La puja del 5G podría ser más cara de lo que esperan Telefónica, Vodafone u Orange

Tecnología 5G: ventajas y desventajas

Rafael Marchante/Reuters

La próxima subasta del 5G va a ser trascendental para el futuro desarrollo de estas nuevas redes. La puja por los 700 Mhz (megahercios) que se celebrará, previsiblemente, el próximo mes de marzo  — sufrió un retraso en el calendario como consecuencia de la pandemia —  amenaza con alcanzar precios desorbitados si terminan asistiendo más invitados de los esperados a la fiesta.

Telefónica, Vodafone y Orange saben que la demanda, es decir, el número de participantes que pujen por espectro, es un factor que puede alterar el precio al alza, generando inflación. En otros países de Europa han irrumpido en la puja participantes inesperados u outsiders (United Internet en Alemania o Iliad en Italia) que han terminado empujando el precio del megahercio al alza.

Es un fantasma que puede aparecer en esta subasta y que las fuentes del mercado consultadas confían en que no suceda a tenor de las condiciones marcadas en la consulta pública, con la exigencia de fuertes avales, criterios de solvencia y serios compromisos de cobertura. Pero las condiciones siguen pudiendo recibir alegaciones de los interesados, por lo que podrían cambiar en las próximas semanas.

De acuerdo a la documentación consultada, el Gobierno plantea de momento un mínimo de facturación que supondría una limitación muy fuerte para que algunos operadores se presentaran. Un caso es el del operador Digi, que crece a ritmo vertiginoso en España gracias a su modelo low cost y que no deja de engordar su negocio a base de robar clientes a la competencia en las portabilidades móviles. Su cifra de negocio en el mercado nacional ronda los 193 millones de euros (datos de 2019).

El requisito de una cifra mínima de negocio ya ha provocado enfrentamientos en el pasado. Ese mínimo de facturación se ha exigido en anteriores subastas de frecuencias —concretamente para las bandas de entre los 3,6 y 3,8 gigahercios (Ghz)— y ha terminado siendo denunciado ante la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) por los operadores locales, quienes no lo alcanzan.

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También hay que analizar el fenómeno de Euskaltel. La compañía vasca lleva meses expandiéndose por todo el territorio nacional con la marca Virgin. Su fórmula también es la de precios bajos, sobre todo en el segmento móvil. Pese a que su consejero delegado no ha descartado acudir a la subasta ni tampoco lo ha confirmado: “Nunca descartamos nada, lo estudiamos todo”, dijo en agosto. Hasta este viernes no quiso contestar a las preguntas Economía Digital.

Lo cierto es que las fuentes del mercado apuntan a que la firma vasca tendría muy pocas razones para pujar. Su rendimiento en el mercado comercial sigue siendo pobre si se comparan sus datos de captación con el fuerte desembolso que está llevando a cabo en marketing y publicidad para dar a conocer su nueva enseña. A ello se suma su alto endeudamiento y el fracaso en la venta de su red de cable, necesaria para acometer nuevas inversiones.

Caso distinto sería el de MásMóvil. El cuarto operador ya pujó de manera moderada en la subasta de 2018 y tiene algo de espectro. Además, su acuerdo de redes con Orange a través del canal mayorista (toma su cobertura allí donde no llega) le lleva a tener una posición cómoda.

La importancia del 5G y el precio de la subasta

El despliegue del 5G Stand Alone  — ahora mismo se comercializa un 5G que no es real —  supondrá una revolución en las comunicaciones: la latencia será mínima, el tiempo de descarga se reducirá muchísimo y podrán conectarse a la red muchos más dispositivos, lo que ayudará a desarrollar el internet de las cosas.

Es por eso que Telefónica, Orange y Vodafone lo tienen claro: cada euro que se vaya de más en la compra de espectro significará un euro menos para el futuro despliegue de la red. Entienden que el Gobierno debe ser inteligente y entender que el precio de salida debe rebajarse, una alegación a la que el Ejecutivo ha contestado estar estudiando.

Y es que las tres grandes operadoras, que tienen vocación industrial y de largo plazo, insisten en que las cuentas no salen si el afán recaudatorio del Gobierno se impone en esta subasta. El sector, como lleva recordándose desde hace tiempo, es deflacionario, si se compara la cifra de negocio actual con la de hace siete años.

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Ante estas advertencias, el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Roberto Sánchez, afirmó que “si como consecuencia del estudio vemos que los argumentos presentados (para bajar el precio) tienen mérito suficiente, se reconsiderará”. El secretario de Estado también recordó que las subastas “no son caras o baratas en sí, sino que salen a un precio y a partir de ahí el mercado determina su valor”.

La idea del Ejecutivo es marcar un precio de salida en la subasta de 1.170 millones de euros. Los 700 mhz a subastar se dividirán en 8 bloques y tendrán un periodo de concesión de 20 años. No hay que olvidar que estos 700 mhz por los que pujarán las operadoras son las frecuencias utilizadas por los canales de Televisión Digital Terrestre (TDT) y reordenadas meses atrás para dejar el paso libre al despliegue del 5G.

 

 

 Artículo original de Economía Digital

 

 

 

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