de la economía española, como la fabricación de vehículos o la producción farmacéutica, tienen un alto nivel de dependencia de sus clientes y proveedores situados en otros países de la UE", señala el informe. 

Estos sectores se verían expuestos de manera indirecta a las limitaciones de producción en el resto de los países debidas a las restricciones energéticas. Si fabricación de vehículos en Alemania sufre dificultades, esto afectaría a la producción de componentes para automóvil en España, por ejemplo.

De hecho, en torno a la mitad de la caída del PIB estimada para España como consecuencia del cese de importaciones energéticas con origen en Rusia se debería precisamente a este impacto a través de los flujos comerciales con el resto de los países de la UE.

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